jueves, 31 de marzo de 2016

Шевченківські Дні у Авейро / Dia de Shevchenko em Aveiro


IV Jornada arabo-cristiana: Tradición cristiana en los países del Golfo


13 de abril de 2017, Auditorio de Casa Árabe (c/ Alcalá, 62, 28009 Madrid).

Las IV Jornadas arabo-cristianas, organizadas por Casa Árabe y la Universidad Eclesiástica San Dámaso, llevan por título Tradición cristiana en los países del Golfo. Pretenden ofrecer algunos aspectos, pasados y presentes (literarios, culturales, artísticos) del cristianismo en este marco geográfi co.

La historia, la arqueología y la literatura han identi ficado algunas de las huellas de esta tradición cristiana. Los estudios históricos actuales presentan a la sociedad que recibió el mensaje transmitido por el profeta del islam como una sociedad compuesta por diferentes grupos religiosos: politeístas, judíos y cristianos pertenecientes a diferentes comunidades y sectas (maniqueos, ebionitas, mono sitas y nestorianos). Los últimos descubrimientos arqueológicos confi rman la existencia de asentamientos cristianos en la zona del Golfo y en otras partes de la Península Arábiga antes de la llegada del islam.

Una de las líneas de investigación de la crítica literaria considera que en el libro sagrado musulmán puede seguirse el rastro de textos religiosos que circulaban en estas comunidades contemporáneas a la predicación de Mahoma. Con el paso del tiempo, la mayoría de las poblaciones de la zona del Golfo abrazaron el islam. A partir del siglo XVIII hasta nuestros días, la corriente salafí del islam suní fue arraigando en la mayor parte de la península al lado del resto de las corrientes anteriores, suníes y chíies, en una zona en la que el cristianismo también había perdurado.

Programa:

17.00 h: Inauguración de la jornada a cargo de a cargo de Pedro Villena, director general de Casa Árabe, y Patricio de Navascués, decano de la Facultad de Literatura Cristiana y Clásica San Justino de la UESD de Madrid.
Presentación del nº 12 de la revista Awraq sobre cristianos en Oriente Medio.

17.15 h: El mundo religioso preislámico en la Península Arábiga 
Iria Santás de Arcos, profesora de la Universidad Eclesiástica San Dámaso

17.45 h: Arqueología cristiana de la Península Arábiga
Julie Bonnéric, investigadora del Instituto Francés del Próximo Oriente (IFPO)

18.15 h: Huellas cristianas en el Corán
Pilar González Casado, profesora de la Universidad Eclesiástica San Dámaso

19.00 h: El contexto religioso de la Península Arábiga desde el siglo XVIII
Antonio Alonso Marcos, profesor de la Universidad San Pablo-CEU

19.15 h: Cristianismo hoy
Michel O’Sullivan, administrador del Vicariato Apostólico de Arabia del Sur


El gobierno turco "expropia" las iglesias del centro histórico de Diyarbakir


La confiscación de todas las iglesias del centro histórico de Diyarbakir, en Turquía, forma parte de la disposición del gobierno turco de expropiar una gran zona de la metrópolis. Entre las involucrados están la Apostólica Armenia de San Giragos (Ciriaco), la siríaca dedicada a la Virgen María, la caldea de Mar Sarkis (San Sergio), la armenio-católica y un lugar de culto protestante, además de más de 6 mil viviendas, ubicadas en su mayoría en el casco antiguo. 

La medida publicada en varias fuentes y entre ellas la Gaceta Oficial del Consejo de Ministros, ha sido presentada por el funcionario turco Adnan Ertem, responsable de la Dirección de fundaciones religiosas, quien ha explicado según Fides, que es un procedimiento emergente para proteger la ciudad de Diyarbakir de la destrucción que ocasiona el conflicto de los militares contra las posiciones kurdas del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK). 

Por otra parte el jefe de la Oficina de Cultura de la urbe turca, Nevin Solukaya, ha sugerido a los responsables de las Fundaciones que resultan titulares de las varias iglesias expropiadas, que presenten un recurso contra la nacionalización. 

En los enfrentamientos las fuerzas armadas turcas han matado a más de 5.000 militantes del PKK mientras que las fuerzas de seguridad del gobierno han registrado entre sus filas 355 caídos, ha declarado el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan.


Fuente: Ayuda a la Iglesia Necesitada

Investigan dos islas con el monasterio que fundó San Focio sumergido en el Mar de Mármara


Las islas Vordonos (también llamadas Vordonisi) son dos pequeñas islas situadas en el Mar de Mármara, a unos 700 metros de la costa de Maltepe, en la parte asiática de Estambul. Formaban parte del Archipiélago de las Islas Príncipe y se hundieron durante un terremoto en el año 1010 d.C.

Pero bajo el mar hay todo un yacimiento arqueológico por descubrir, incluyendo el monasterio bizantino fundado entre los años 858 y 886 d.C. por el patriarca de Constantinopla Focio I, que estuvo exiliado allí.

Focio fue la figura literaria más importante del Imperio Bizantino durante su vida, y antes de su nombramiento como patriarca había sido diplomático al servicio de la Cancillería imperial. Focio no era sacerdote, pero en sólo seis días, entre el 22 y el 25 de diciembre del año 858 pasó por todos los grados sacerdotales hasta alcanzar el de obispo y ser nombrado patriarca.

En el momento de producirse el terremoto el monasterio todavía seguía en activo habitado por monjes, quienes se habrían hundido con él. Por ello los otomanos las conocían como las rocas del monasterio sumergido.

Su existencia fue puesta de manifiesto por primera en vez en 1936 por el historiador Semavi Eyice. Ya entonces la visibilidad del monasterio era dificil debido a que la vegetación marina lo había cubierto por completo.

Ahora, más de mil años después de su desaparición bajo las aguas, los dos islotes están siendo redescubiertos por un equipo de investigadores de tres universidades turcas. En octubre pasado buceadores realizaron fotografías de toda el área, incluyendo el monasterio. El objetivo es conocer mejor las circunstancias y los efectos del gran terremoto de Estambul, y convertir el lugar en el primer parque arqueológico submarino de la ciudad, abierto al turismo.

Al mismo tiempo se pretende que las islas se incluyan en la lista de patrimonio de la humanidad de la UNESCO, con el fin de preservar sus importantes restos arqueológicos.



Começaram os trabalhos do Secretariado do Santo e Grande Concílio da Igreja Ortodoxa


No Centro Ortodoxo do Patriarcado Ecumênico em Chambesy, próximo a Genebra, sob a presidência do Metropolita Jeremias da Suíça (Patriarcado Ecumênico), teve lugar no 29 de março de 2016 a primeira reunião dos membros do secretariado do Santo e Grande Concílio da Igreja Ortodoxa.

