viernes, 28 de junio de 2013

Domingo de Todos los Santos. Lecturas de la Divina Liturgia

 
1 Cor 4,9-16: Pienso que a nosotros, los Apóstoles, Dios nos ha puesto en el último lugar, como condenados a muerte, ya que hemos llegado a ser un espectáculo para el mundo, para los ángeles y los hombres. Nosotros somos tenidos por necios, a causa de Cristo, y en cambio, vosotros sois sensatos en Cristo. Nosotros somos débiles, y vosotros, fuertes. Vosotros gozáis de prestigio, y nosotros somos despreciados. Hasta ahora sufrimos hambre, sed y frío. Somos maltratados y vivimos errantes. Nos agotamos, trabajando con nuestras manos. Nos insultan y deseamos el bien. Padecemos persecución y la soportamos. Nos calumnian y consolamos a los demás. Hemos llegado a ser como la basura del mundo, objeto de desprecio para todos hasta el día de hoy. No os escribo estas cosas para avergonzaros, sino para reprenderos como a hijos muy queridos. Porque, aunque tengáis diez mil preceptores en Cristo, no tenéis muchos padres: soy yo el que os ha engendrado en Cristo Jesús, mediante la predicación de la Buena Noticia. Os ruego, por lo tanto, que sigáis mi ejemplo.
 
 
Mt 10,32-33; 37-38; 19,27-30: Al que me reconozca abiertamente ante los hombres, yo los reconoceré ante mi Padre que está en el cielo. Pero yo renegaré ante mi Padre que está en el cielo de aquel que reniegue de mí ante los hombres. El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí. Pedro, tomando la palabra, dijo: "Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. ¿Qué nos tocará a nosotros?". Jesús les respondió: "Os aseguro que en la regeneración del mundo, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, vosotros, que me habéis seguido, también os sentaréis en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y el que a causa de mi Nombre deje casa, hermanos o hermanas, padre, madre, hijos o campos, recibirá cien veces más y obtendrá como herencia la Vida eterna. Muchos de los primeros serán los últimos, y muchos de los últimos serán los primeros".

viernes, 21 de junio de 2013

Sábado de las Almas. Lecturas de la Divina Liturgia

 
Tes 4,13-17: No queremos, hermanos, que viváis en la ignorancia acerca de los que ya han muerto, para que no estéis tristes como los otros, que no tienen esperanza. Porque nosotros creemos que Jesús murió y resucitó: de la misma manera, Dios llevará con Jesús a los que murieron con él. Queremos deciros algo, fundados en la Palabra del Señor: los que vivamos, los que quedemos cuando venga el Señor, no precederemos a los que hayan muerto. Porque a la señal dada por la voz del Arcángel y al toque de la trompeta de Dios, el mismo Señor descenderá del cielo. Entonces, primero resucitarán los que murieron en Cristo. Después nosotros, los que aún vivamos, los que quedemos, serenos llevados con ellos al cielo, sobre las nubes, al encuentro de Cristo, y así permaneceremos con el Señor para siempre.
 
Jn 21,14-25: Esta fue la tercera vez que Jesús resucitado se apareció a sus discípulos. Después de comer, Jesús dijo a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?». El le respondió: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Jesús le dijo: «Apacienta mis corderos». Le volvió a decir por segunda vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?». El le respondió: «Sí, Señor, saber que te quiero». Jesús le dijo: «Apacienta mis ovejas». Le preguntó por tercera vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?». Pedro se entristeció de que por tercera vez le preguntara si lo quería, y le dijo: «Señor, tú lo sabes todo; sabes que te quiero». Jesús le dijo: «Apacienta mis ovejas. Te aseguro que cuando eras joven tú mismo te vestías e ibas a donde querías. Pero cuando seas viejo, extenderás tus brazos, y otro te atará y te llevará a donde no quieras». De esta manera, indicaba con qué muerte Pedro debía glorificar a Dios. Y después de hablar así, le dijo: «Sígueme». Pedro, volviéndose, vio que lo seguía el discípulo al que Jesús amaba, el mismo que durante la Cena se había reclinado sobre Jesús y le había preguntado: «Señor, ¿quién es el que te va a entregar?». Cuando Pedro lo vio, preguntó a Jesús: «Señor, ¿y qué será de este?». Jesús le respondió: «Si yo quiero que él quede hasta mi venida, ¿qué importa? Tú sígueme». Entonces se divulgó entre los hermanos el rumor de que aquel discípulo no moriría, pero Jesús no había dicho a Pedro: «El no morirá», sino: «Si yo quiero que él quede hasta mi venida, ¿qué te importa?». Este mismo discípulo es el que da testimonio de estas cosas y el que las ha escrito, y sabemos que su testimonio es verdadero. Jesús hizo también muchas otras cosas. Si se las relata detalladamente, pienso que no bastaría todo el mundo para contener los libros que se escribirían.

