jueves, 27 de marzo de 2014

Cant de l'himne Akàtistos a Barcelona (Catalunya, Espanya)


La parròquia de Ntra. Senyora de Núria del carrer del Bon Pastor, 7-9, celebrarà el proper 11 d’abril a les 19 hores la Gran Pregària Ecumènica a la Verge Maria amb l’himne de l’Akathistos coincidint amb el cinquè divendres de quaresma.
 
Aquesta és una antiga pregària de l’església oriental que té un gran contingut espiritual i dogmàtic i ajuda a entendre, tot pregant, com la maternitat de Maria troba continuïtat i acompliment en el Ministeri Pascual. Totes les persones i joves interessats hi estan cordialment convidats.
 
Orígens
 
L’Akathistos és un himne compost al segle V a l’església de ritu bizantí ortodox i catòlic. L’església bizantina ha venerat sempre aquest himne en grans ocasions històriques com a cant d’acció de gràcies a Déu i a la Theotokos. L’himne es compon de vint-i-quatre poemes. Els dotze primers van lligats a la successió històrica-litúrgica de les escenes d’infància del cercle de Nadal, mentre que els dotze restants tracten les propostes de les veritats marianes professades des de molt antic. Així, la lex orandi es conjuga amb la lex credendi, la història amb la fe en una meravellosa unitat.
 
 
Font: Arxidiòcesi de Barcelona
 

lunes, 24 de marzo de 2014

Entrevista al P. Archimandrita Demetrio (Sáez)

 
-¿De dónde es?
 
Nací en Valencia, de una familia española. Mi madre era ortodoxa por sus antepasados familiares de mi madre. Esta es la razón por la que yo y mis hermanos hemos seguido esta misma confesión. Mi experiencia de niño sobre la fe ortodoxa es poca, porque en Valencia no había una Iglesia Ortodoxa y de vez en cuando venía un sacerdote ortodoxo de Marsella o de Niza, que iba pasando por toda la costa, y celebraba los sacramentos con todos los ortodoxos que estaban dispersos por esta zona.
 
-¿Por qué se hizo monje en el Monte Athos?
 
El lugar es secundario, lo importante, quizás, es el porqué llegué al monacato. Lo hice tras una reflexión personal, opté por ello ya de mayor. No estaba satisfecho con la vida que llevaba, con esto no quiere decir que llevara una vida disipada, pero llevaba una vida en la que hacía lo que en aquel entonces hacíamos los jóvenes. Dios existía, pero estaba en el sentido de que si me sobraba tiempo, ya me acordaría de Él.
 
Estudié en la universidad y entré a trabajar en la empresa privada, y fue el director del departamento donde yo trabajaba quien me despertó la inquietud. El que yo en aquella época no fuera feliz era normal, no tenía las cosas que me apetecía y, bueno, aquello siempre te deja un vacío.
 
Fue este hombre, el director del departamento, el que, curiosamente, en una conversación me dijo: ¿Por qué tratas a la gente con tanta frialdad y tan rápidamente?
 
Le contesté: con todo lo que tengo que hacer, prácticamente es que me estorban, y, además, vienen con unas preguntas, unas cuestiones raras y personales que no tengo yo que resolverles.
 
El me contestó: ¿No has pensado que, a lo mejor, estás personas están solas y lo único que quieren son cinco minutos de tu tiempo?
 
Aquello me encendió dentro como una luz, una luz en la que vi que, hasta entonces, yo solo había vivido para mí. Los estudios los había hecho para mi provecho personal y profesional, pero sin participar de nada. entonces, aquello que alguna vez aparecía en el pensamiento de quizás tu podrías, comenzó a tomar cuerpo y consulté con una persona experimentada, que luego se convirtió en mi padre espiritual, y era el obispo auxiliar de París que venía regularmente para atender las comunidades ortodoxas en España, hoy día es metropolita. Entonces, pues, le hablé de esos pensamientos que me venían de vez en cuando, de estas posibilidades, de las que si hasta entonces no las había tomado enserio, empezaba a tomarlas ahora. Él me aconsejó que estudiara teología en España, puesto que en aquel entonces tendría que haber ido a estudiar a París o a New York. Me dijo que estudiase teología para ir acostumbrando el oído al lenguaje teológico y comenzar a manejar conceptos teológicos. Comencé a estudiar teología en la universidad de Comillas, y cuando terminé prácticamente tenía decidida mi vocación. Luego de esto comencé a estudiar en París, pero, antes, me aconsejó que tuviera una experiencia en un monasterio, y tuve esa experiencia en un monasterio francés. Aquella experiencia me hizo ver que yo sí podría llevar una vida de este tipo; por otra parte, la liturgia, el estudio, la meditación, la Lectio Divina, el trabajo en la celda, la lectura de los Santos Padres... realmente me gustaba. Aquella experiencia me aclaró muchísimo.
 