O secretariado panortodoxo foi estabelecido em conformidade com as decisões da Synaxe dos Primazes das Igrejas Ortodoxas, realizada entre 21 e 28 de janeiro deste ano em Chambesy. É constituída por um representante de cada uma das Igrejas Autocéfalas (comunhão canônica). De acordo com a decisão da Synaxe dos Primazes, as atribuições da Secretaria incluem:

* A publicação em um site na web, especialmente criado para esta finalidade, do conteúdo dos documentos aprovados por unanimidade nas Conferências Pré-conciliares e na Synaxe dos Primazes, bem como a agenda do Concílio;

* Informar, sob a orientação de consultores especiais, os meios de comunicação sobre o trabalho e os objetivos do Concílio;

* A partir da recomendação das Igrejas Ortodoxas, prestar a orientação e a assistência necessárias aos profissionais dos meios de comunicação interessados em credenciamento para a cobertura dos trabalhos do Concílio.

* Outras questões relacionadas com o apoio do secretariado do Concílio.

Participam no Secretariado Panortodoxo os seguintes representantes das Igrejas Ortodoxas locais:

* Patriarcado Ecumênico: Bispo Dom Job de Telmessus
* Patriarcado de Alexandria: Metropolita Alexander de Nigéria
* Patriarcado de Antioquia: Metropolita Silvanus de Buenos Aires
* Patriarcado de Jerusalém: Professor Theodore Giagkou
* Patriarcado russo: Arcipreste Nicholas Balasof e Pe. Anatoly Tsouriakof
* Patriarcado da Sérvia: Bispo bispo Irinej de Backa
* Patriarcado romeno: Arcebispo Nifon de Targovishte
* Patriarcado búlgaro: Metropolita Ioannis de Varna
* Patriarcado da Geórgia: Metropolitan de Gori e Ateni
* Igreja de Chipre: (Metropolita Konstantiysky de Basil[1]) Bispo Vasilios de Constantia
* Igreja da Grécia: Metropolita Crisóstomo de Messinia
* Igreja da Polônia: Bispo George de Siematitse/ Semyatychsky
* Igreja da Albânia: Metropolita Ioannis de Korce/Korchinskiy
* Igreja da República Tcheca e Eslováquia: Arcebispo Michael de Praga.


Fotografia: Mons. Job de Telmessos

miércoles, 30 de marzo de 2016

Donación de un icono para nuestra Catedral de Madrid


Ayer, 29 de marzo de 2016, la Santa Iglesia Catedral de los Santos Andrés y Demetrio de Madrid, Iglesia Madre de nuestra Metrópolis, recibió un regalo personal del P. Archimandrita Gregorio, Hegúmeno del Santo Monasterio de Dojiaríu (Δοχειαρίου), situado en la costa suroeste del Monte Athos: una copia en gran tamaño del icono milagroso de la Madre de Dios de la Pronta Escucha o del Pronto Socorro (Παναγία Γοργοεπήκοος), uno de los más venerados de la Sagrada Montaña y por el pueblo cristiano ortodoxo en general.

Para nuestra Catedral es una gran bendición poseer este icono, que tiene pegados en el vidrio que lo protege algodones con miro brotado del original y aceite de su lámpara que perfuman todo el templo hasta la calle.

El icono ha sido colocado justo debajo del de la Madre de Dios del iconostasio, y puede ser venerado por todos los fieles que lo deseen.

¡Gloria a Dios por todo!

Matrimonio y nuevo matrimonio en la Iglesia Ortodoxa


1. El misterio del Matrimonio - "Pequeño Pentecostés" en la "ecclesia minor"

La imagen de la Trinidad en la persona se ve también en el hecho de que esta no ha sido creada sola, sino hombre y mujer en comunión de naturaleza. Así se explica también el mayor sufrimiento del hombre en este mundo y más allá: la soledad. Porque la soledad conduce a la muerte total, del cuerpo y del alma. El hombre no puede tener una existencia feliz mientras esté separado de sus semejantes y, sobre todo, separado de Dios, ya que Dios tampoco está solo, sino que es una comunión de Personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

A menudo, cuando hablamos sobre la persona, nos referimos al hombre o a la mujer, pero, desde el punto de vista teológico, tenemos que comprender a ambos. Dicho de otro modo, la persona en su plenitud no puede ser entendida si no es "juntos".

De este "juntos" constitutivo de la persona ha nacido la familia como expresión primera e inalienable de la comunión. La importancia de la familia como manifestación del amor trinitario y comunitario en el acto de la creación se ve también en el hecho de que todos los acontecimientos principales de la historia de la Salvación están ligados a la familia: en familia ha tenido lugar la caída, mediante la familia se perpetúa la raza humana y se transmite también el pecado ancestral, en familia empieza la restauración de la comunión degradada por el pecado. Por eso el Santo Apóstol Pablo llama a la familia "ecclesia domestica (minor)" (Rom 16,5) que está en la base de la "ecclesia major". Ambas Iglesias tienen una continuidad y un vínculo indestructibles.

Mediante el descenso del Espíritu Santo queda fundada la Iglesia grande, lugar de salvación del hombre por Cristo en el amor de Dios Padre. La Iglesia pequeña, la familia, también queda fundada mediante un descenso de la gracia del Espíritu Santo, es decir, mediante el Sacramento del Matrimonio; por eso este Sacramento puede ser llamado "el Pentecostés de la Iglesia pequeña".

El Sacramento del matrimonio es un nuevo Pentecostés, un descenso de la gracia del Espíritu Santo sobre los novios, acto que conduce a la fundación de la familia cristiana, donde la gracia une a los esposos en una vida nueva que es un anticipo de la vida eterna. Así como Pentecostés, mediante el descenso del Espíritu Santo, da comienzo a la Iglesia grande, el Sacramento del Matrimonio, mediante su gracia, funda la Iglesia pequeña, que rehace en Cristo la unidad ontológica entre hombre y mujer.

Del mismo modo que la familia es la célula básica de la sociedad, también las Iglesias pequeñas son las células básicas de la Iglesia grande, y entre ellas existe un estrecho vínculo de interdependencia.

"La unidad que se realiza en el acto del Matrimonio no es una unidad del mundo de abajo, sino del de arriba. Es una unidad a la que el Espíritu Santo le confía una vocación y una misión. [...] La llamada a la unidad de arriba, a la plenitud de la "ecclesia doméstica", es la llamada a la comunión en el amor, no solo en el sentido de que los novios, luego esposos, entran en un nuevo vínculo de reencuentro y amor, sino mucho más: mediante este amor del uno hacia el otro, ellos mismos descubren en el otro a Cristo. En los matrimonios que pertenecen al mundo caído, es decir, de la unidad de abajo, domina la desunión, separación que se manifiesta en diferentes tipos de degradación de las costumbres que no son suprimidos por el amor "natural", sino que más bien este los favorece, provocando así la desorganización del matrimonio y la familia. Lo propio del matrimonio cristiano, guiado por los valores bautismales de los que está dotada la "ecclesia doméstica", es el descubrimiento y la presencia en el mundo del amor como vida y de la vida como amor. Realizándose en el amor, los esposos son poseedores de poder capaz de curar las heridas de la caída, produciendo así los frutos de la obra divina por la que están dominados, y estos tienen una influencia benéfica en toda la comunidad.

El Sacramento del Matrimonio no es, por tanto, un acto estático. Es un acto mediante el cual, por un lado, se reparte la gracia como energía divina y, por otro lado, es un acto mediante el cual los dos esposos la desarrollan de un modo activo toda la vida. Si no fuera por esta gracia, la familia caería en una relación biológica simple que llevaría al aburrimiento y se deshilacharía. Sin embargo, la gracia alimenta y sostiene el amor entre los dos en un estado vivo, activo, inagotable.

