lunes, 30 de enero de 2017

"Reconciliación: el amor de Cristo nos apremia". Homilía del P. Demetrio Sáez en la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos de Móstoles (Comunidad de Madrid)


RECONCILIACION: EL AMOR DE CRISTO NOS APREMIA 

Muchas situaciones humanas son tan complejas, tan difíciles de resolver, tan pesadas, tan angustiosas, que sólo existe una salida: perdonar. El problema que se presenta hoy en muchos cristianos es la falta de dimensión ascética. Como Cristo ha pagado ya por nuestros pecados, podemos hacer lo que nos plazca. El pensamiento actual es: "¡Es que yo soy así, porque es como Dios me ha hecho y como Dios me ama, él me perdona, por lo que no tengo porqué cambiar de vida!". Ante la ofensa de una persona de este tipo, la reacción inmediata es la venganza, pero la venganza agrava el problema. No hay que permitir, como dice Evagrio el Póntico, que el demonio se ría dos veces: la primera cuando nos ofenden y la segunda cuando nos vengamos. Además, si aplicáramos el conocido "ojo por ojo", pronto toda la humanidad estaría tuerta. Sólo con el perdón es cómo podemos romper la cadena de represalias y venganzas mutuas y de la amargura autodestructiva. Sin perdón no hay esperanza de comenzar de nuevo. 

Un buen ejemplo de esto fue un venerable sacerdote griego, el P. Papastavros, que durante la ocupación alemana y la posterior guerra civil en Grecia, había visto morir en condiciones trágicas a sus padres, sus hermanos y hermanas, su mujer y sus hijos, excepto el más pequeño. Pasado el tiempo, cuando le preguntaban a éste último por la situación de su padre, contestaba: "mi padre ahora es libre, porque ha perdonado a todos". San Silvano del Monte Athos decía: "Allí donde está el perdón, está también la libertad. 

Y sin embargo ¡qué difícil, qué dolorosamente difícil es perdonar y ser perdonado! No es pues de extrañar la importancia crucial que se le da al perdón en la oración que el mismo Cristo nos enseñó: de las 57 palabras que tiene el Padre Nuestro en griego, 14, es decir, la cuarta parte, se refieren al perdón otorgado y recibido. En una oración tan completa, tan concisa, esto llama la atención. Si el Señor nos apremia tanto sobre el perdón en la oración que nos transmitió, es porque no puede haber verdadera oración si no hay espíritu de perdón. 

En la interpretación patrística del Padre Nuestro, uno de los temas dominantes es el de la unidad de toda la humanidad. No decimos "Padre mío que estás en los cielos" ni tampoco "dame mi pan de cada día". Cada uno de nosotros no pedimos individualmente el perdón de nuestras ofensas ni que nos libre del mal. Nuestra plegaria es pública y común. Cuando rezamos no lo hacemos por una sola persona, sino por todo el pueblo, porque uno solo es el pueblo de Dios. Esta percepción de nuestra unidad humana encuentra su fundamento en la doctrina cristiana sobre Dios: creemos en un Dios que es Trinidad; creemos en un Dios que no es sólo un Dios personal, sino interpersonal; creemos en la comunión que existe entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Como consecuencia, los humanos somos salvados no aisladamente, sino en comunión los unos con los otros. 

Cuando le decimos a Dios "perdónanos", le estamos pidiendo el perdón no sólo por nuestros pecados personales, sino por todos los pecados que son comunes a nuestra naturaleza, porque toda la raza humana es heredera de Adán. . Aunque estuviéramos exentos de pecados personales, cosa que nadie puede pretender, todos participamos de la naturaleza de Adán y, por lo tanto, de las consecuencias de su caída. Así, pidiendo el perdón, ponemos nuestra voluntad en armonía con el resto de la raza humana, mientras que si rechazamos el perdón nosotros mismos nos separamos del resto de la humanidad. Existe una solidaridad mística que nos une los unos a los otros. Ninguno de nosotros cae sólo, sino que arrastra a los demás en su caída, de la misma manera que tampoco es perdonado y salvado sólo. El perdón no es solitario, sido solidario. 

En la petición de reconciliación entre Dios y nosotros y entre nosotros mismos, hay una palabra a la que no damos importancia y que, sin embargo, es la clave de nuestra salvación: me refiero al adverbio "cómo". Con esta palabra nos aplicamos a nosotros mismos con un rigor absoluto aquellas otras palabras de Cristo: "Con la medida que midiereis, seréis medidos". Es como si estuviéramos dando instrucciones a Dios de cómo actuar: "si yo no perdono a los otros, le estamos diciendo, tampoco tú me perdones a mí". En ningún otro lugar, en ninguna otra plegaria le estamos dando a Dios una orden así. 