sábado, 15 de junio de 2013

Domingo de los Santos Padres del I Concilio Ecuménico. Lecturas de la Divina Liturgia



Hech. 20,16-18.28-36: Pablo había resuelto pasar de largo por Éfeso, para no perder tiempo en Asia. Se daba prisa, porque quería estar, si le era posible, el día de Pentecostés en Jerusalén. Desde Mileto envió a llamar a los presbíteros de la Iglesia de Éfeso. Cuando llegaron donde él, les dijo: «Vosotros sabéis cómo me comporté siempre con vosotros, desde el primer día que entré en Asia, «Tened cuidado de vosotros y de toda la grey, en medio de la cual os ha puesto el Espíritu Santo como vigilantes para pastorear la Iglesia de Dios, que él se adquirió con la sangre de su propio hijo. «Yo sé que, después de mi partida, se introducirán entre vosotros lobos crueles que no perdonarán al rebaño; y también que de entre vosotros mismos se levantarán hombres que hablarán cosas perversas, para arrastrar a los discípulos detrás de sí. Por tanto, vigilad y acordaos que durante tres años no he cesado de amonestaros día y noche con lágrimas a cada uno de vosotros. «Ahora os encomiendo a Dios y a la Palabra de su gracia, que tiene poder para construir el edificio y daros la herencia con todos los santificados. «Yo de nadie codicié plata, oro o vestidos. Vosotros sabéis que estas manos proveyeron a mis necesidades y a las de mis compañeros. En todo os he enseñado que es así, trabajando, como se debe socorrer a los débiles y que hay que tener presentes las palabras del Señor Jesús, que dijo: Mayor felicidad hay en dar que en recibir.» Dicho esto se puso de rodillas y oro con todos ellos.

Jn. 17,1-13: Así habló Jesús, y alzando los ojos al cielo, dijo: «Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti. Y que según el poder que le has dado sobre toda carne, dé también vida eterna a todos los que tú le has dado. Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar. Ahora, Padre, glorifícame tú, junto a ti, con la gloria que tenía a tu lado antes que el mundo fuese. He manifestado tu Nombre a los hombres que tú me has dado tomándolos del mundo. Tuyos eran y tú me los has dado; y han guardado tu Palabra. Ahora ya saben que todo lo que me has dado viene de ti; porque las palabras que tú me diste se las he dado a ellos, y ellos las han aceptado y han reconocido verdaderamente que vengo de ti, y han creído que tú me has enviado. Por ellos ruego; no ruego por el mundo, sino por los que tú me has dado, porque son tuyos; y todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío; y yo he sido glorificado en ellos. Yo ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros. Cuando estaba yo con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me habías dado. He velado por ellos y ninguno se ha perdido, salvo el hijo de perdición, para que se cumpliera la Escritura. Pero ahora voy a ti, y digo estas cosas en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría colmada.

jueves, 13 de junio de 2013

La Asamblea Episcopal Ortodoxa de España y Portugal

 
En España, al igual que en el resto del mundo occidental -la "diáspora"-, la Iglesia Ortodoxa está presente a través de diferentes Patriarcados que se solapan jurisdiccionalmente, lo que crea una situación canónicamente irregular pero comúnmente aceptada como un hecho consumado. Para remediar este problema, y hasta que se pueda llegar al establecimiento de Iglesias Ortodoxas locales presididas por un único jerarca, en 2009 las diferentes iglesias canónicas firmaron los Acuerdos de Chambésy (Suiza), que preveían la creación de Asambleas Episcopales en una serie de regiones previamente definidas en las cuales estuvieran representados todos los obispos cuya jurisdicción abarcara esos territorios.
 