Mediante el amor y la entrega mutua, sostenidos por la gracia del Espíritu Santo, cada uno de los esposos ve en el otro la imagen de Cristo y conserva la unidad también mediante Cristo.

En este contexto se desarrolla también el amor erótico entre ambos esposos, que los hace un solo cuerpo (Mt. 19,6). El cristianismo no desprecia la unión corporal entre hombre y mujer, que tiene un doble papel: el de la satisfacción natural de las inclinaciones sensuales y, mediante esta, la procreación. Entre los dos aspectos existe una interdependencia responsable, y no se pueden excluir mutuamente. La relación entre el placer corporal y la procreación es un misterio delicado de la familia, pero la gracia del Sacramento del Matrimonio ayuda a la conservación del equilibrio en esta relación.

El paralelo entre la Iglesia grande y la Iglesia pequeña puede continuar bajo muchos aspectos; por ejemplo, la confesión de fe que se recita en la Iglesia grande tiene como correspondiente la fidelidad en la Iglesia pequeña; sobre todo los atributos de la Iglesia grande pueden encontrarse también en los de la Iglesia pequeña. Así, confesamos que la Iglesia es una, santa, católica y apostólica. Pero, cuando afirmamos esto no nos referimos solo a la Iglesia grande, sino también a la pequeña.

Así, la familia es una en el sentido de que se funda para toda la vida, es decir, es indisoluble y monógama, y compromete a los esposos en una unidad de vida en el mismo Cristo. La gracia del Sacramento del Matrimonio fortalece la unidad de los esposos entre sí y con Cristo, defendiendo su vocación de indisolubilidad del mismo modo como Pentecostés une a todos en una sola comuni´n. Una es la Iglesia de Cristo, su cuerpo, y así tiene que ser también en la familia, en la que los esposos son un solo cuerpo hasta la muerte.

La familia es santa, igual que la Iglesia, mediante sus objetivos de santificación y salvación de sus miembros. Los miembros de la familia, igual que los de la Iglesia, no son santos, pero el objetivo principal de la familia, al que sirve la gracia del matrimonio, es la obtención de la santidad. El punto de partida de la santidad de la Iglesia es Pentecostés, que llega hasta hoy también mediante el Sacramento del Matrimonio, punto de partida de la santidad de la familia.

La familia es católica porque abraza a toda la humanidad, y mediante ella se perpetúa esta humanidad. Así como Pentecostés fundó la Iglesia para la santificación universal de los hombres y del cosmos, también la gracia del Matrimonio funda la familia para la santificación de la humanidad entera. 

La familia es apostólica en el sentido de que es fundada por el Sacramento del Matrimonio instituido por el Salvador Jesucristo y transmitido por los Santos Apóstoles y mediante la sucesión apostólica hasta nuestros días. La verdadera sacramentalidad se descubre en la continuidad apostólica ininterrumpida, que une Pentecostés con cada Sacramento del matrimonio. En esta apostolicidad se celebra el Matrimonio de cada familia, porque solo mediante la apostolicidad se perpetúa Pentecostés.

El Sacramento del Matrimonio es, pues, el que lleva a la Iglesia al seno de la familia y, a la inversa, integra a la familia en el seno de la Iglesia. La gracia invocada en el Sacramento del Matrimonio sobre los novios es la que desarrolla este doble movimiento.

El acto de fundación de la Iglesia pequeña mediante el descenso de la gracia del Sacramento del matrimonio sobre la nueva familia, "el Pentecostés pequeño", revela en modo claro el sentido teológico ortodoxo de este Misterio, sentido que se aparta de cualquier concepción juridicista o juridizante del matrimonio y la familia cristiana. Todas los disposiciones canónicas que la Iglesia ha elaborado en el curso de su historia no son más que reflejos y concretizaciones de la enseñanza ortodoxa acerca del matrimonio y la familia cristiana, disposiciones que no solo son totalmente distintas de las concepciones precristianas, sino que también preservan a la Iglesia de todas las influencias negativas que de ellas se derivan.

De este modo, la doctrina canónica de la Iglesia en general, y la referente al matrimonio en particular, surge directa e inevitablemente de la enseñanza dogmática de la Iglesia. El mayor y más fácil error a la hora de afrontar los santos cánones es el de confundirlos o asemejarlos a previsiones jurídicas formales, ajenas a la fe cristiana.

El derecho canónico ortodoxo intenta extender la justicia del Reino de Dios en las realidades históricas de la Iglesia, y mediante ella sostener y proteger la verdadera fe. Nació de la tensión escatológica en la que se encuentra la Iglesia, de la tensión de los que se encuentra entre el "ahora" y el "siempre" y tienen necesidad de un camino, de cánones, para cumplir la Ley de Cristo. Todas las disposiciones canónicas referentes al Sacramento del Matrimonio y a la familia, que son el objeto del derecho matrimonial ortodoxo, siguen el mismo objetivo: fortalecer y proteger la fe ortodoxa y al mismo tiempo la elevación espiritual de los que, mediante la fundación de una familia cristiana, anhelan el Reino de los Cielos.

2. La indisolubilidad del Sacramento del Matrimonio

La Iglesia Ortodoxa enseña que el Sacramento del Matrimonio es un sacramento indisoluble: se celebra sobre los novios de una vez y para siempre. La indisolubilidad es en la práctica consecuencia de la unión entre hombre y mujer, no solo como unión en el plano humano, fisiológico, sino también en el plano espiritual, para lo cual los esposos reciben una gracia especial repartida mediante el Sacramento del Matrimonio. "Pero esta gracia no tiene que ser recibida de forma pasiva, sino desarrollada activamente entre ambos. Así, la indisolubilidad inherente a la naturaleza y rehecha mediante la gracia también es obra de la voluntad de ambos". Si la unión se hace solo en el plano humano, ambos se pueden aburrir rápidamente el uno del otro, pero si la unión tiene lugar en un nivel espiritual, las personas se revelan mutuamente en un amor inagotable, sostenido por la gracia del Sacramento del Matrimonio.

Por consiguiente, según las enseñanzas de los Santos Padres, el Sacramento del matrimonio no es un acto de un momento, que se cierra como un contrato, de una vez par siempre, sino un acto de crecimiento continuo, de responsabilidad recíproca, de fortalecimiento y salvación de todas las situaciones críticas mediante la ayuda y la colaboración con la gracia del Matrimonio.

Del mismo modo hay que entender también la indisolubilidad del Matrimonio, no como un acto estático que se sostiene en el pasado y que aprieta hasta ahogar, sino como un acto dinámico, vivo, como blanco que atrae y al que se llega mediante una lucha espiritual sostenida por la gracia del Sacramento del Matrimonio.

El mayor don que el hombre ha recibido de Dios es la libertad, y por eso la Iglesia no puede sofocar la libertad del hombre aunque esta pueda conducir al pecado o a la negación de Dios. Mucho más la indisolubilidad, como un trazo del Matrimonio, no puede sofocar la libertad de los esposos, incluso cuando conduce al fracaso.