En realidad no estamos negociando con Dios, sino que se trata de lo que podríamos llamar una "inversión de imitación"; es decir, si nosotros estamos llamados a imitar a Dios y sólo él tiene el poder de perdonar los pecados, lo único que debemos hacer es perdonar a los demás si queremos ser imitadores de Dios. Este sería el esquema normal, pero san Gregorio de Nisa propone una interpretación, y así lo dice él, más atrevida: invertir los términos, es decir, servir nosotros de ejemplo a Dios; en lugar de ser nosotros los imitadores que sea él quien nos imite a nosotros. Sería como decirle:" Lo que yo he hecho hazlo tú también; imita a este siervo tuyo, Señor. Como yo he perdonado, perdona tú también y así como practico la caridad con mi prójimo, imita tú también este amor, tú que por naturaleza eres el amor misericordioso". Este es el verdadero significado del adverbio "como". Porque ¿qué pasaría si Dios nos perdonara de la misma manera que lo hacemos nosotros? 

El perdón no solamente debe ser ofrecido, sino también aceptado. Dios llama a la puerta del corazón humano, pero no fuerza la cerradura, se queda esperando a que le abramos desde el otro lado. No es que Dios no esté deseoso de perdonar, sino que si por nuestra parte endurecemos nuestro corazón y negamos a los otros el perdón, nos quedamos excluidos del perdón divino. Cerrando nuestro corazón a los demás, se lo cerramos a Dios; rechazando a los otros, le rechazamos también a él. Si no perdonamos, nos situamos fuera del movimiento de amor que nos libera. Dios no nos excluye de su perdón, nos excluimos nosotros. 

Por otra parte, el que perdonemos a los demás no es la causa, no es la razón del perdón de Dios hacia nosotros, sino la condición sin la cual el perdón divino no puede penetrar en nuestro interior. El perdón de Dios es un don que jamás podríamos alcanzar por nuestros propios medios, así que lo que de verdad cuenta no son tanto los méritos que le presentemos al Señor, sino la disposición con que nos presentemos ante él. Me viene a la memoria el recuerdo de Santa María la Egipcia que, cuando se vio pecadora se marchó al desierto a llorar el resto de su vida, no para ablandar a Dios con sus lágrimas y obtener el perdón, tampoco para hacer penitencia, sino por amor a Dios que la había liberado y por el conocimiento que tuvo de lo que era el pecado en toda su realidad y en el que ya no quería volver a caer. 

Nuestra relación con Dios y nuestra relación con nuestros semejantes son tan interdependientes que, como vuelve decir san Silvano del Monte AThos: "nuestro hermano es nuestra vida". Esto es verdad en sentido ontológico, no en el sentimental: el amor a Dios y el amor al prójimo no son dos amores, sino uno sólo. Todo lo que hagamos, nos advierte san Cipriano de Cartago, los sufriremos nosotros mismos; por eso, al decir "perdónanos como nosotros perdonamos" estamos poniendo en nuestras propias manos la sentencia con que se nos juzgará. 

Como padre de monjes quisiera compartir con ustedes cuatro consejos prácticos sobre el perdón :

1.- NO RETRASAR EL PERDON. Las armas del demonio son la nostalgia o el aplazamiento; sus palabras son "demasiado tarde" o "demasiado pronto". Pero donde el demonio dice "ayer" o "mañana", el Espíritu Santo dice "hoy". El tiempo del perdón es el "ahora" y lo fundamental es perdonar "ahora" en nuestro corazón. La acción exterior hay que tomarla con prudencia. El perdón significa curación y la curación lleva su tiempo. A veces, las peticiones prematuras de perdón pueden empeorar las cosas. Si tratamos de imponernos al otro sin pensar primero en descubrir, bien por un esfuerzo de nuestra imaginación bien por simpatía, lo que el otro piensa y siente, corremos el riesgo de ahondar el abismo que nos separa en lugar de tender puentes. Sin aplazar definitivamente las cosas, a veces es conveniente hacer una pausa; no en una indiferencia pasiva, sino poniendo en manos de Dios una espera vigilante hasta que se manifieste claramente el momento oportuno de la acción. 

2.- PERDONAR AL OTRO PERO ESTAR IGUALMENTE DISPUESTOS A ACEPTAR EL PERDON QUE EL OTRO NOS OFRECE. Es difícil perdonar, pero mucho más difícil es reconocer que también nosotros tenemos, con frecuencia, la necesidad de ser perdonados. Hay que tener la humildad de reconocer esa necesidad porque el orgulloso no puede recibir la gracia de Dios. Muchas reconciliaciones se malogran porque las dos partes acuden dispuestas a perdonar, pero no a ser perdonadas. 

3.- PERDONAR A LOS DEMAS PERO PERDONARNOS TAMBIEN A NOSOTROS MISMOS. Parece que hoy día el hombre moderno no quiere aceptar el perdón y la gracia. En su orgullo prefieren antes el castigo. Cuando Cristo dice que hay un pecado imperdonable, el de la blasfemia contra el Espíritu Santo, se refiere a esto, al deseo de no ser perdonado. Perdonarse a sí mismo es equivalente a aceptar el perdón de Dios y el de los demás, a pesar del combate que se entabla con el demonio que trata de convencernos de que no somos dignos, de que somos demasiado malvados, de que eso no es para nosotros. ¡Cuántas veces hemos oído decir: "Nunca me perdonaré esto o lo otro! Sin embargo ¿cómo podemos aceptar el perdón de los demás si no lo recibimos de nosotros mismos? Permaneciendo en ese estado medio encolerizados, medio angustiados, nos creamos nuestro propio infierno. Judas se arrepintió de su acción, pero el examen de sí mismo le llevó no a una segunda oportunidad, sino a la desesperación; incapaz de perdonarse a sí mismo fue incapaz de aceptar el perdón de Dios y terminó por suicidarse. En cuanto a Pedro, siguió otro camino. Viéndose a sí mismo cuando cantó el gallo lloró amargamente lágrimas de remordimiento. Pero este remordimiento no le llevó a la desesperación, al contrario, cuando vio junto al lago a Cristo resucitado, no se alejó de él para encerrarse en su "infierno personal", antes bien, se acercó al Señor lleno de esperanza. Aceptando el perdón de Cristo y perdonándose a sí mismo pudo comenzar de nuevo. 