Así nació la Asamblea Episcopal Ortodoxa de España y Portugal en el mes de enero de 2010, con el objetivo de facilitar la organización eclesiástica de cara a la representación de los ortodoxos y sus comunidades ante el Estado y la sociedad. Se trata, por tanto, del interlocutor oficial de los ortodoxos en la Península Ibérica (España y Portugal con sus islas y plazas de soberanía africanas, más Andorra y Gibraltar).
 
El acto de presentación pública tuvo lugar un año después en la Santa Iglesia Catedral de los Santos Andrés y Demetrio, en la madrileña calle Nicaragua. Tras una visita a la catedral y el rezo del Padre Nuestro, el Metropolita Policarpo, Presidente 'ex officio' de la Asamblea, ofreció su "modesta pero bella sede" a todas las confesiones presentes en el acto. El prelado ortodoxo, que estuvo antes destinado en Italia, reconoció que en España se encontró con un "clima poco desarrollado ecuménicamente", y prometió hacer todo lo que estuviera en su mano para potenciar el ecumenismo real y práxico. "Tenemos que anunciar a Cristo, el único salvador del mundo, en una sociedad que cada vez se aleja más de la fe", explicó el Arzobispo Policarpo. Y es que, a su juicio, "vivimos tiempos apocalípticos" y, para hacerles frente, es ineludible unirse.
 
El Metropolita también aseguró que "la Iglesia está en crisis" , lo que se notaría, a su juicio, en que "ya no produce Basilios, Gregorios o Crisóstomos". Por eso, las Iglesias tienen que unirse entre sí y con el Estado, pues ambos cuerpos "tienen los mismos objetivos: el pueblo. Sólo que la Iglesia les llama feligreses, y el Estado, ciudadanos".
 
El Metropolita negó la visión que tienen los occidentales de la Ortodoxia. "Creen que nosotros estamos divididos, pero no es verdad. Hay una sola Iglesia ortodoxa, unida en la fe, en los sacramentos, en los cánones y en la sagrada tradición. La división es sólo administrativa y, además, vamos caminando hacia la Panortodoxia". Fruto de esa unión es, precisamente, la Asamblea Episcopal Ortodoxa de España y Portugal. Su objetivo es "mostrar a las demás Iglesia y al Estado una voz única de la Iglesia Ortodoxa".
 
El Padre Demetrio (Rogelio) Sáez Carbó, Archimandrita del Trono Ecuménico, en su calidad de secretario, fue el encargado de explicar los detalles de la configuración de la Asamblea Episcopal, integrada por el Metropolita Policarpo, del Patriarcado Ecuménico, como presidente; el Arzobispo Néstor, del Patriarcado de Moscú y Toda Rusia, como vicepresidente; el Obispo Lucas, del Patriarcado de Serbia; el Obispo Timoteo, del Patriarcado de Rumanía; y un prelado por designar del patriarcado de Bulgaria. La sede se fijó en las oficinas del Arzobispado Ortodoxo de España y Portugal en Madrid. Para formar parte de la Asamblea, las Iglesias canónicas deben cumplir con dos requisitos: tener representación -como mínimo, una parroquia- en los países y territorios ibéricos con autorización de su Iglesia Madre y estar inscritas en el Registro de Entidades Religiosas del Ministerio de Justicia.
 
Una vez constituida la Asamblea, su secretario envió una notificación a la Conferencia Episcopal Española (CEE) y a la Tarraconense. De la primera recibieron una lacónica contestación, firmada por su secretario, en la que se tomaba nota y se mostraba el deseo de "colaborar en asuntos de interés para ambas partes"; mucho más larga y afectuosa fue la contestación de la segunda, formada por los obispos católicos de Cataluña, que se alegraron con los hermanos ortodoxos y les ofrecieron todo el apoyo y la ayuda que necesitaran.
 