Dios nos a dado una libertad plena, sin restricciones, incluso la libertad de negarlo a Él, sin que esta existencia suya sea puesta en peligro por nosotros. Del mismo modo la indisolubilidad tiene que manifestarse en una libertad plena, sin coacciones, incluso en la libertad de los esposos que la niegan, separándose, sin que esta indisolubilidad, como objetivo y trazo de la familia cristiana, se deshaga. Los esposos que se separan se niegan a ellos mismos, reconociendo el fracaso y el pecado, pero no niegan la indisolubilidad que no han alcanzado. Los que no coronan el Everest no pueden negar que este monte exista. En otras palabras, la indisolubilidad del matrimonio es vocación, no condición.

La indisolubilidad de la Iglesia pequeña es como el atributo de la santidad de la Iglesia grande, que es santa por su objetivo aunque se componga de fieles pecadores. Del mismo modo, también la Iglesia pequeña es indisoluble por su vocación, no por la voluntad de los esposos, sometida siempre al pecado. Así como nadie puede coaccionar a la santidad, tampoco nadie puede coaccionar para conservar la indisolubilidad. La indisolubilidad tiene valor solo mientras sea libremente asumida.

3. El divorcio

La verdad de lo que hasta ahora se ha dicho se ve también en el hecho de que el divorcio ha sido y es una realidad indiscutible de la vida humana. Nadie puede negar la realidad trágica del divorcio.

El divorcio es un pecado y una tragedia. Nadie lo quiere, nadie lo asume de manera libre, nadie lo defiende. Pero existe y no puede ser negado. El aspecto más interesante es que el divorcio no puede ser tampoco prohibido. Podemos prohibir los pecados asumidos de modo consciente, pero no los errores que intervienen de un modo imprevisible y no deseado. Prohibir el divorcio es un sinsentido, es como si se prohibieran los terremotos, o los incendios, o las inundaciones, o las enfermedades...

Una familia sana es indisoluble. La enfermedad más grave de la familia es el divorcio, mediante el cual la indisolubilidad no es anulada, sino solo abandonada. Los pecados de los fieles no deshacen el atributo de la santidad de la Iglesia; al contrario, acentúan el dolor de una santidad incumplida.

Todo médico quiere la salud y repudia la enfermedad. Pero al mismo tiempo el médico no puede prohibir la enfermedad, lo que sería absurdo. Por ese motivo la Iglesia Ortodoxa no puede ser absurda prohibiendo el divorcio, porque este no puede ser prohibido. La Iglesia solo puede advertir, prevenir o tratar la enfermedad del divorcio. La Iglesia puede de la mejor manera posible dirigir espiritualmente a los esposos para que estos, en un acto de amor responsable y sacrificial, colaboren con la gracia del Matrimonio y prevenir así todo fracaso.

No pocas veces se ha dicho de manera equivocada que la Iglesia Ortodoxa acepta el divorcio. ¡No! La Iglesia Ortodoxa no acepta el divorcio, como no puede aceptar el pecado, sino que consiente, tolera o reconoce el divorcio como una realidad dolorosa indiscutible. La curación de una enfermedad no empieza con su aceptación o negación impasible, sino con su reconocimiento, con su comprensión y con compasión hacia los enfermos para encontrar la medicina adecuada. Nadie ama la enfermedad, pero sí a los enfermos que tienen necesidad de un amor sin fisuras. Así se explica por qué la Iglesia Ortodoxa no está de acuerdo con el divorcio, pero lo reconoce sin aceptarlo en vista a la salvación de los que han sido alcanzados por esta tragedia. La Iglesia Ortodoxa no ama, sino que condena el divorcio, pero al mismo tiempo no condena a los divorciados, sino que los ama, no por su fracaso, sino porque la Iglesia siente que tiene una misión justo donde el drama es mayor.

Otro error es el de creer que la Iglesia Ortodoxa divorcia a los esposos o que deshace el Sacramento del Matrimonio. La Iglesia no deshace un sacramento, no deshace lo que Dios ha unido. La Iglesia solo hace una cosa: reconoce la realidad destructiva del pecado, y por tanto también del divorcio. Así pues, el llamado "divorcio eclesiástico" tiene un carácter de constatación, administrativo, pasivo, no litúrgico-sacramental, es decir, activo.

Si la Iglesia pudiera "deshacer" el Sacramento del Matrimonio, podría "deshacer" todos los demás Sacramentos; por ejemplo, podría "devolver" la Comunión a la realidad de pan y vino que tenía antes de la Liturgia, cosa que es más que absurda. La Iglesia no puede hacer algo "por el dorso", es decir, en contra de lo que hizo inicialmente. Solo los receptores de los actos sagrados, pero no la Iglesia, pueden obrar contra la gracia que se les ha entregado mediante los sacramentos, no como algo normal, sino como una anormalidad nacida del pecado.

Por ejemplo, nadie puede "deshacer" o anular el Bautismo realizado a un fiel. El Bautismo permanece indeleble. Pero, aun así, la persona bautizada puede caer de la gracia, puede dejar de colaborar con la gracia del Bautismo e incluso abandonar la Iglesia cuando pierde la fe. Pero el Bautismo no se le puede quitar a nadie, permanece presente mediante su gracia, aunque se vuelve ineficaz por la falta de colaboración. Por eso la Iglesia Ortodoxa no conoce la práctica de la "anulación" de ningún sacramento, y por tanto tampoco la práctica de la "anulación" del Matrimonio en ninguna situación.

Los esposos que se encuentran en una crisis espiritual -y no solo- pueden perder el amor mutuo y sacrificial, dejando de colaborar con la gracia del Matrimonio, se pueden separar, pero no pueden deshacer el carácter indisoluble del sacramento. La gracia del Matrimonio permanece, aunque en una ineficacia dolorosa, mediante el rechazo a colaborar con ella. Este estado se asemeja al icono de Cristo que llama a una puerta que ya no quiere abrirse. Este es el gran drama del divorcio.

4. El nuevo matrimonio

En un matrimonio infeliz seguido de divorcio, la tragedia de los esposos separados le plantea a la Iglesia una pregunta muy complicada: ¿qué hacer ante tales situaciones? ¿Cómo ayudar a la salvación de ambos?

Desde el principio hay que decir que la tragedia de los esposos separados es también una tragedia de la Iglesia. Ante estas situaciones, la Iglesia no puede permanecer impasible ni inmutable. La respuesta a la pregunta arriba planteada se encuentra en la práctica de la Iglesia primitiva, antes de la división.

Así, según el principio de economía, la Iglesia ha escogido entre dos situaciones indeseadas: o rechazar a los esposos divorciados como quienes han perdido la salvación, o reintegrarlos en la Iglesia tolerando o consintiendo un nuevo matrimonio. Entre estas dos opciones, la Iglesia ha escogido el mal menor, es decir, tolerar el nuevo matrimonio de los divorciados.

El primer caso, el mar mayor, no se podía aceptar, porque la Iglesia no puede cerrar la puerta de la salvación a nadie. Dicho de otro modo, en la Iglesia no se puede decir nunca: "¡No existe posibilidad alguna!". Algo así no se puede oír más que en la prisión, donde la libertad del hombre está totalmente limitada.