4.- LA ORACION. Si todavía no encontramos en nuestro corazón la posibilidad de perdonar al otro, al menos recemos por él. San Silvano del Monte Athos, que tanto he citado, nos dice: "si rogáis por vuestros enemigos la paz vendrá a vosotros. Pidamos, pues, a Dios no hacer más pesada la carga de los demás, no ser para los otros causa de escándalo o de pecado. Y si a pesar de la oración no nos sentimos capaces de perdonar de verdad, al menos pidamos a Dios el experimentar el deseo, las ganas de perdonar. Hay situaciones en las que desear verdaderamente algo es casi como tenerlo. Como aquel hombre que llevó a su hijo enfermo ante Cristo y que gritaba llorando "Creo, Señor, pero aumenta mi poca fe". Gritemos también nosotros con lágrimas "Perdono, Señor, pero aumenta mi capacidad de perdonar" Poco a poco, gradualmente, vendrá el momento en que seremos capaces de acordarnos con amor de aquellos que nos han ofendido. Invocando la ayuda de Dios y reconociendo nuestra propia incapacidad llegaremos a reconocer esta verdad primordial: que siendo el perdón una prerrogativa divina no es simplemente una acción nuestra, sino la acción de Dios en nosotros.

Amén.


Archimandrita Demetrio (Sáez)


Homilía pronunciada en Móstoles, 17 de Enero de 2017

"El Hijo Pródigo". Homilía del P. Demetrio Sáez en la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos de Alcorcón (Comunidad de Madrid)


HOMILIA SOBRE S. LUCAS, 15, 1-24 "EL HIJO PRODIGO" 

Jesús quiere justificar su comportamiento con publicanos y pecadores que tanto escandaliza a escribas y fariseos. Frente a los justos que se indignan por la acogida que dispensa a los pecadores, el Señor les presenta la imagen de Dios, verdaderamente Padre. 

La parábola del "hijo pródigo" es quizás la más conocida, o de las más conocida de los Evangelios, pero quizás deberíamos cambiarle el título por el de la "Parábola de un padre bueno que tenía dos hijos malos". Aunque la ley judía permitía el reparto de la herencia en vida, por razones culturales y económicas este hecho se veía muy mal, incluso se consideraba pecado. Por otra parte, como el menor de los hijos recibía 1/3 de la herencia debemos pensar que aquel padre era muy rico. Así que el joven, rico e inexperto, se lanza a recorrer el mundo lleno de planes y esperanzas. Un joven de buen humor y con el bolsillo lleno no ha de esperar mucho tiempo para encontrar compañía de todo tipo sin percatarse de la clase de gente que le hace la corte. Cuando falló el dinero, le abandonaron todos como se tira un limón exprimido. Cayó por la pendiente de la deshonra hasta tener que convivir con los cerdos que, para un judío, no sólo es lo más bajo de la sociedad, sino que estaba contaminado religiosamente. 

El hambre y la soledad forzada hacen recapacitar al joven y decide volver a la casa paterna. Algo más debió haber, porque si hubiera sido sólo por hambre se habría ofrecido como jornalero a otro hacendado de la zona. Así que el que partió rico, lleno de petulancia y pagado de sí mismo, vuelve abatido, cabizbajo y harapiento. 

En este hijo estamos retratados todos nosotros. Es una alegoría de la humanidad entera. Hemos derrochado la herencia moral, espiritual y religiosa que habíamos recibido de Dios. Nuestro orgullo nos ha llevado a la catástrofe. Abandonando a Dios nos postramos ante los ídolos de la riqueza, la sensualidad, la fama, la soberbia. Un mundo laico que ha dejado a Dios, que ha partido de la casa del Reino del Padre y que ha derrochado la riqueza de la gracia divina, desemboca necesariamente en el callejón sin salida de la incredulidad. La tragedia del estado de necesidad económica del mundo actual es consecuencia de su crisis moral. Al llegar a este estado, el hombre, o se aferra a una obstinación a ultranza, o se gloría de adoptar una actitud de indiferencia o bien llega a encontrar de nuevo el camino de la fe y con ésta, a una felicidad nuevamente lograda y apreciada ahora de muy distinta manera que antes. 