No todo fue tan fácil. Tenía que solucionar mi asunto laboral, tendría que trabajar o dejarlo. Una vez decidido todo, quien menos lo comprendió fue mi familia. Yo, por aquel entonces, gozaba de una buena posición en la empresa en la que trabajaba, de hecho era el director de personal, y aquello para mis padres suponía un golpe muy duro, el que yo dejara una vida exitosa y cómoda para encerrarme en un monasterio, monasterio donde según mi madre, no me iba a ver nunca más y que me iban a mandar a África y allí me comerían los leones, etc… Les resultaba incomprensible.
 
Mi primera formación monástica en Grecia fue en el monasterio de San Nicolás Varsas, en el Peloponeso. Después, cuando el abad fue promocionado como metropolita a una importante sede en Grecia, hubo una especie de crisis hasta elegir el nuevo abad, incluso el anterior me proponía como candidato, pero yo no tenía la experiencia suficiente para esos puestos ni era griego, tampoco hablaba bien griego, tampoco lo hablo bien ahora. Luego seguí la vida monástica en otro monasterio, el monasterio IVIRON del monte Athos y fueron muy benevolentes al contarme entre sus hermanos.
 
- ¿Qué suele costar más al principio de la vida monástica?
 
Para mí la humildad, y eso que cuando explico el régimen de vida monástica la gente se asusta; por ejemplo en Ibiron comenzamos el Oficio a las dos de la mañana, por lo que a la una y media nos levantamos, vamos al catolicón para celebrar el Oficio de Orthros, Oficio que compone una especie de mezcla de los Maitines y Laudes occidentales. Todo está en acostumbrarse, se acuesta uno más temprano y punto.
 
Lo que en Occidente equivale a los votos monásticos, en Oriente se llama promesas monásticas, y son prácticamente las mismas que aquí. Pobreza, que no me costó nada; castidad, uno ni piensa en ella, pues las energías del monje se gastan en otras actividades como el trabajo manual e intelectual; en lugar de la obediencia, nosotros hacemos la promesa de la humildad, entendemos que la obediencia es una consecuencia de la humildad. Esta virtud de la obediencia es la virtud más difícil de alcanzar y la promesa más difícil de cumplir.
 
-¿Cómo fue su proceso formativo?
 
Hay un periodo de prueba, período de no reglado. En Oriente cuando uno entra a un monasterio se le adjudica un maestro, un padre espiritual, y él es quien te va enseñando, quien te va guiando en la vida de monje hasta que da cuenta de que estás preparado para hacer la profesión. Naturalmente que antes de esto hay un tiempo previo de postulantado, postulantado en clave occidental podríamos decir, luego vendría la toma de hábito, y comienza ese período de un año o dos años , pero si a los tres años no se ha presentado un informe favorable del candidato que quiere abrazar la vida monástica se le invita a marcharse.
 
-¿Podría hacer una breve reflexión en torno a la Profesión monástica como sacramento?
 
Todo sacramento es un signo visible de la gracia invisible. En Oriente nunca ha habido una opinión común sobre cuantos eran los sacramentos, para algunos santos padres eran tres, para otros llegaban hasta diez… La fijación de siete para el número de los sacramentos en Occidente fue en el Concilio de Trento, y antes también había ese criterio. En Oriente, en aquello que no está fijado por un concilio, como de obligada creencia, uno puede seguir la opinión que mejor le cuadre.
 
El fundamento de todo sacramento, que es un fundamento bíblico, también se da en la profesión monástica. ``Maestro bueno ¿qué de hacer para alcanzar la vida eterna? ¿Tú que lees? Amar a Dios con todo tu corazón, con toda tu mente, con toda tu alma, etc. Haz eso y lo lograrás´´. El Señor da un mínimo para alcanzar la vida eterna, y no se pide más; pero en el origen del monacato está el vivir eso de una manera radical, por eso el monje es un cristiano radical. El Señor da una opción de mayor exigencia: Si quieres ser perfecto vende todo cuanto tienes, ven y sígueme. El Señor nos pide desprendernos de todo y, a cambio, al dedicar tu vida a Dios, por la toma del hábito y la profesión monástica, el Señor te garantiza las fuerzas espirituales suficientes, la asistencia del Espíritu a través de tu maestro, de tu regla y de tus hermanos de comunidad a llevar adelante esa perfección.
 