Cuando los esposos no pueden reconciliarse definitivamente, sino que el divorcio se ha convertido en una enfermedad incurable desde el punto de vista humano, la Iglesia debe encontrar una nueva vía de salvación. Por eso la Iglesia ha tolerado el nuevo matrimonio, como remedio amargo para situaciones límite, basándose en el principio de economía.

El principio de economía es un principio fundamental de la Iglesia, mediante el cual la autoridad eclesial tiene la libertad de "pisar" un canon o una disposición eclesial, solo cuando el respeto de estos produciría un gran mal. La economía no es una regla en sí misma, sino de hecho una disposición mediante la cual se puede recurrir a excepciones con el objetivo evidente de la salvación de los fieles. La excepción no puede conducir a la destrucción de la ley, sino a evitar ahogar la libertad de los fieles cuando la letra mata. El principio de economía puede llamarse también principio de la aplicación en espíritu de las leyes eclesiales, o principio de la libertad y de la responsabilidad pastoral.

Por este motivo, la excepción no puede ser admitida más que una vez, o como mucho dos, pues, de lo contrario, su repetición ilimitada la transforma en una regla contraria a la inicial. Por eso el nuevo matrimonio es aceptado una vez o, como mucho, dos, para que no se convierta en una regla sin límites, sobre todo porque eso significaría el alejamiento consciente del espíritu de la Iglesia. Este es el sentido teológico-canónico del Concilio de Constantinopla del año 920, mediante el cual se prohibió la tetragamia.

El principio de economía está bien reflejado en la Sagrada Escritura, pues el mismo Salvador lo siguió muchas veces; por ejemplo, cuando escogió la salvación del endemoniado a costa de una gran pérdida material (el ahogo de los cerdos) o cuando muestra a las vírgenes sabias que no tienen compasión a la hora de negar el aceite de las lámparas para evitar que se malgastara o se perdiera totalmente, etc. En cuanto al matrimonio, el Salvador defiende su indisolubilidad, pero no podemos ignorar las palabras "excepta fornicationis causa" (Mt. 5,32), que son la base del principio de economía, como excepción a la regla.

El principio de economía está bien presente en los Santos Padres y puesto de relieve en toda la historia de la Iglesia, sobre todo en el I Concilio Ecuménico (Nicea, 325), donde los cátaros o puritanos exclusivistas son rechazados por la Iglesia (canon 8). La Iglesia no puede ser exclusivista, sino misericordiosa. La tolerancia de un nuevo matrimonio tiene que ser vista como excepción a la regla de la indisolubilidad del matrimonio en base a la misericordia sin fin de Dios. La excepción fortalece la regla, la indisolubilidad sigue siendo un atributo esencial de un matrimonio verdadero, aunque la Iglesia tolera el mal menor del nuevo matrimonio.

La Iglesia tolera porque no puede obligar a actos que lesionan la libertad del hombre. La Iglesia tiene que amar con el amor sin fin de Dios, porque el amor de Dios hacia el mayor de los pecadores sobrepasa con creces el amor del mayor de los santos hacia Dios.

Hay que añadir que el principio de economía no es un favor ni una recompensa, sino una solución de necesidad; por eso la Iglesia Ortodoxa no ha utilizado nunca el término "privilegium" tomado del derecho romano. Nadie puede ser privilegiado en la Iglesia, nadie puede verse favorecido en la obra de la salvación. Este hecho se ve también en que el oficio eclesiástico del segundo Matrimonio tiene un carácter de arrepentimiento que se lleva a cabo tras un período de arrepentimiento o una "penitencia" determinada, y que no es un "sacramento", sino una "hierurgia" con un carácter enormemente penitencial.

Permítanme que concluya con una pregunta sincera (espero no ser mal entendido): ¿El año 2016, año de la misericordia, no podría traer mucha más misericordia hacia los vueltos a casar? Si los que han cometido un aborto pueden ser perdonados, ¿no pueden participar también del perdón los vueltos a casar? ¡Roguemos a Dios que nos ayude!

Dr. Irimie Marga

martes, 29 de marzo de 2016

La plataforma española MasLibres.org organizará en la sede de la ONU el segundo Congreso Internacional Todos Somos Nazarenos


La plataforma MasLibres.org en defensa de la libertad religiosa ha escogido la sede de Naciones Unidas en Nueva York para celebrar los próximos 29 y 30 de abril el segundo congreso ‘Todos somos Nazarenos’ (#WeAreN2016) sobre cristianos perseguidos.

Así lo ha anunciado el portavoz de MásLibres.org, Miguel Vidal, que ha asegurado que participarán en el Congreso víctimas directas de la persecución yihadista, obispos de diócesis devastadas por el terrorismo fundamentalista, miembros del Parlamento Europeo y expertos en libertad religiosa.

En concreto, está prevista la presencia de la familia de la cristiana Asia Bibi, condenada a muerte por blasfemia; el padre Douglas Al-Bazi, secuestrado durante nueve días por el Estado Islámico, el padre Rodrigo Miranda, misionero en Siria; el obispo de Kafancham (Nigeria), monseñor Joseph Danlami Bagobiri; los padres de Kayla Mueller, una joven cooperante asesinada por el IS y Sami Sleman, un yazidi secuestrado también por el Estado Islámico.

Asimismo, y durante las dos jornadas, se debatirá sobre cuáles son las soluciones a conflictos como los de Siria o Nigeria o qué se puede hacer desde Occidente para ayudar de una manera eficaz a los cristianos perseguidos y se elaborará el Manifiesto #WeAreN2016.

En este sentido, el programa del segundo Congreso ‘Todos somos Nazarenos’ ya está disponible en la página web de MásLibres.org.

El Congreso está organizado por MasLibres.org, plataforma creada en 2011 con el objetivo de defender la libertad religiosa, y por la organización internacional CitizenGO.



Fuente: www.actuall.com

The Ukrainian Greek Catholic Church thanks its Orthodox brethren


We, Greco-Catholic bishops, clergy, and lay people, scholars and researchers from various countries, express our sincere gratitude and recognition for your letter in which you rightly call this gathering [N.B. the "Lviv Sobor of 1946"] a "pseudo-synod."

You call upon the Orthodox hierarchy in Russia and Ukraine to "recognize the invalidity of the tragic decisions" and assure the Ukrainian Greco-Catholic Church (UGCC) of your solidarity and prayer "for all the innocent victims of this Church who were imprisoned, tortured, deported and assassinated by the Soviet government with the complicity of the Patriarchate of Moscow."

The Lord is the God of peace, and therefore a sense of earthly peace gives us a vivid foretaste of the Kingdom of Heaven. When we reconcile with one another, it can be said that we confirm the continuing power of Christ’s words: "So if you are offering your gift at the altar, and there remember that your brother has something against you, leave your gift there before the altar and go; first be reconciled to your brother, and then come and offer your gift" (Matt 5:23–24). This year your Easter gift will be dear to the Lord. We hope that He also gives us His mercy.