Lo que empujó al hijo a marcharse no fue ni la malévola oposición del padre, ni tampoco un desagradecimiento interior, sino un gozo desbordante de vivir, el gusto a la aventura, el deseo de lo remoto, la curiosidad de lo ignorado, la osadía y el anhelo de nuevas experiencias. El padre no retiene al hijo que se va, ni tampoco le sigue: es bueno que pruebe lo que es la vida fuera de la casa paterna. También Dios deja que hombre siga el camino que él mismo ha elegido y que cada uno vaya como quiera y desee. Después que el hombre, por deseo de Dios, ha sido creado a su imagen, es decir, en y para la libertad, Dios le deja, consecuentemente, su espacio de libertad. Y cuando el hombre está convencido de que puede decidir y determinar él solo, se da cuenta de que su deseo de subir se convierte en una abúlica caída hasta terminar entre cerdos y pasar hambre. Sólo que es curioso que los hombres, mientras todo les va bien no se ocupan de Dios, sino que quieren hacer y decidir todo por sí mismos. Pero, si a causa de sus decisiones les va mal y se encuentran en apuros, le echan la culpa a Dios. El hombre que rechaza la gracia debe sentir qué es la vida sin ella. 

Y mientras tanto ¿qué hace el padre? El padre respeta la libertad del hijo. Aguarda, confía, está al acecho. No se preguntaba por lo que haría o lo que diría; pensaba solamente ¡si viniera ahora! Y apenas lo vio se conmovió su cariño y amor. No le pasa cuentas, sino que lo acoge con un amor loco. No le pone condiciones, sino que lo reintegra a una posición superior a la que tenía antes. Perdona, olvida, regala. Igual hace Dios, porque Dios es amor y el amor se pone más en las obras que en las palabras. 

Dios también espera. Espera en las desviaciones del individuo y en las desviaciones de los pueblos. Dios espera en el silencio; cree en el fondo de bondad que hay en cada uno de nosotros. Nunca es demasiado tarde para el arrepentimiento, nunca hay situaciones desesperadas. Habría fundamento para el pesimismo si Dios no esperara, pero todo retorno halla los brazos abiertos; no se da tiempo ni siquiera para la confesión de la propia miseria, no hay una palabra de exhortación penitencial, ni un pedante "ya te lo decía yo", ni la recomendación "a ver si ahora de comportas como un hombre", ni el odioso comparativo "aprende de tu hermano". Nada de eso, de la vuelta surgen el amor más intenso y el lazo más fuerte. 

Es asombrosa la revelación que nos hace Jesús ¡Hasta qué punto somos amados! ¿Qué significan todas nuestras tonterías y todos nuestros crímenes ante ese impulso "ha vuelto a la vida" "lo he encontrado"? ¿Por qué es tan difícil verse amado por Dios? ¿No será porque también nosotros participamos de la opinión de los escribas y fariseos: "ese acoge a los pecadores y come con ellos"? También nosotros nos cerramos muchas veces al amor. "Fíjate nuestro párroco, que tiene amistad con protestantes y come y reza con ellos. Fíjate en nuestro obispo que les ha dejado un templo a esos desharrapados de ortodoxos". En vez de alegrarnos, protestamos y nos escandalizamos; nos ponemos a juzgar en vez de abrir nuestros brazos. Comprendo muy bien la dificultad: si se acepta todo ¿de qué sirve la moral? ¿Qué clase Dios es ese que todo lo acepta? Hemos sido formados en la condena del desorden, así que no hemos de ser complacientes ni hemos de dejar dudas de nuestra oposición ¡Estamos defendiendo a Dios cuando defendemos sus leyes y nos mostramos firmes! 

Y entonces ¿cómo abrir los brazos? ¿Cómo imitar al padre de la parábola en su manera absolutamente loca de acoger a aquel sinvergüenza que vuelve porque pasa hambre? ¡Pero vuelve! El movimiento del padre es ante todo de amor, sin preguntarse por cuál habría de ser su comportamiento justo. Luego ya se verá cómo habrá que ordenar las cosas, pero lo más urgente es perdonar y amar. Nosotros, los justos, queriendo ser justos, pensamos ante todo en juzgar, en hacer las observaciones necesarias, en delimitar el mal, en ver lo que puede haber de aceptable. Y luego, cuando todo esté bien claro, cuando se hayan hecho las oportunas averiguaciones, se podrá perdonar y amar.

El noventa por ciento de las veces se fracasa. Jesús lo constató al observar los esfuerzos reales de los justos de su tiempo, los fariseos y los escribas: partiendo de la justicia, no llegan nunca al amor. Intentan amar, pero se quedan en los límites estrechos y arrinconan fatalmente a Dios en eses límites: "De todas formas, piensan, Dios no puede amar a los pecadores". Si lo dijo Jesús, hemos de aceptar que Dios los ama en general: eso nos tranquiliza y va bien para alguno que otro. Pero ¿a ese otro? ¡Ni hablar! A ése, a "ésos", Dios no los puede amar. Pero lo cierto es que Jesús nos dice que ninguno es rechazado, que Dios es, de verdad, el padre de la parábola. No es que tengamos que aceptarlo todo, ya que tenemos que luchar contra el pecado y en favor de la justicia, pero en el amor. Amándonos es como Dios nos libra del pecado, como combate en nosotros el pecado, no aplastándonos y rechazándonos. Que entremos en nosotros, nos examinemos y volvamos atrás es gracia de Dios. Que nos cobije con su amor, que olvide todo nuestro pasado, que no tenga en cuenta las deudas contraídas con el pecado y que nos trate mejor que antes, es el misterio incomprensible de su gracia. 