¿El signo visible de esta gracia invisible? La toma del habito y las promesas al Señor. Ese es el canal por el cual el monje obtiene la gracia del sacramento.
 
Hay otros actos que para Oriente son sacramentos también, aunque en Occidente se considera sacramentalia, por ejemplo un funeral, una unción real, la santificación de las aguas… Todos estos son signos visibles por los cuales se obtiene la gracia del Espíritu Santo.
La Profesión monástica no imprime carácter. En Oriente hay un solo sacramento que imprime carácter, el bautismo, los demás se puede repetir. Un ejemplo: un miembro de la Iglesia Ortodoxa que abandona la Iglesia Ortodoxa y luego vuelve a ella, ha de ser crismado otra vez. Aquel que por su vida ofensiva hacia Dios, hacia los demás, vuelve a la amistad con Dios por el sacramento de la penitencia, y si algún día cae otra vez, pues volvería de la misma manera. El matrimonio, cuando se ha visto que la gracia santificante ha dejado de fluir se puede disolver ese matrimonio mediante el divorcio y volver a casarse los cónyuges. El monje en cuanto que está unido a su comunidad y rindiendo la obediencia de vida a su abad es monje, si fuera lo contrario no sería monje. De igual manera le pasa a un presbítero, es presbítero en cuanto que está unido a su obispo, y un obispo lo es en tanto que está unido a su santo sínodo, y si por cualquier razón abandonan esas situaciones pierden el carácter presbiteral y episcopal.
 
-¿Cómo es un día normal en su monasterio?
 
La vida del monje oriental está dedicada al Oficio Divino. Los oficios son muy largos, entre otras cosas porque esa es la vocación del monje, la de la alabanza a Dios, y porque en nombre de toda la cristiandad y de toda la humanidad damos gloria a Dios. La vida del monje comienza muy temprano, esto depende de los horarios de cada monasterio en el monte Athos, ya que se llevan varios horarios: se lleva el horario bizantino, el occidental, y el caldeo. Mi monasterio lleva el caldeo, de tal forma que cuando anochece es la una. Nosotros nos levantamos a las ocho de la mañana, pero en el horario occidental, que se sigue en Grecia, serían la una de la madrugada. Comienza el Oficio a las dos y termina sobre las seis y medio, a continuación tomamos una pequeña colación consistente en una taza de té, un rebanada de pan de centeno y algunas aceitunas, siempre que no sea día de ayuno. Después cada monje va a la obediencia que le han encomendado y las Horas Menores cada monje la reza en su celda, si las rúbricas no prescriben otra cosa. En Oriente se lleva mucha vida de celda y hay monjes que, en su obediencia, lo que pueden hacer lo hacen en su celda, pero eso sí, las celdas son muy grandes. Sobre las diez de la mañana es el almuerzo, excepto si es día de ayuno, en cuyo caso queda suprimido, y sobre las tres de la tarde es el Oficio de Vísperas, luego, sobre las cuatro de la tarde, es la cena e inmediatamente después el Oficio de Completas y el monje se retira a su celda.
 
-¿Qué le pasó por la cabeza cuando le eligieron obispo?
 
¿A mí? Nada, ni me lo merecía entonces ni lo merezco ahora. El episcopado no es un premio. Es la cruz que el Señor te envía para que, tomándola, le sigas.
 
-¿Cuál es su misión en España?
 
Desde la llegada masiva de los inmigrantes hubo necesidad de atenderles espiritualmente. Cuando empezaron a venir los inmigrantes de los países del este de confesión ortodoxa, apenas había clérigos en España, pues la llegada de clérigos de las jurisdicciones búlgara, rumana o rusa ha sido muy reciente. Para atender espiritualmente a sus fieles ortodoxos, comenzaron a enviar clérigos ortodoxos de una u otra jurisdicción, aunque según los cánones todo sería responsabilidad del Patriarcado de Constantinopla, pero en tanto esta situación se soluciona diversos sacerdotes de una u otra jurisdicción atienden a sus compatriotas.
 
Mi función consistía en organizar las parroquias, y cuando la situación estaba más o menos estable y teníamos un candidato, dejarlo allí de presbítero. Soy el canciller de la metropolia, el penitenciario de la diócesis y el secretario de la conferencia episcopal, con lo que tiempo no me sobra.
 