We sincerely admire your courage, because it is difficult to be the first — and it is even harder to remain alone. One can always encounter suspicion and mistrust from the other side and misunderstanding and lack of support from one’s own. We are convinced that your Appeal reflects the true opinion and convictions of many Orthodox throughout the world. So today we remember with gratitude all those individual expressions of compassion, understanding, and solidarity with the Church that was condemned to silence; these expressions resounded throughout all the previous decades and still sound today. Almost simultaneously with your Appeal, the Press Centre of the Ukrainian Orthodox Church (Kyivan Patriarchate) said that they "share the grief of the Ukrainian Greco-Catholics through the suffering and loss that they suffered as a result of Soviet repressions." Both of these initiatives appeared within the context of the recent pursuit of Eucharistic unity between Orthodox and Greco-Catholics, which began last year at the proposal of the Sobor of the Kharkiv-Poltava Eparchy of the renewed Ukrainian Autocephalous Orthodox Church.

Our answer can best to put into words as: "We forgive and ask forgiveness." These were the same words with which exactly 50 years ago Polish bishops appealed to German bishops, and which have since become the main formula of the European culture of understanding. In the Ukrainian Greco-Catholic Church, this formula was first heard in 1987 from the then head of the Church, Cardinal Myroslav Ivan Lubachivsky, and confirmed on various occasions by the Church’s subsequent primates.

Of course, it is hard not to notice that the official position of the Church that was an instrument of persecution of the Greco-Catholics in the hands of the godless totalitarian regime is still a position of overt reluctance to accept the facts and of denial regarding historical reality. The history of the persecution of the UGCC continues to be falsified following the example of Stalinist secret directives and becomes an instrument of neo-imperial ideological propaganda, and even of a hybrid war waged on the territory of Ukraine by those who build their so-called "Russian World" ("Russkiy mir") by assuming a monopoly as the sole voice of "Orthodox civilization." The world of true civilization, however, cannot be built on hatred, violence, and a distortion of historical truth; such a pseudo-civilization, such a pseudo-world, has no future. Let all those who succumb to the temptation to replace the internal truth by external force remember this.

However, we know that "God’s mills grind slowly," and for this reason we believe that false ideological constructions will sooner or later fall. The power of Christ did not depend on whether He had the backing of the government or political influence, but rather His power came from the fact that He sowed the Word of eternal life and testified to the Truth. Inspired by the example of our Saviour, we hope and believe that your Appeal will be the mustard seed of the Gospel that grows exceedingly. It opens up the possibility in the near future for Orthodox and Greco-Catholics to realize that for which we pray every year in the stichera of the Easter services: "The day of Resurrection; let us be radiant for the festival, and let us embrace one another. Let us say, brethren…"

Nevertheless, we cannot move forward with a head facing backwards. Our relations are marked by centuries of bitter religious polemics and the still fresh conflicts of recent decades — conflicts that divided communities and even individual families. Today we must once and for all abandon this style and way of explaining our relationships, leaving the past to historians and to almighty God, Who is the best healer of our minds and hearts. Talking about the past should take place in a calm and friendly atmosphere of mutual search for the objective truth, on the basis of scholarly methodology, academic honesty, and responsibility. But the ultimate goal of such a dialogue should not be mere clarification of historical truth. We are called to a greater goal — the unity of Christ’s Church.

In the past, each side sinned by seeking not necessarily true unity in love, but rather an absorption of the other side into itself, while the other was treated not as a community of brothers and sisters in Christ, but as an adversary, sometimes even as an enemy. Such absorption was disguised as a "reunification," and was, in fact, nothing but the ill-famed "uniatism" that both Catholics and Orthodox condemned as an inappropriate method for Church union. Our communities have gone down their own historical paths and have different experiences of Church life. Until now it was the cause of our conflict, but it may in fact become the basis for our mutual enrichment. Let this be our pledge of brotherly love and unity that Christ commanded us. By adhering to this unity, we are to witness to the world the essence of our faith and fidelity to our common tradition.

Orthodox brothers and sisters, your letter helped us to transcend our pain and experience this sad anniversary of the pseudo-sobor with a sense of hope. We hope that our mutual appeals, to which our other co-religionists are free to join, will be the foundation for our future work together. May the Holy Spirit heal our historical wounds and guide us toward forgiveness, reconciliation, and true union in Christ, who by His resurrection conquers death and gives us all hope for eternal life.

Kyiv, 17 March 2016

On behalf of the participants of the International Conference "The Power of Faith Against the Violence of Authorities: Greek Catholics in Central and Eastern Europe in the Context of Persecution by Totalitarian Regimes after the Second World War" held at the Taras Shevchenko National University of Kyiv on 17 March 2016, and researchers of this issue:

+ Sviatoslav (Shevchuk), Head of the Ukrainian Greek Catholic Church, Kyiv

+ Bohdan (Dziurakh), Secretary of the Synod of Bishops of the Ukrainian Greek Catholic Church, Kyiv

+ Borys (Gudziak), Eparch of the Ukrainian Catholic Eparchy of Sant Volodymyr the Great of Paris

+ Vasyl (Tuchapets), Exarch of Kharkiv of the Ukrainian Greek Catholic Church, Kharkiv

Fr. Bohdan Prah, Rector of the Ukrainian Catholic University (UCU), Lviv

Fr. Iwan Dacko, President of the Institute of Ecumenical Studies at UCU, Lviv

Myroslav Marynovych, President of the Institute of Religion and Society of UCU, Lviv

Oleh Turiy, Chair of Church History at UCU, Lviv

Volodymyr Tylishchak, Vice-Director of the Ukrainian Institute of National Remembrance, Kyiv

Fr. Peter Šturák, Dean of the Greek Catholic Theological Faculty of the University of Prešov, Slovakia

Fr. Yury P. Avvakumov, Professor of Historical Theology of the University of Notre Dame, USA

Igor Hałagida, Professor of the University of Gdańsk, Poland

Fr. Andriy Mykhaleyko, Visiting Professor of Church History, Catholic University of Eichstätt/Ingolstadt, Germany

Svitlana Hurkina, Director of the Institute of Church History at UCU, Lviv

Daniel Galadza, Post-Doctoral Assistant, Institute of Historical Theology, University of Vienna, Austria

Fr. Taras Bublyk, Researcher at the Institute of Church History at UCU, Lviv

Volodymyr Moroz, Religious Studies, Ternopil

Iryna Fenno, Assistant of the Department of Religious Studies of the Taras Shevchenko National University of Kyiv

Olga Zbrozhko, Researcher of the Center for Research of the Liberation Movement, Lviv

Anatoly Babinski, Editor of the journal "Patriarkhat", Lviv




2015, an negru pentru creștinii din lume


Indexul mondial al creştinilor, publicat anual de ONG-ul „Open Doors” (Porţi deschis), arată că 7.100 au fost ucişi anul trecut, în creştere cu 63% în numai un an. Iar numărul bisericilor distruse s-a dublat.

De la martiriul copţilor din Egipt executaţi de organizaţia islamistă Statul Islamic la masacrul din Garissa, în Kenya, comis de gruparea armată teroristă Shebaab, trecând prin distrugerea bisericilor în Niger, 2015 a fost un an negru pentru creştini. „Cu fiecare an acest număr al morților nu încetează să crească, evidenţiind intensificarea persecuţiei contra creştinilor în lume: 1.202 morţi în 2012, 2.123 morţi în 2013 şi 4.344 în 2014.