En griego, una lengua muy rica para los matices, hay tres palabras para designar el amor: filía, èrotas y agapi. El amor de Dios es agapi porque es gratuito, porque no actúa por méritos o deméritos de la otra persona. Dios nos ama no porque seamos buenos o malos, sino porque él es amor. Su amor es previo a nuestras cualidades o faltas. Si hubiera que resaltar algo de ese amor es que ama más a los malos. Dios ama porque sí, porque quiere, porque amándonos nos hace buenos. Es un amor creativo, libre, gratuito, da la existencia a todas las cualidades y como el amor es preferencial, Dios nos prefiere a cada uno de nosotros. 

Dios no se resigna a las rupturas, las separaciones, las divisiones, los alejamientos. Siempre da el primer paso para restaurar y unificar lo separado. Siempre sale al encuentro del hombre perdido, errático, destrozado. 

La vida del hombre está relacionada intrínsecamente con la imagen que tenga de Dios. A un Dios justo, corresponde una vida de creyente basada en la justicia. A un Dios vengativo corresponde una vida basada en la venganza. A un Dios de amor, corresponde una vida basada en la entrega a los demás. 

Que el Señor nos ayude a hacer ese cambio para adquirir el verdadero reflejo del Evangelio: situarse siempre en el amor y el perdón. Cuando me juzgo a mí mismo, pensar que el Padre me ama y me perdona. Cuando he de juzgar a los demás, pensar ante todo en amar y perdonar como Dios los ama y los perdona. 



Archimandrita Demetrio (Sáez)


Homilía pronunciada en la Parroquia de S. Saturnino de Alcorcón, 25-01-2017

sábado, 28 de enero de 2017

Βαρκελώνη - Επίσκεψη Του Έλληνα Υφυπουργού Εξωτερικών Στην Ενορία Μας



Στις 23 Ιανουαρίου, στις 5 το απόγευμα είχαμε την ιδιαίτερη χαρά και τιμή να υποδεχτούμε στην ενορία μας τον Έλληνα υφυπουργό εξωτερικών κ.Ιωάννη Αμανατίδη καθώς και τον Έλληνα πρέσβη στην Ισπανία κ.Χριστόδουλο Λάζαρη.

Ο κ.Αμανατίδης κατέχει επίσης και τη θέση του Γενικού Γραμματέα της Διακοινοβουλευτικής Συνέλευσης Ορθοδοξίας, ενός παγκόσμιου οργανισμού, που σκοπό έχει την ενθάρρυνση επαφών κοινοβουλευτικών, πολιτικών, εκκλησιαστικών, ακαδημαϊκών και πνευματικών προσωπικοτήτων ή θεσμών για την ανάπτυξη της ορθόδοξης κληρονομιάς.

Ο π.Χριστόδουλος συνοδευόμενος απο την εκκλησιαστική επιτροπή της ενορίας καλωσόρισαν τον κ.υφυπουγό και τον κ.πρέσβη και τους μετέφεραν τον χαιρετισμό του σεβασμιωτάτου ποιμενάρχου κ.Πολυκάρπου, ο οποίος για ποιμαντικούς λόγους βρισκόταν εκτός Ισπανίας εκφράζονοντάς τους και τη χαρά του για την επίσκεψη αυτή. Στην υποδοχή παρευρέθηκε επίσης και ο προϊστάμενος του μεγάλου ναού Basilica de la  Concepcion, Dr.Ramon Corts, ο οποίος υπήρξε πάντα μεγάλος βοηθός στην κάθε δυσκολία. Ο π.Χριστόδουλος και οι ενορίτες αναφέρθηκαν στα αρχικά προβλήματα και τις δυσκολίες που αντιμετώπισαν, αλλά και στις δραστηριότητες της ενορίας που συν τω χρόνω γίνονται ευκολότερες και αντιμετωπίσιμες, ενώ δεν παρέλειψαν να αναφερθούν και στην άριστη συνεργασία με την καταλανική κυβέρνηση, την ρωμαιοκαθολική εκκλησία και ιδιαίτερα με τον επίτιμο πρόξενο της Ελλάδας στη Βαρκελώνη, κ.Fernando Turro.

Ο κ.υφυπουργός ανέφερε οτι ειναι ευτυχής για τη συνάντηση αυτή και τους διαβεβαίωσε πως είναι πρόθυμος και διαθέσιμος σε μία μελλοντική συνεργασία,ενώ δεν παρέλειψε να τονίσει τα προβλήματα και τις δυσκολίες της χώρας μας,καλώντας μας σε ενότητα και σε προβολή της Ελλάδας και της παράδοσης. Ο κ.Λάζαρης με τη σειρά του, ο οποίος για πρώτη φορά βρέθηκε στην εκκλησία μας ως πρέσβης, έδειξε μεγάλο ενδιαφέρον να μας γνωρίσει καλύτερα, να μελετήσει τις ανάγκες μας και υποσχέθηκε να είναι δίπλα μας σε ότι χρειαστούμε.