-¿Cuál es la realidad de la Iglesia Ortodoxa en España?
 
La Iglesia Ortodoxa en España es prácticamente desconocida, esto se refleja en los medios de comunicación, televisión, radio, periódicos, etc. Conocemos al dedillo cuando llega el período del Ramadán, cuando se acuestan, cuando se levantan, cuando comen y cuando beben, pero de la Ortodoxia apenas se conoce nada y fieles ortodoxos en España habrá un millón quinientos mil, o sea, es una minoría a tener en cuenta. La mayor parte de estos fieles ortodoxos son extranjeros, aunque también hay familias ortodoxas y españolas.
 
La situación desde el punto de vista social es que la población española la mira con sospecha (a la Ortodoxia), pero cuando la conocen, nos ven con admiración y respeto. Con la jerarquía católica, nuestros hermanos mayoritarios en España, pues hay de todo, es decir, hay unos con los que la relación es diplomática y correctos, y hay otros clérigos, incluso obispos, que son francamente generosos y colaboradores. Tengo la suerte de honrarme con la amistad de varios de ellos y debo decir que siempre bendeciré al Señor por todo lo que me han ayudado y por todo lo que hacen por nuestras comunidades. Nuestra feligresía es una población, primero, venida de fuera y, por lo tanto, flotante, no se sabe si se quedarán o volverán, y, segundo, en un momento económicamente precario no son comunidades que disfruten, desde el punto de vista eclesiástico, de un posición elevada: quiero decir con ello que no hay fondos para edificar, ni para comprar terrenos y tampoco parece, en las situaciones actuales, prudente que lo hiciéramos así. No se puede obligar a una comunidad, que no sabemos si se va o no a quedar, al compromiso de comprar un terreno o a edificar una iglesia de la que no se sabe su futuro, creo que parece muy arriesgado. Es por esta razón que recurrimos siempre a la caridad ecuménica de la Iglesia Católica, y en muchos casos somos muy bien atendidos, en otros no nos pueden atender como sería su voluntad. Andamos siempre a la búsqueda de un hueco para atender espiritualmente a nuestros fieles.
 
Pensemos que un emigrante es un desarraigado, desarraigado de su país, desarraigado de su cultura, desarraigado de sus amigos y familia, y también desarraigado de su ambiente espiritual, por lo que cuando llegan aquí necesitamos mucha paciencia y cordura para poder ayudarle y mucha gracia de Dios para acudir a un sitio o a otro. A todo ello se ha de sumar un agravante: hasta hace muy poco en aquellos países de los que venían el régimen político no era de tolerancia hacia las realidades religiosas, por lo que muchos de ellos, bendito sea Dios, vienen con lo que sus abuelos les habían trasmitidos, con lo que, además de atenderles espiritualmente, tenemos la urgente necesidad de una catequesis para ayudarles a clarificar su fe. La cosa todavía se complica más, pues se insertan en una sociedad tan permisiva como es la española y con un componente laicista muy acusado, por lo que aquellas personas que vienen de su país, con una fe prendida con alfileres, con una moral que precisamente allá tampoco se les inculcaba desde los poderes públicos sino desde los púlpitos, cuando se podía predicar, y vienen aquí, país donde ven un acusado relativismo religioso, nos complica la atención a estas personas. La realidad es esa.
 
-¿Qué impresión, según usted, tiene Occidente de Oriente?, ¿Y viceversa?
 
Occidente es muy racional: todo tiene que verlo, tocarlo y explicarlo; Oriente es más especulativo, y estas reglas, tan absolutas que llevamos en Occidente, para Oriente no son importante, porque la vida transcurre de otra manera. Voy a poner un ejemplo, me serviré del culto ortodoxo. En todas las iglesias ortodoxas hay lo que se llama el iconostasio, una pared que separa lo que es santuario de la nave de los fieles. Los españoles me hacen la observación de que no pueden ver nada, pero yo les digo que ahí no hay nada que ver, lo que hay que hacer es creer. En Oriente esto no pasa. Se conforman con saber que allí está ocurriendo un milagro, que es la transformación del pan y del vino por obra del Espíritu Santo; por muy atento que se esté no se va a contemplar el milagro. Con este ejemplo quiero mostrar como son las dos mentalidades.
 
-¿Cómo se configura la Iglesia Ortodoxa?
 