En los últimos años, la comunidad ortodoxa ha crecido de forma exponencial en la Península Ibérica. Se calcula que, en estos momentos, hay cerca de millón y medio de ortodoxos pertenecientes a los distintos Patriarcados. Signo de esa fuerza es que actualmente se está construyendo la catedral rumana de Madrid y se acaba de inaugurar el nuevo templo de la Iglesia Ortodoxa rusa de la misma capital.
 
 
Fuente: Religión Digital / Ortodoxia Digital

sábado, 1 de junio de 2013

Oficios del mes de junio en la Catedral de los Santos Andrés y Demetrio de Madrid



SÁBADO 1
Vísperas de Domingo   18.30

DOMINGO 2
DOMINGO DE LA MUJER SAMARITANA; San Nicéforo, Confesor
Maitines   09.30
Divina Liturgia   10.45

SÁBADO 8
Vísperas de Domingo   18.30

DOMINGO 9
DOMINGO DEL CIEGO; San Cirilo, Patriarca de Alejandría
Maitines   09.30
Divina Liturgia   10.45

MARTES 11
VIGILIA DEL FIN DEL TIEMPO PASCUAL
Grandes Vísperas de Pascua   21.00
Maitines de Pascua   22.00   
Divina Liturgia Pascual   23.00

MIÉRCOLES 12
Grandes Vísperas de la Ascensión   18.30

JUEVES 13
LA ASCENSIÓN DE NUESTRO SEÑOR
Maitines   9.30
Divina Liturgia   10.30
Sacramento del Oleo Santo   19.00

SÁBADO 15
Vísperas de Domingo   18.30

DOMINGO 16
SANTOS PADRES DEL I CONCILIO ECUMÉNICO
Maitines   09.30
Divina Liturgia   10.45

SÁBADO 22
SÁBADO DE LOS DIFUNTOS
Divina Liturgia   10.15
Conmemoración de los Difuntos   11.15
Vísperas de Domingo   18.30

DOMINGO 23
DOMINGO DE PENTECOSTÉS
Maitines   09.30
Divina Liturgia   10.45
Grandes Vísperas del Espíritu Santo   11.45

LUNES 24
LUNES DEL ESPÍRITU SANTO; LA NATIVIDAD DE S. JUAN BAUTISTA
Divina Liturgia   10.15     

SÁBADO 29
SANTOS APÓSTOLES PEDRO & PABLO
Divina Liturgia  10.15     
Vísperas de Domingo   18.30 

DOMINGO 30
DOMINGO DE TODOS LOS SANTOS; LOS SANTOS 12 APÓSTOLES
Maitines   09.30
Divina Liturgia   10.45


Fuente: Arzobispado Ortodoxo de España y Portugal (Patriarcado Ecuménico)

Domingo de la Samaritana. Lecturas de la Divina Liturgia



Hech 11,19-30: Mientras tanto, los que se habían dispersado durante la persecución que se desató a causa de Esteban, llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, y anunciaban la Palabra únicamente a los judíos. Sin embargo, había entre ellos algunos hombres originarios de Chipre y de Cirene que, al llegar a Antioquía, también anunciaron a los paganos la Buena Noticia del Señor Jesús. La mano del Señor los acompañaba y muchos creyeron y se convirtieron. Al enterarse de esto, la Iglesia de Jerusalén envió a Bernabé a Antioquía. Cuando llegó y vio la gracia que Dios les había concedido, él se alegró mucho y exhortaba a todos a permanecer fieles al Señor con un corazón firme. Bernabé era un hombre bondadoso, lleno de Espíritu Santo y de mucha fe. Y una multitud adhirió al Señor. Entonces partió hacia Tarso en busca de Saulo, y cuando lo encontró, lo llevó a Antioquía. Ambos vivieron todo un año en esa Iglesia y enseñaron a mucha gente. Y fue en Antioquía, donde por primera vez los discípulos recibieron el nombre de «cristianos». En esos días, unos profetas llegaron de Jerusalén a Antioquía. Uno de ellos, llamado Agabo, movido por el Espíritu, se levantó y anunció que el hambre asolaría toda la tierra. Esto ocurrió bajo el reinado de Claudio. Los discípulos se decidieron a enviar una ayuda a los hermanos de Judea, cada uno según sus posibilidades. Y así lo hicieron, remitiendo las limosnas a los presbíteros por intermedio de Bernabé y de Saulo.