Μετά την επίσκεψη στον ναό μας οι κ.Αμανατίδης και Λάζαρης συναντήθηκαν με την πρόεδρο και τα μέλη της ελληνικής κοινότητας Καταλονίας.

Domingo de la Cananea. Lecturas de la Divina Liturgia


2 Cor 6:16-7,1: Porque nosotros somos el templo del Dios viviente, como lo dijo el mismo Dios: "Yo habitaré y caminaré en medio de ellos; seré su Dios y ellos serán mi Pueblo. Por eso, salgan de en medio de esa gente y pónganse aparte, dice el Señor. No toquen nada impuro, y yo los recibiré. Y seré para ustedes un Padre, y ustedes serán mis hijos y mis hijas, dice el Señor todopoderoso". Ya que poseemos estas promesas, queridos hermanos, purifiquémonos de todo lo que mancha el cuerpo o el espíritu, llevando a término la obra de nuestra santificación en el temor de Dios.

Mt 15,21-28:  Jesús partió de allí y se retiró al país de Tiro y de Sidón. Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: «¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio». Pero él no le respondió nada. Sus discípulos se acercaron y le pidieron: «Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos». Jesús respondió: «Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel». Pero la mujer fue a postrarse ante él y le dijo: «¡Señor, socórreme!». Jesús le dijo: «No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros». Ella respondió: «¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!». Entonces Jesús le dijo: «Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!». Y en ese momento su hija quedó curada.

miércoles, 25 de enero de 2017

Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2017 en nuestra Catedral de Madrid



El martes 24 de enero de 2017 a las 20:00, en el marco de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, fue celebrado un Oficio de Vísperas en la Santa Iglesia Catedral de los Santos Andrés y Demetrio de Madrid, Iglesia Madre de nuestra Metrópolis.

El Oficio fue presidido desde el Trono Episcopal por S.E. Policarpo, Arzobispo-Metropolita de España y Portugal y Exarca del Mar Mediterráneo. En el altar estuvo el P. Archimandrita Demetrio (Sáez), Provicario Metropolitano. La predicación corrió a cargo del Revmo. Carlos López Lozano, Obispo de la Iglesia Española Reformada Episcola (IERE, Comunión Anglicana), y versó sobre la misericordia.

Fotografía: Revdo. Canónigo Spencer Reece, Secretario Nacional de la IERE

lunes, 23 de enero de 2017

Divina Liturgia pontifical em Lisboa

No domingo 22 de Janeiro de 2017 o Metropolita Policarpo de Espanha e Portugal celebrou a Divina Liturgia pontifical na...

Publicado por Sacra Metrópolis de España y Portugal - Patriarcado Ecuménico en Lunes, 23 de enero de 2017

Ação em favor da unidade da Ucrânia em Lisboa


No domingo 22 de Janeiro de 2017 o P. Arquimandrita Philip, Vigário Metropolitano para Portugal e Galiza, participou com o P. Ihor Nevinsky, pároco de Lisboa, e cidadãos ucranianos residentes em Portugal (incluída a Embaixadora Inna Ohnivets) numa das ações levadas a cabo em favor da unidade de Ucrânia e o fim da agressão estrangeira.


Fotografia: Embaixada da Ucrânia em Portugal

23/01 - San Ildefonso, Obispo de Toledo


Vida

Para reconstruir su biografía, además de los datos contenidos en sus obras, disponemos principalmente del Beati Ildephonsi Elogium de San Julián de Toledo, contemporáneo suyo y segundo sucesor en la sede toledana, escrita como apéndice al De viris illustribus (PL 96,43-44). La Vita vel gesta S. Ildephonsi Sedis Toletanae Episcopi, atribuida a Cixila, obispo de Toledo ca. 774-783 (PL 96,44-88; Flórez, V,501-520), donde se mencionan por primera vez los milagros de su vida y la Vita Ildephonsi Archiepiscopi Toletani de fray Rodrigo Manuel Cerratense, s. XIII (Flórez V,521-525), añaden al Elogium tradiciones posteriores con tinte legendario.