La Iglesia Ortodoxa está, desde el punto de vista jerárquico, dividida en patriarcados o autocefalías, es decir, en territorios en los cuales la Iglesia se administra ella misma, mediante un Sínodo de obispos ,y dentro del Sínodo eligiendo a un primado que coordina todo. Entre todos los Patriarcados están los Patriarcados Antiguos y los Patriarcados Modernos. Los Patriarcados Antiguos son aquellos que conformaban en el pasado la Pentarquía, es decir, Roma, Constantinopla, Alejandría, Antioquia y Jerusalén Después de la separación de Roma quedaron los cuatro Patriarcados restantes. De todos ellos, el Patriarcado de Constantinopla representa el primer Patriarcado, pero es un Patriarcado de coordinación, de animación de la Ortodoxia e, incluso, de apelación, mas no es un Patriarcado de poder y jurisdicción, no es el equivalente a lo que es el Papa de Roma al catolicismo. El papel del Patriarca de Constantinopla es de coordinar la acción de sus hermanos primados de iglesias, su labor es de animación de los Sínodos de los Primados, en conferencias que examinan intereses comunes para toda la Ortodoxia, y resolución de problemas que se plantean.
 
Cada Iglesia autocefala es presidida por un Patriarca o Arzobispo, depende del título que tenga. Además de ser el Ordinario de la ciudad cuyo nombre lleva, es también quien preside el Consejo, el Santo Sínodo que gobierna la Iglesia, de tal manera que cuando se transmite algo a toda esa Iglesia local siempre se dice: El Patriarca o Arzobispo de… y su Santo Sínodo deciden… Por debajo del Santo Sínodo, compuesto por los obispos, están los obispos locales y los obispados están divididos en parroquias. Cada obispado puede tener uno, dos o tres monasterios o más, tanto de hombre como de mujeres, que dependen del obispo en lo que no atañe a la vida de la comunidad, de tal manera que la autoridad del obispo termina en la puerta del monasterio, dentro la autoridad es del Abad. No conforman una Órdenes como en la Iglesia Católica, sino que el monje es monje y la monja es monja, tienen la misma Regla, la de San Basilio, todos viven igual, cada uno en su monasterio, pero sometidos a la autoridad episcopal.
 
- ¿Qué aporta a la Iglesia Ortodoxa el hecho de que sus obispos sean elegidos entre los monjes?
 
Yo suelo encontrar una diferencia entre el episcopado oriental y el occidental. Por supuesto que en Occidente hay obispos que pertenecen a una familia religiosa, pero en general, me llama la atención, en el buen sentido, que la formación de los obispos occidentales suele ser en Derecho Canónico, cosa que en los orientales no. En Oriente, obviamente, suelen tener su formación intelectual, pero no es precisamente por su ciencia por lo que son elegidos, sino por su trabajo en el monasterio. Conozco un metropolita que es físico nuclear y antes había sido miembro de la NASA, pero no se le eligió metropolita por ello sino por su labor en el monasterio. ¿Qué se le pide al obispo en Oriente? Ha de ser padre y pastor, y la forma de aprender a ejercerla es en un monasterio.
 
El hecho de que los obispos sean elegidos entre los monjes es una regla canónica, quiero decir con ello que si un día un concilio decide otra cosa no pasaría nada.
 
Lo que aporta el hecho de que los obispos salgan de entre los monjes es la certeza de que es un hombre de Dios. Lo que el obispo lleva a su diócesis es su vivencia espiritual, su relación con los demás monjes que traslada, en su nueva relación, a los sacerdotes y laicos colaboradores suyos en su diócesis, hasta tal extremo que, por ejemplo, las insignias episcopales no de los obispos, sino monásticas, y como quiera que el monje o el abad cuando era elegido obispo se llevaba sus prerrogativas se incorporaron al episcopado.
 
-¿Cómo ve actualmente la relación ecuménica entre la Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa en España y en el mundo?
 
Hay quien dice que se pasa por una especie de invierno ecuménico. Yo diría que hemos recorrido un camino y, ahora, nos encontramos en una encrucijada, y quizás tengamos que tomar otro camino, pero no tenemos muy claro por donde andar. No es que el ecumenismo esté agotado porque, sino como el esfuerzo ecuménico ha sido grande en los años atrás y puede que ahora tengamos que tomar un descanso en este ascenso, un ascenso que va desde de la nada entre católicos y ortodoxos; ambos con los protestantes, a tener, en muchos casos, relaciones absolutamente entrañables. Ese esfuerzo nos ha dejado un poco cansado y nos hemos sentado un momento para ver por donde tirar de nuevo, no vaya a ocurrir que tomemos un camino que parece más fácil y caigamos por un barranco.
 