Organizaţia „Open Doors” defineşte persecuţiile comise faţă de un creştin ca „orice fel de ostilitate comisă în lume din cauza identităţii sale creştine” şi precizează că „maltratarea, tortura fizică, detenţia, izolarea, violul, pedeapsa severă, închisoarea, sclavagismul, discriminarea în educaţie sau la muncă, ori chiar moartea nu sunt decât câteva exemple de persecuţie care se produc zilnic”.

Dincolo de cifre se află realităţi crude, iar ONG-ul precizează că aceste date, care provin din informaţii din teren, de pe Internet şi din presă, „nu privesc decât asasinatele creştinilor dovedite în mod cert” şi subliniază că „sunt sub cifrele realităţii”. Peste 4.000 de creştini au fost ucişi doar în Nigeria, în special în nordul ţării, sub efectul acțiunilor grupului jihadist Boko Haram. Este menţionat şi masacrul din Garissa, în Kenya, unde un atac terorist al somalezilor grupării Shebaab a ucis 147 studenţi şi profesori într-o universitate. Jihadiştii au declarat că au vizat creştinii, punând studenţii să recite din Coran pentru a-i departaja de musulmani.

Distrugerea bisericilor

În „indexul mondial de persecuţie a creştinilor”, publicat anual din 1997, Open Doors prezintă harta celor 50 de ţări unde credinţa catolicilor, protestanţilor şi ortodocșilor este considerată a fi cea mai ameninţată. Numărul „bisericilor vizate” – atacate, distruse, jefuite, închise, confiscate – s-a dublat într-un singur an, trecând de la 1.062 în 2014 la 2.406 în 2014, din care 1.500 în China. Şi după ce în ianuarie 2015 a apărut în Charlie Hebdo caricatura reprezentându-l pe Mahomed, numeroase biserici au fost incendiate sau distruse în Niger. Extremismul islamic este prima cauză de persecuţie, care „este în creştere”, arată această organizație.

Anual, după 1970, Open Doors SUA, organizaţie de apărare a drepturilor omului, stabileşte, de asemenea, lista celor 50 de ţări în care persecuţiile creştinilor sunt cele mai violente. În acest an, World Watch List relevă că din zece ţări unde creştinii sunt supuşi unor „persecuţii extreme”, nouă au o populaţie musulmană în proporţie de cel puţin 50%. Mai mult, 40 din cele 50 de ţări aflate pe listă au o populaţie majoritar musulmană şi creştinii suferă din cauza islamismului radical, cauza cea mai recurentă a persecuţiei lor.

Astfel, Coreea de Nord, cu regimul său comunist, deţine primul loc în acest trist clasament pentru al 14-lea an consecutiv şi asta din cauza unei „religii atee” de stat care proscrie orice altă religie. La 40 km de Seul, simpla deţinere a unei Biblii te poate duce direct într-un lagăr de muncă. Următoarele nouă ţări, în ordinea pericolului pentru creştini, sunt Somalia, Irak, Siria, Afghanistan, Sudan, Iran, Pakistan, Eritreea şi Nigeria.

Extremismul islamic

Potrivit Open Doors, extremismul islamic rămâne „prima sursă de persecuţie” în 35 din cele 50 de ţări din clasament. „Influenţa extremismului islamic – şi în special al grupului Statul Islamic – are ca efect o radicalizare a societăţilor musulmane, chiar în Kurdistanul irakian, adăpost precar pentru 120.000 refugiaţi creştini”, precizează autorii raportului. „Consecinţa este o respingere din ce în ce mai mare a oricărei prezenţe creştine, nu numai din partea jihadiştilor, dar şi a întregii societăţi, care s-a raliat unei viziuni fundamentaliste a Islamului”.

Asociaţia notează şi „refuzul de a coexista cu creştinii” din ce în ce mai acut în Orientul Mijlociu, în Africa, în Asia şi în America Latină. „Niciodată nu am asistat la o astfel de migraţie a creştinilor”, arată organizația, „în Siria, Nigeria, Kenya sau Eritreea, oraşe şi regiuni întregi sunt golite de populaţiile lor creştine”. Orientul Mijlociu rămâne regiunea cea mai periculoasă pentru creştini, în special în zonele controlate acum de Statul Islamic. Peste 70% din creştinii irakieni au părăsit ţara după invazia americană din 2003 (înainte de război, Irakul avea cea mai mare comunitate de creştini din regiune), în timp ce peste 700.000 creştini au părăsit Siria după declanşarea războiului care a făcut ravagii.

Creştinii din Orientul Mijlociu sunt supuşi unor persecuţii neegalate de cel puţin un mileniu, potrivit studiului think-tank-ului american Pew Research Center. Aceste persecuţii sunt la originea unei îngrijorătoare hemoragii în regiune, în ultimii ani proporţia creştinilor scăzând de la 14 la 4%. Una din responsabilităţile majore revine expansiunii spectaculoase a Statului Islamic, organizaţia jihadistă considerând creştinii drept inamicii săi de moarte, în special din cauza politicilor duse în statele musulmane de „cruciaţi”, adică ţările occidentale cultural creştine.

Din nefericire, creştinii din Orient nu au aşteptat Statul Islamic pentru a fi supuşi persecuţiilor, după cum o dovedeşte diminuarea alarmantă a acestei comunităţi, subliniată în raportul Pew Research Center. Săptămâna trecută, New York Times publica un raport asupra prezenţei creştine în Orientul Mijlociu precizând că nu mai există decât o treime din cele 1,5 milioane de creştini care trăiau încă în Irak în 2003, iar în Siria 200.000 de creştini din totalul de 600.000 au fugit după începerea războiului civil.

Guardian a publicat, la rândul său, zilele trecute un studiu cu acelaşi subiect, aplicat lumii întregi. Deteriorarea condiţiilor de viaţă ale creştinilor în minimum 55 de ţări l-a determinat pe Papa Francisc să vorbească despre un „genocid” contra creştinilor din lume. „În acest al treilea război mondial care se organizează puţin câte puţin, constatăm că o formă de genocid este pe cale să fie instalată şi trebuie să înceteze”, a declarat Suveranul Pontif în recentul său turneu în America de Sud.

De partea sa, Comisia asupra libertăţii religioase în lume (USCIRF), care consiliază guvernul american, a emis o listă de opt ţări care îngrijorează cel mai mult. Din cele opt, şapte au o populaţie majoritar musulmană şi Comisia afirmă că este urgentă distrugerea grupurilor islamiste ca Statul Islamic şi Al Qaeda, pentru a combate persecuţia religioasă în lume. În Orientul Mijlociu, „creştinii suferă o ameninţare existenţială”, a susţinut Anna Eshoo, deputat democrat american, constatare care se aplică şi Africii, unde ascensiunea în putere a islamiştilor grupului Boko Haram ameninţă dramatic creştinii.

Distrugerea patrimoniului

Statul Islamic a demolat cea mai veche mânăstire creştină din Irak. Confirmând temerile autorităţilor religioase, sanctuarul Saint-Elie din Mossul, construit în urmă cu 1.400 ani, a fost demolat de jihadişti, acest loc de cult alăturându-se listei în creştere a siturilor religioase şi istorice masacrate sau reduse la cenuşă.