Nacido en el 607, durante el reinado de Witerico en Toledo, de estirpe germánica, era miembro de una de las distintas familias regias visigodas. Según una tradición que recoge Nicolás Antonio (Bibliotheca Hispana Vetus, PL 96,11), fue sobrino del obispo de Toledo San Eugenio III, quien comenzó su educación. Por el estilo de sus escritos y por los juicios emitidos en su De viris illustribus sobre los personajes que menciona, se deduce que recibió una brillante formación literaria. Según su propio testimonio fue ordenado de diácono (ca. 632-633) por Eladio, obispo de Toledo (De vir. ill. 7: PL 96,202). En un pasaje interpolado del Elogium, se dice que siendo aún muy niño, ingresó en el Monasterio de Agali o agaliense, en los arrabales de Toledo, contra la voluntad de sus padres. Más adelanté se afirma que «se deleitaba con la vida de los monjes», frase que debe interpretarse siguiendo a Flórez (V,276) en el sentido de que desde niño se inclinó al estado religioso. Ildefonso estuvo muy vinculado a este monasterio, como él mismo recuerda al hablar de Eladio, y como se deduce del De vir. ill. con el que pretende exaltar la sede toledana y quizá mostrar el papel privilegiado que correspondía al monasterio Agaliense. Estando ya en el monasterio, funda un convento de religiosas dotándolo con los bienes que hereda, y en fecha desconocida (650?), es elegido abad. Firma entre los abades en los Concilios VIII y IX de Toledo, no encontrándose su firma, en cambio, en el X (656). Muerto el obispo Eugenio III es elegido obispo de Toledo el a. 657, y según el Elogium obligado a ocupar su sede por el rey Recesvinto. En la correspondencia mantenida con Quirico, obispo de Barcelona, se lamenta de las dificultades de su época. A ellas atribuye el Elogium que dejase incompletos algunos escritos. Muere el 667, siendo sepultado en la iglesia de Santa Leocadia de Toledo, y posteriormente trasladado a Zamora.

Milagro del encuentro con la Virgen

La noche del 18 de diciembre del 665 San Ildefonso junto con sus clérigos y algunos otros, fueron a la iglesia, para cantar himnos en honor a la Virgen María. Encontraron la capilla brillando con una luz tan deslumbrante, que sintieron temor. Todos huyeron excepto Ildefonso y sus dos diáconos. Estos entraron y se acercaron al altar. Ante ellos se encontraba la Virgen María, sentada en la silla del obispo, rodeada por una compañía de vírgenes entonando cantos celestiales. María al ir hizo una seña con la cabeza para que se acercara. Habiendo obedecido, ella fijó sus ojos sobre él y dijo: "Tu eres mi capellán y fiel notario. Recibe esta casulla la cual mi Hijo te envía de su tesorería." Habiendo dicho esto, la Virgen misma lo invistió, dándole las instrucciones de usarla solamente en los días festivos designados en su honor.

Esta aparición y la casulla fueron pruebas tan claras, que el concilio de Toledo ordenó un día de fiesta especial para perpetuar su memoria. El evento aparece documentado en el Acta Sanctorum como El Descendimiento de la Santísima Virgen y de su Aparición. La importancia que adquiere este hecho milagroso sucedido en plena Hispania Ghotorum y transmitido ininterrumpidamente a lo largo de los siglos ha sido muy grande para Toledo y su catedral. Los árabes, durante la dominación musulmana, al convertirse la Basílica cristiana en Mezquita respetaron escrupulosamente este lugar y la piedra allí situada por tratarse de un espacio sagrado relacionado con la Virgen María a quien se venera en el Corán. Esta circunstancia permite afirmar que el milagro era conocido antes de la invasión musulmana y que no se trata de una de las muchas historias piadosas medievales que brotaron de la fantasía popular. En la catedral los peregrinos pueden aún venerar la piedra en que la Virgen Santísima puso sus pies cuando se le apareció a San Ildefonso.

Obras

De las reseñadas en el Elogium se conservan las siguientes:

Sobre la virginidad perpetua de Santa María contra tres infieles (De virginitate Sanctae Mariae contra tres infideles), su obra principal y más estimada, de estilo muy cuidado y llena de entusiasmo y devoción marianos (fue llamado el Capellán de la Virgen en la comedia que, con ese mismo título, escribió Lope de Vega). Los tres herejes a que se refiere son Joviniano y Elvidio, refutados ya por San Jerónimo, y un judío anónimo. Esto da pie a pensar que intenta refutar a algunos de su época, que, quizá por influencia judía, resucitaban los mismos errores. Consta de una oración inicial y de 12 capítulos. En el primero defiende contra Joviniano la virginidad de María en la concepción y en el parto; en el segundo mantiene contra Elvidio que María fue siempre virgen; a partir del tercero muestra que Jesucristo es Dios y la integridad perpetua de María. Depende estrechamente de San Agustín y San Isidoro, y constituye el punto de arranque de la teología mariana en España. Fue traducida por el Arcipreste de Talavera.

Comentario sobre el conocimiento del bautismo (como reseña San Julián) o Anotaciones sobre el conocimiento del bautismo (Liber de cognitione baptismi unus), descubierto por E. Baluze y publicado en el libro VI de su Miscelánea (París 1738). Es de sumo interés para la historia del bautismo en España. Escrito con finalidad pastoral, expone al pueblo sencillo la doctrina de la Tradición sobre este sacramento. Dividido en 142 capítulos, en los 13 primeros trata de la creación del hombre y de la caída original; en los cap. 14-16, del bautismo de Juan y del bautismo de Cristo, afirmando que sólo el último perdona los pecados; en 17-35, expone cómo se ha de recibir el bautismo y explica las ceremonias; en 36-95, explica el Credo, que ha de aprenderse de memoria (es un valioso documento para el estudio de la historia del Símbolo en España); en 9.6-131, vuelve sobre las ceremonias bautismales; en 131-137, explica el Padrenuestro; en 138-140 trata de la Comunión, y en 141-142 explica la liturgia del lunes y martes de Pascua como coronación de las ceremonias de la iniciación cristiana. Las fuentes principales son: las Enarrationes in psalmos de San Agustín, las Moralia de San Gregorio Magno y las Etimologías de San Isidoro.