-¿Qué papel juega el monacato de nuestras Iglesias en el camino hacia la unidad?
 
El papel es fundamental. San Benito, patriarca del monacato occidental, se refería a San Basilio como ``nuestro Padre San Basilio´´. Siendo el monacato de occidente hijo del oriental, comparten los mismos fines y medios: santificación del mundo y del monje en una comunidad mediante la ascesis, la oración, el cultivo de las virtudes, la celebración del Culto Divino y viviendo de sus propios medios. Los monjes entre sí se entienden con mayor facilidad que el resto de clérigos o laicos. Un monje oriental que visita un monasterio de occidente, o viceversa, no encuentra más dificultad que la lengua o el rito, pero como les anima el mismo espíritu, se adaptan muy fácilmente. En oriente, las peregrinaciones de los fieles ortodoxos a los monasterios es algo muy común, esperando encontrar la paz, el sosiego y el consejo espiritual. De la misma manera, en occidente, no solo se espera encontrar arte y cultura en los monasterios, sino también se aguarda de sus monjes el consuelo espiritual en un mundo agitado.
 
-¿Celebraremos juntos algún día la Eucaristía?
 
Habría que distinguir entre ''celebrar juntos'' y ''concelebrar''. Un católico o un ortodoxo pueden perfectamente participar en las ceremonias de uno otro indistintamente, con una salvedad: los ortodoxos sólo admiten a la comunión a los ortodoxos, prohibiendo, además, que se comulgue en otra Iglesia que no sea ortodoxa. Esta disciplina tan rigurosa se basa en el concepto que tienen de la comunión. No se trata de un asunto propio de la piedad individual, sino de toda la comunidad eclesial; además, la comunión es considerada como expresión de misma fe y de vida, algo que todavía no se ha llegado entre las dos Iglesias. Se entenderá, pues, que dos presbíteros de las dos Iglesias no estén en el mismo altar celebrando una misma ceremonia.
 
Sin embargo, el ecumenismo, esto es, la búsqueda de la unidad perdida de la Iglesia de Cristo, es una exigencia y un mandamiento; podríamos decir que es, incluso, el testamento de nuestra común Señor, cuando la víspera de su Pasión rogó al Padre que ''sean uno para que el mundo crea''
 
Desde hace algunos años participo en encuentros internacionales e interconfesionales de religiosos y religiosas. A las celebraciones de cada Confesión asiste el resto con absoluto respeto y devoción, y sacando el propósito de trabajar para restituir la unidad perdida. Ésta, la unidad perdida, se logrará cuando el Señor quiera, mientras tanto hemos de convertirnos en instrumento de ese deseo divino.
 
 
Fuente: Benedictinos de Canarias

lunes, 17 de marzo de 2014

Una reliquia de San José en Valencia (España)


Dentro del mundo eclesiástico, desde el siglo XVI se considera a Valencia la ciudad más devota del patriarca San José. Antes lo había sido El Cairo que durante cuatro años había acogido a la Sagrada Familia, en su huida de la matanza de niños decretada por el rey Herodes, en una cueva sobre la que años después se levantaría la Iglesia de San Sergio (Abu Serga). Por la gran labor de los monjes de sus monasterios coptos en propagar esta devoción, hasta el punto de introducir en su canto de los oficios divinos la historia de su vida según el evangelio apócrifo «la vida de José el carpintero». Pero sin llegar nunca a superar a Valencia en entusiasmo y ruidosa popularidad, gracias a su fiesta de las fallas. 

Porque en España, la introducción de esta devoción se debió a la reformadora carmelita, Santa Teresa de Jesús (1515-1582), a través de los numerosos conventos por ella fundados los cuales ponía bajo el patrocinio y con el nombre de San José. También en Valencia quiso fundar uno animada por su amigo el dominico valenciano San Luis Bertrán, quien la puso en contacto con el arzobispo, Juan de Ribera, a este fin. Incluso llegaron a escoger el distrito de la Ciutat Vella para erigirlo. Pero fracasó el intento porque no hubo acuerdo en una condición que imponían ambas partes; y fue, que el arzobispo pretendía que el convento quedara sometido a su control como responsable que era de iglesia valenciana, y la fundadora que lo fuera exclusivamente de la orden carmelita. 

