martes, 25 de julio de 2017

25/07 - Traslación de las reliquias del Apóstol Santiago a Compostela (La Coruña, Galicia)


El Breviario de los Apóstoles ubica el enterramiento de Santiago en el Arca Marmórica, pero se sabe por los Hechos de los Apóstoles que Santiago murió en Jerusalén bajo el mandato de Herodes; por lo tanto, tuvo que existir una traslación del cuerpo.

El primer texto que habla de ello es una epístola sin fechar que aparece en el momento oportuno. Se atribuye a León, obispo de Jerusalén, y se dirige a francos, vándalos, visigodos y ostrogodos y, por tanto, se puede situar en torno al año 500. Se habla de 4 puntos geográficos de importancia:

1. Iria-Padrón, sede episcopal
.
2.Monte Sacro o Illicino.

3. Jerusalén, lugar de la muerte de Santiago.

4. Arcis Marmoricis, lugar del sepulcro.

Cuenta el obispo León en dicha epístola que durante la celebración de un sínodo se le presentaron 4 de los 7 discípulos de Santiago. Habían recogido el cadáver del Apóstol y lo habían transportado en una nave guiada por la mano de Dios. Llegaron a Bisria, confluencia del Ulla y Sar, en Galicia; fueron siete días de navegación y llegaron 400 años después.

En la última frase de la carta, León exhorta a la Cristiandad a acudir allí y orar porque "Ciertamente allí yace oculto Santiago."

Las noticias de la epístola de León pasaron en seguida a los martirologios que circulaban por todo Occidente. En el siglo IX, en las anotaciones correspondientes al 25 de julio se lee el párrafo siguiente: "Natividad de Santiago. Sus sagrados huesos, trasladados a España y sepultados en sus regiones occidentales, son objeto de una celebérrima veneración."

Los detalles de la ubicación del cuerpo de Santiago vinieron después de conocida la existencia de la epístola de León.

Se contaba que los discípulos sacaron el cuerpo de la barca y lo colocaron sobre una gran losa, que con el peso y como si fuese cera derretida, se transformó en un sepulcro. Después de muchas dificultades pusieron el sarcófago en una carreta tirada por bueyes que se detuvieron en un lugar llamado Pico Sacro. Colocaron las reliquias en un arca de mármol, "Arca Marmórica", y construyeron una pequeña iglesia.

Alrededor del año 813, en tiempos del Rey de Asturias Alfonso II el Casto, un ermitaño cristiano llamado Paio (Pelayo) le dijo al obispo gallego Teodomiro, de Iria Flavia (España), que había visto unas luces merodeando sobre un monte deshabitado. Hallaron una tumba donde se encontraba un cuerpo decapitado con la cabeza bajo el brazo. El rey Alfonso ordenó construir una iglesia encima del cementerio (compositum), origen de la Catedral de Santiago de Compostela («Santo Jacob del compositum»). Otros sostienen que la palabra Compostela proviene de 'campus stellae', «campo de las estrellas», debido a las luces que bailoteaban sobre el cementerio.


Fuente: Wikipedia

domingo, 23 de julio de 2017

VII Domingo de Mateo. Lecturas de la Divina Liturgia


Rm 15,1-7: Nosotros, los fuertes, debemos sobrellevar las flaquezas de los débiles y no buscar nuestro propio agrado. Que cada uno de nosotros trate de agradar a su prójimo para el bien, buscando su edificación; pues tampoco Cristo buscó su propio agrado, antes bien, como dice la Escritura: Los ultrajes de los que te ultrajaron cayeron sobre mi. En efecto todo cuanto fue escrito en el pasado, se escribió para enseñanza nuestra, para que con la paciencia y el consuelo que dan las Escrituras mantengamos la esperanza. Y el Dios de la paciencia y del consuelo os conceda tener los unos para con los otros los mismos sentimientos, según Cristo Jesús, para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. Por tanto, acogeos mutuamente como os acogió Cristo para gloria de Dios.

Mt 9,27-35: Cuando Jesús se iba de allí, al pasar le siguieron dos ciegos gritando: «¡Ten piedad de nosotros, Hijo de David!» Y al llegar a casa, se le acercaron los ciegos, y Jesús les dice: «¿Creéis que puedo hacer eso?» Dícenle: «Sí, Señor.» Entonces les tocó los ojos diciendo: «Hágase en vosotros según vuestra fe.» Y se abrieron sus ojos. Jesús les ordenó severamente: «¡Mirad que nadie lo sepa!» Pero ellos, en cuanto salieron, divulgaron su fama por toda aquella comarca. Salían ellos todavía, cuando le presentaron un mudo endemoniado. Y expulsado el demonio, rompió a hablar el mudo. Y la gente, admirada, decía: «Jamás se vio cosa igual en Israel.» Pero los fariseos decían: «Por el Príncipe de los demonios expulsa a los demonios.» Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia.

sábado, 15 de julio de 2017

Domingo de los Santos Padres del IV Concilio Ecuménico. Lecturas de la Divina Liturgia