Jn 4,5-42: Llegó a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca de las tierras que Jacob había dado a su hijo José. Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se había sentado junto al pozo. Era la hora del mediodía. Una mujer de Samaría fue a sacar agua, y Jesús le dijo: «Dame de beber». Sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos. La samaritana le respondió: «¡Cómo! ¿Tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?». Los judíos, en efecto, no se trataban con los samaritanos. Jesús le respondió: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: «Dame de beber», tú misma se lo hubieras pedido, y él te habría dado agua viva». «Señor, le dijo ella, no tienes nada para sacar el agua y el pozo es profundo. ¿De dónde sacas esa agua viva? ¿Eres acaso más grande que nuestro padre Jacob, que nos ha dado este pozo, donde él bebió, lo mismo que sus hijos y sus animales?». Jesús le respondió: «El que beba de esta agua tendrá nuevamente sed, pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más volverá a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá en él en manantial que brotará hasta la Vida eterna». «Señor, le dijo la mujer, dame de esa agua para que no tenga más sed y no necesite venir hasta aquí a sacarla». Jesús le respondió: «Ve, llama a tu marido y vuelve aquí». La mujer respondió: «No tengo marido». Jesús continuó: «Tienes razón al decir que no tienes marido, porque has tenido cinco y el que ahora tienes no es tu marido; en eso has dicho la verdad». La mujer le dijo: «Señor, veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron en esta montaña, y ustedes dicen que es en Jerusalén donde se debe adorar». Jesús le respondió: «Créeme, mujer, llega la hora en que ni en esta montaña ni en Jerusalén se adorará al Padre. Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque esos son los adoradores que quiere el Padre. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad». La mujer le dijo: «Yo sé que el Mesías, llamado Cristo, debe venir. Cuando él venga, nos anunciará todo». Jesús le respondió: «Soy yo, el que habla contigo». En ese momento llegaron sus discípulos y quedaron sorprendidos al verlo hablar con una mujer. Sin embargo, ninguno le preguntó: «¿Qué quieres de ella?» o «¿Por qué hablas con ella?». La mujer, dejando allí su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente: «Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que hice. ¿No será el Mesías?». Salieron entonces de al ciudad y fueron a su encuentro. Mientras tanto, los discípulos le insistían a Jesús, diciendo: «Come, Maestro». Pero él les dijo: «Yo tengo para comer un alimento que ustedes no conocen». Los discípulos se preguntaban entre sí: «¿Alguien le habrá traído de comer?». Jesús les respondió: «Mi comida es hacer la voluntad de aquel que me envió y llevar a cabo su obra. Ustedes dicen que aún faltan cuatro meses para la cosecha. Pero yo les digo: Levanten los ojos y miren los campos: ya están madurando para la siega. Ya el segador recibe su salario y recoge el grano para la Vida eterna; así el que siembra y el que cosecha comparten una misma alegría. Porque en esto se cumple el proverbio: «Uno siembra y otro cosecha».Y o los envié a cosechar adonde ustedes no han trabajado; otros han trabajado, y ustedes recogen el fruto de sus esfuerzos». Muchos samaritanos de esta ciudad habían creído en él por la palabra de la mujer, que atestiguaba: «Me ha dicho todo lo que hice». Por eso, cuando los samaritanos se acercaron a Jesús, le rogaban que se quedara con ellos, y él permaneció allí dos días. Muchos más creyeron en él, a causa de su palabra. Y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú has dicho; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es verdaderamente el Salvador del mundo».