No obstante, el tiempo que mantuvieron negociando no fue baldío. Al menos sirvió a Santa Teresa para transmitir al arzobispo su entusiasmo por la devoción a san José; y a éste a moverle a enaltecer la fiesta de las fallas añadiéndole un toque de solemnidad religiosa a lo que era entonces sólo una fiesta gremial, en torno a la quema de desechos de los materiales utilizados por los carpinteros en sus trabajos durante el año. Pero sin apenas tributar recuerdo alguno a San José, a pesar de tenerlo por patrón del Gremio. Y el arzobispo Ribera acabó con este confinamiento introduciendo en la fiesta el acto de honrarle con la celebración de una misa solemne, de obligada asistencia para el Gremi dels fusters y todos los fieles. Y como San José no tenía misa propia sino que se le venía aplicando la del «común de los santos», valiéndose de su influencia en la curia pontificia, obtuvo la aprobación de los textos litúrgicos para una misa propia de San José que, años más tarde, el mismo papa Gregorio XV estableció para la Iglesia universal siguiendo el ejemplo del arzobispo valenciano que en 1609 la había incluido en el misal propio de la archidiócesis de Valencia, junto a la de sus patronos, San Vicente Mártir y San Vicente Ferrer.

Pero a nivel personal, un tema le había quedado pendiente al arzobispo Ribera sobre la devoción a San José, según la experiencia personal que le había transmitido Santa Teresa de Jesús: «Nada de lo que le he pedido siempre, ha dejado de concedérmelo». Y es, que amante como era Juan de Ribera de las reliquias de santos, no había conseguido ninguna de San José para completar las de la Sagrada Familia que poseía, de Jesús y de María, en su capilla del Colegio de Corpus Christi por él fundado. A pesar de haberlo pedido en sus oraciones. Sin embargo, dos siglos después de fallecido, quedó cumplido este deseo por mediación de los religiosos agustinos del convento San Pío V de nuestra ciudad. Porque, al decidirse en 1812 su desaparición para establecerse en él la Academia de Cadetes, que finalmente quedó inaugurada en 1819, los frailes donaron a la Iglesia del Patriarca la reliquia de San José que poseían, consistente en una pedazo de su túnica con la que envolvió a Jesús al nacer. Con el documento que garantizaba su autenticidad firmado por el obispo romano, Luis Radicati, ratificando el del cardenal Vicario de Roma, Fabricio Paulicci, de fecha 10 de abril de 1742.


Fuente: Levante

miércoles, 12 de marzo de 2014

Encontrada la mano de San Ildefonso en una iglesia de León (Castilla y León)


Un pequeño tesoro dentro de una figurita de apenas 27 centímetros. Una estatuilla de cobre que representa a San Ildefonso, localizada en la casa rectoral de la parroquia de Nuestra Señora del Mercado de León por el director del Museo de la Catedral, Máximo Gómez Rascón, escondía una misteriosa cajita de hojalata en el interior de la peana. En un amplio artículo del último numero de la revista de la asociación Promonumenta, Gómez Rascón desvela todos los detalles de este importante hallazgo. La caja, forrada con seda roja del siglo XVIII, en cuya tapa figura el año 1806, contenía la reliquia del santo —la muñeca (carpo) de la mano derecha, sin dedos—, así como documentos, un crucifijo y un medallón de plata y tres pedazos de telas medievales de los siglos VI al XIII; uno de ellos, posiblemente, perteneciente al sudario de San Ildefonso.

Todo un puzzle de objetos y épocas que Gómez Rascón ha podido encajar tras dos años de estudio. El relicario de San Ildefonso se expone ahora en el Museo de la Catedral de León.

La reliquia llegó a León en el siglo XIII, un momento en el que el santo que fue arzobispo de Toledo era muy venerado en esta ciudad, según relata Rascón en el mencionado artículo. De hecho, una de las capillas de la Catedral de León estuvo dedicada a San Ildefonso y en ella se preservan varias de las vidrieras más antiguas, fechadas entre los años 1270 y 1280, que evocan la vida del santo, nacido en el año 607, miembro de una de las familias regias visigodas y sobrino del obispo de Toledo San Eugenio III, que tuteló su educación.

El relicario que inmortaliza al santo con los ornamentos litúrgicos episcopales —mitra y báculo—es del siglo XV, como concluye Rascón a partir de la inscripción de la peana, que permite atribuir la pieza al orfebre portugués Alfonso Me. El relicario fue un encargo de la Cofradía de San Ildefonso, fundada en 1260 y extinguida en 1851.

El documento que contenía la cajita que hasta ahora había pasado desapercibida en la iglesia del Mercado, se refiere, precisamente, a los importantes acuerdos que adopta la citada cofradía en 1806 para salvaguardar el relicario. Desde entonces, la caja nunca se había vuelto a abrir hasta ahora. Junto a los huesos del santo y el papel de la cofradía, la caja preservaba un crucifijo de cinco centímetros y una medalla ovalada de idéntico tamaño con la figura del Pantocrátor y, en el reverso, la Virgen de Rocamador.