Tit 3,8-15: Esta es una doctrina digna de la fe, y quiero que en este punto seas categórico, para que aquellos que han puesto su fe en Dios procuren destacarse por sus buenas obras. Esto sí que es bueno y provechoso para los hombres. Evita, en cambio, las investigaciones insensatas, las genealogías, las polémicas y las controversias sobre la Ley: todo esto es inútil y vano. En cuanto a los que crean facciones, después de una primera y segunda advertencia, apártate de ellos: ya sabes que son extraiados y pecadores que se condenan a sí mismos. Cuando te mande a Artemás o a Tíquico, trata de ir a mi encuentro en Nicópolis, porque es allí donde he decidido pasar el invierno. Toma todas las medidas necesarias para el viaje del abogado Zenas y de Apolo, a fin de que no les falte nada. Los nuestros deben aprender a destacarse por sus buenas obras, también en lo que se refiere a las necesidades de este mundo: de esa manera, su vida no será estéril. Recibe el saludo de todos los que están conmigo. Saluda a aquellos que nos aman en la fe. La gracia del Señor esté con todos ustedes.

Mt 5,14-19: Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña. Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa. Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo. No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice. El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos.

La figura del Padre Espiritual en la tradición ortodoxa


Aunque el confesor es una figura bien conocida entre los católicos de Occidente, la tradición de los padres espirituales es ciertamente menos conocida y establecida en nuestras tierras que en Oriente. ¿Quién es el starets, esta figura fascinante que puebla las novelas de Dostoyevski y el monte Athos?

Un starets… ¿para qué?

El término ruso “starets” designa ante todo a un hombre anciano, y la imagen icónica de un viejo monje de larga barba blanca y vestido por completo de negro no está muy desencaminada.

Es un personaje central de la tradición ortodoxa, por lo general un monje reconocido por su gran sabiduría y su experiencia y a quien las personas, peregrinos e “hijos espirituales” acuden para conocer “el amor que guía”, según menciona el padre Séraphim de Valaam.

Aunque no es necesariamente el confesor de aquellos a quienes guía, el starets es ante todo un hombre de una gran experiencia espiritual.

Siluan el Athonita concebía la dirección espiritual de un padre como una necesidad imperiosa: “No inicies tu vida de oración sin un padre espiritual; no pienses desde tu orgullo que puedes arreglártelas solo, incluso con libros”.

El padre espiritual es la garantía de humildad de aquellos a quienes guía y, por tanto, de su progresión. Y es que el cristianismo oriental ha permanecido profundamente influido por la tradición hesicasta, que trata de conocer la paz del alma en la intimidad de Dios al término de un largo camino espiritual. Es este camino sinuoso el que ya ha recorrido el starets, como un explorador, deshaciéndose poco a poco de todas las consideraciones mundanas para permitir actuar al Espíritu Santo, por él y también por el beneficio de los demás.

Así pues, el starets es un intermediario a través de quien el Espíritu se dirige a quienes piden socorro y consuelo. Por eso, su vida es ante todo una vida intensa de oración. En su enseñanza y su consejo, el starets revela tanto la lección de su experiencia como el producto de su oración. En la oración auténtica, la del corazón, el padre espiritual obtiene el amor verdadero, el amor evangélico, la caridad indispensable en su relación con el prójimo.

Cultiva la riqueza espiritual de la vida monástica para entregar una pizca de su precioso fruto a quienes viven en el mundo. Establece, pues, un vínculo crucial para la vida espiritual de los fieles, entre el mundo distante y recluido del monasterio y el mundo de los “seglares”. La famosa obra anónima Relatos de un peregrino ruso pone de relieve una función distinguida del starets, que es la de desmitificar la vida cristiana y la obra de los Padres de la Iglesia. Así, el starets indica al peregrino —y a través de él al lector— los pasajes de los Evangelios a los que recurrir para aprender a rezar, los de estudio prioritario en la Filocalia, etc.

Pero si la figura del starets resplandece hasta el punto de ser un personaje central de Los hermanos Karamazov, de Dostoyevski, es porque está asociada a un carisma particular, sobre todo a la capacidad de discernir las necesidades propias de cada uno, fruto de un gran conocimiento del alma humana y de sus sufrimientos.

Son muchos los escritos que evocan los rostros juveniles y refulgentes de estos ancianos. El starets logra llevar consigo la impronta del amor en el que vive, porque no es un director autoritario ni cruel. El archimandrita ortodoxo francés Syméon Cossec afirma que debe ser como “el icono” de Cristo compasivo y sanador.

De modo que es exactamente lo contrario de un severo director de conciencia, frío y distante. En la relación con sus hijos espirituales, el staretsadmite cargar sobre sí sus faltas para hacerles crecer, y así cumple su misión sacerdotal.

La relación con un starets debe pues concebirse como una forma de experimentar la acción del Espíritu, así como de aprender de la experiencia de un “viejo sabio” que ya ha pasado por las duras pruebas de la vida espiritual.

Es un faro, y muchos de ellos, a veces taumaturgos, han sido canonizados en la Iglesia ortodoxa. Así descubrimos los linajes de padres espirituales: san Silouan del Monte Athos tuvo al starets Sofroni como discípulo e hijo espiritual, que a su vez guió a muchos más monjes en vida que se convirtieron también en starets.

Los padres espirituales de Oriente perpetúan y renuevan de esta manera una tradición viva que, más allá del mito, es una realidad esencial de la vida espiritual.


Fuente: Aleteia (Adaptación propia del título)