Edificiul supravieţuise unor secole de catastrofe naturale şi jafurilor. Generații de călugări s-au rugat în capelă la lumina lumânărilor. Pe poarta de intrare, fuseseră scrijelite literele greceşti „chi” şi „rho”, reprezentând primele două litere din numele lui Christ. „Nu îmi pot ascunde tristeţea, declara pentru AFP reverendul Paul Thabit Habib, nativ din Mossoul, şi adăuga: „Istoria noastră creştină la Mossoul este victima unei barbarii neegalate niciodată. Vedem asta ca pe o tentativă de a ne expulza din Irak şi eliminarea existenţei noastre de pe acest pământ”.

Numit în Biblie „marele oraş”, Mossoul nu este singurul loc care a suferit distrugeri de acest fel. Regimentul „piraţilor care nu au nimic de-a face cu un stat”, cum numeşte Joann Sfar Statul Islamic, s-a dedat la acte de distrugere în numeroase situri antice în Siria şi în Irak şi a ucis deja mii de civili şi constrânge sute de mii de creştini să fugă din regiuni unde erau instalaţi de aproape 2.000 de ani.

Statul Islamic ameninţă cu exterminarea

Şeful Bisericii Anglicane, Justin Welby, episcopul de Canterbury, avertizează că jihadiştii Statului islamic ameninţă cu exterminarea creştinilor din Orientul Mijlociu, leagănul unde s-a născut credinţa lor. Liderul spiritual al anglicanilor şi-a exprimat via preocupare pentru soarta creştinilor din Orient, expuşi exceselor jihadiştilor SI: „Ei urăsc distincţiile, fie că este vorba de musulmani care au idei diferite sau de creştini. Ei ameninţă să extermine creştinii chiar în această regiune unde s-a născut creştinismul”.

Creştinii din Orient, fie că este vorba de copţii din Egipt sau de diversele biserici din Irak, Siria sau Liban, erau prezenţi înaintea cuceririi musulmane în acest Orient Apropiat, dar acum observatori şi analişti se întreabă dacă Orientul Mijlociu, leagănul creştinismului, nu va deveni într-o zi mormântul său.

Creştinii sunt din ce în ce mai puţini în Orientul Mijlociu. În trecut ei se aflau sub protecţia liderilor locali – Hosni Mubarak în Egipt sau Muammar Gadhafi în Libia, dar după înlăturarea lor propagarea ideilor islamiste a pus în pericol chiar existenţa creştinilor în regiune, aceştia fiind siliţi să se convertească la Islam sau să fugă. Rămaşi fără protecţie, ameninţaţi cu chinuri cumplite, crucificări sau decapitări, creştinii din Siria şi Irak şi-au părăsit locurile natale, fugind de un Islam fanatic.

Statul Islamic practică represiunea faţă de toate minorităţile religioase – creştini, yezidi şi sunniţi care resping interpretarea sa a Islamului. Papa Francisc, îngrijorat de violenţele comise în Irak şi în Siria, unde creştinii sunt decapitaţi sau convertiţi cu forţa de jihadiştii SI, pledează pentru încetarea torturilor şi persecuţiilor la care sunt supuşi creştinii în Orientul Mijlociu.

Un mozaic religios

Pentru occidentalul obişnuit, mozaicul religios din Orientul Mijlociu este surprinzător şi la originea acestor diviziuni găsim controversele asupra naturii lui Christos care au agitat Bisericile din secolul al V-lea şi factorii politici, culturali şi umani. Bisericile din Orient regrupează Biserica coptă, cu circa 4-5 milioane de fideli în Egipt şi diaspora şi 250.000 copţi catolici, Biserica Maronită cu circa 4 milioane de credincioşi, din care 400.000 în Liban, Biserica greacă ortodoxă, care cuprinde circa 2 milioane de fideli în Egipt, Liban, Siria, Palestina, Iordania şi diaspora, Biserica armeană şi Biserica soră catolică, cu circa 4-6 milioane în Armenia şi în ţări din fosta URSS. În Siria, Irak, Turcia şi Liban găsim Biserica siriano-ortodoxă (250.000 credincioşi) şi circa 100.000 în Biserica sa soră catolică. În Irak, Siria şi Iran, în India şi în diaspora găsim Biserica asiriană din Orient, care cuprinde 300.000 de fideli şi aproape 1 milion de chaldeeni, ramura catolică. Sunt cunoscuţi sub numele de asiro-chaldeeni şi sunt cei atinşi de masacre între 1015 și 1919. Cei numiţi astăzi asiro-chaldeeni sunt, la origine, moştenitorii prestigioasei Biserici a Orientului, numită multă vreme „nestoriană” sau Biserica Mesopotamiei. Naşterea acestei ramuri a creştinismului ţine de geopolitică. Situată în Imperiul Persan sassanid, adesea în război cu Imperiul Otoman, a devenit dificil pentru această Biserică, după conversia Imperiului Roman la creştinism, să se ataşeze patriarhului de Antiohia. Din acest motiv, în anul 410, Biserica Mesopotamiei s-a declarat autocefală.

Lanţ de schisme

Abia în secolul al V-lea ea a dat un conţinut teologic acestei separări, refuzând să recunoască acel Conciliu convocat în 431 la Ephese. În Evul Mediu, a practicat o mişcare misionară până în India şi China, iar membrii săi au jucat un rol important la curtea primilor califi abbasizi.

În secolul al XVI-lea, după o schismă, Biserica Mesopotamiei s-a divizat în două ramuri, una rămasă autocefală (Biserica assiriană a Orientului) şi una catolică, ataşată Romei, Biserica chaldeeană. Din secolul al XIX-lea, toţi membrii Bisericii Mesopotamiei, catolici sau nu, sub influenţa occidentală, afirmau că descind din locuitorii anticilor şi prestigioaselor imperii assirian şi babilonian (chaldean). Limba liturgică comună şi culturală a tuturor assiro-chaldeenilor este arameica creştină. Patriarhul recunoscut de cea mai mare parte a comunităţii este instalat la Chicago şi sediul patriarhului Bisericii chaldeene este la Bagdad.

Țintă. Obsesia pentru Roma

Într-un video de propagandă, Statul Islamic a pus în scenă soldaţi-copii care jură că vor merge la Roma, să reducă femeile la statut de sclave. Nu este pentru prima oară când organizaţia teroristă consideră Roma drept capitala civilizaţiei iudeo-creştini. În spate, se află mesajul că alegerea specifică a Romei este un atac direct contra inimii creştinătăţii. Este a doua oară când SI face referire la „Roma” ca fiind un obiectiv al Jihadului. Retorica nu vizează capitala Italiei în sine, ci simbolul pe care îl reprezintă pentru creştinism şi mulţi analişti se întreabă dacă SI, făcând referinţă la simbolurile creştine , ne îndreaptă spre o logică a cruciadei. Cruciadă în sens invers. Când creştinii plecau să „elibereze” locurile sfinte, în special Ierusalimul. Dar cruciadele - oricum condamnabile – erau ordonate de oameni – regi sau Papi –, şi nu de texte sfinte, în timp de Jihadul este „o datorie” prescrisă de Dumnezeu prin Coran. Şi Jihadul are ca scop stabilirea califatului pe întreaga planetă.


Sursă: www.e-communio.ro