Tres pistas de tela

Más enigmáticos resultan aún los tres pedazos de telas que contenía la cajita y que suponen una pista crucial para averiguar cuándo llegó exactamente la reliquia de San Ildefonso a León. Dos son medievales y otro de finales de la Edad Antigua..

El mayor fragmento, de 35 por 14 centímetros, procede de los talleres coptos de Antinoe (Egipto). Es de seda decorada en rojo y está fechado hacia los siglos VI-VII, época en la que vivió y murió el santo. Rascón aventura que puede ser un pedazo del sudario del santo que inmortalizó en varios lienzos El Greco. Otro pedazo de tela es de un taller andalusí o hispanomusulmán, con hilos de sera y oro entorchado; previsiblemente, del período almohade (siglos XII-XIII). El último fragmento, también del siglo XIII, es de seda y oro, de los denominados paños de Tartaria.

El escritor y político leonés Francisco Cabeza de Vaca escribe a finales del siglo XVII que en la parroquia de Nuestra Señora de la Antigua (del Mercado) hay un dedo de San Ildefonso glorioso, arzobispo de Toledo. Rascón cree que no se trata de otra reliquia distinta.

El director del Museo de la Catedral destaca el hecho de que San Froilán antes de venir a León estuvo en el cenobio toledano de Agali, donde pasó gran parte de su vida San Ildefonso.


Fuente: Diario de León

sábado, 1 de marzo de 2014

Oficios del mes de marzo en la catedral ortodoxa de Madrid


SÁBADO 01
Vísperas de Domingo   18.30

DOMINGO 02
DOMINGO DEL PERDÓN
Maitines   09.30
Divina Liturgia  10.45

MIÉRCOLES 05
Liturgia de los Dones Presantificados  19.00

VIERNES 07
1ª Salutación a la Santísima Virgen   19.00 

SÁBADO 08
CONMEMORACIÓN DEL MILAGRO DE SAN TEODORO
Divina Liturgia   10.30
Conmemoración de los Difuntos   11.45
Vísperas de Domingo   18.30

DOMINGO 09
I DOMINGO DE CUARESMA (Ortodoxia); SS. 40 Mártires
Maitines   09.30
Divina Liturgia  10.45
Procesión de los Iconos Sagrados   12.00

MIÉRCOLES 12
Liturgia de los Dones Presantificados  19.00 

VIERNES 14
2ª Salutación a la Santísima Virgen   19.00

SÁBADO 15
II SÁBADO DE LOS DIFUNTOS
Divina Liturgia   10.30
Conmemoración de los Difuntos   11.45
Vísperas de Domingo   18.30

DOMINGO 16
II DOMINGO DE CUARESMA (San Gregorio Palamás)
Maitines   09.30
Divina Liturgia  10.45

MIÉRCOLES 19
Sacramento del Óleo Santo   19.00

VIERNES 21
3ª Salutación a la Santísima Virgen   19.00 

SÁBADO 22
III SÁBADO DE LOS DIFUNTOS
Divina Liturgia   10.30
Conmemoración de los Difuntos   11.45
Vísperas de Domingo   18.30

DOMINGO 23
III DOMINGO DE CUARESMA (Veneración de la Santa Cruz)
Maitines   09.30
Divina Liturgia  10.45
Oficio de la Veneración de la Cruz  11.45
Doxología por la Fiesta Nacional Griega  12.15

LUNES 24
Vísperas por la Fiesta de la Anunciación   18.30

MARTES 25
LA ANUCIACIÓN DE LA SANTÍSIMA MADRE DE DIOS
Maitines   09.30
Divina Liturgia  10.30 

VIERNES 28
4ª Salutación a la Santísima Virgen   19.00

SÁBADO 29
IV SÁBADO DE LOS DIFUNTOS
Divina Liturgia   10.30
Conmemoración de los Difuntos   11.45
Vísperas de Domingo   18.30

DOMINGO 30
IV DOMINGO DE CUARESMA (San Juan Clímaco)
Maitines   09.30
Divina Liturgia  10.45

DIVINA LITURGIA EN UCRANIANO TODOS LOS DOMINGOS A LAS 13.00 HORAS


Fuente: Arzobispado Ortodoxo de España y Portugal (Patriarcado Ecuménico)