Sobre el progreso del desierto espiritual (De progressu spiritualis deserti), prolongación de la obra precedente. Tras el bautismo, simbolizado por el paso del mar Rojo, el alma camina por el Evangelio, como los israelitas por el desierto. Utiliza excesivamente la alegoría.

Sobre los varones ilustres (De viris illustribus), continuación del de San Isidoro. A diferencia de éste, enumera no sólo a escritores, sino a eclesiásticos ilustres por su santidad o dotes de gobierno. De los 13 personajes que en ella figuran, 7 son toledanos. En cambio, autores tan importantes como Braulio de Zaragoza o Isidoro de Sevilla, son apenas destacados. En el estilo y noticias depende de San Jerónimo, Genadio y San Isidoro. Aunque no está reseñada esta obra en el Elogium, dada la atribución manuscrita que se la atribuye unánimemente, puede darse por auténtica.

Finalmente, se conservan dos Cartas dirigidas a Quirico de Barcelona. No se conservan las siguientes: Liber prosopopejae imbecillitatis propriae, Opusculum de proprietate personarum Patris et Filii et Spiritus Sancti, Opusculum adnotationum actionis propriae, Opusculum adnotationum in sacris. El Elogium habla de misas compuestas por Ildefonso, himnos y sermones; la tradición manuscrita le atribuye algunos, que la mayor parte de los críticos toman como apócrifos.

Doctrina

El Elogium dice de Ildefonso que fue notable por su elocuencia. Muy enraizado en la tradición patrística, su esfuerzo principal estriba en dar al pueblo en forma asequible «la doctrina de los antiguos». Su teología es fundamentalmente mariana y sacramentaria. Merece destacarse la claridad con que afirma su fe en el parto virginal: «No quiero que alegues que la pureza de nuestra Virgen ha sido corrompida en el parto... no quiero que rompas su virginidad por la salida del que nace, no quiero que a la Virgen la prives del título de madre, no quiero que a la madre la prives de la plenitud de la gloria virginal» (Sobre la virg., cap. I), y la insistencia con que la proclama Madre de todos los hombres. En la doctrina sacramentaria, recomienda la comunión diaria («Pedimos en esta oración del padrenuestro que este pan, el mismo Cristo, se nos dé cada día», Anot., cap. 136), defiende que el bautismo administrado por los herejes es válido y no debe iterarse (ib. 121), y que no es válido, en cambio, si se omite en la fórmula alguna de las tres divinas Personas. El bautismo sólo pueden conferirlo los sacerdotes, excepto en los casos de grave necesidad (ib. 115). Después habla de la Confirmación, relacionándola con el sacerdocio de los fieles: «Puesto que somos raza de elección y sacerdocio real, somos ungidos después del bautismo del agua con el crisma» (ib. 123) y de la infusión del Espíritu por la imposición de las manos (ib. 128).

Las posibles aportaciones ildefonsianas a la Liturgia Hispana

La fiesta de Santa María: En un contexto de afianzamiento de la fe católica frente a un arrianismo que no terminaba de superarse del todo particularmente en algunos ambientes visigodos relacionados tal vez económica y organizativamente con grupos judíos, se perfila una remodelación del antiguo calendario que permita un contexto más favorable para celebrar el misterio de la Encarnación del Verbo a la celebración de la maternidad virginal de María.El arrianismo caló fuertemente en los visigodos, no por una convicción, sino por la sintonía de este con las concepciones religiosas bastante simples de un pueblo guerrero y no muy dado a al distinción sutil.El abad Ildefonso, autor del canon 1º del X Concilio de Toledo (656), que fija la fiesta de la Encarnación (25 de marzo) o de Santa María en la fecha adventicia del 18 de diciembre a ocho días de la Navidad (25 de diciembre). A el también se le atribuyen la Misa y el Oficio de esta fiesta así como algunos posibles retoques en la Misa de Navidad.

Alusiones a la Virgen María en otros lugares de la liturgia: En España a Santa María, la Madre del Señor, se la conoce como “La Virgen”, tal y como en Francia es “Nuestra Señora” o en Italia “La Señora”. Se debe a San Ildefonso y a como caló en el pueblo cristiano su teología.

Con todo esto se puede percibir hasta que punto el siglo de Ildefonso (589-711) es un siglo apasionante en la vida de la Iglesia española y que se refleja fuertemente en su impronta sobre la Liturgia, la Teología y la Espiritualidad.


Fuente: Wikipedia

domingo, 22 de enero de 2017

Divina Liturgia y Gran Bendición de las Aguas en Granada (Andalucía)


El domingo 22 de enero de 2017 a las 12:00 el P. Arcipreste Tarás Petrunyak, Vicario Metropolitano para España Meridional, celebró la Divina Liturgia en la Parroquia de la Protección de la Santa Madre de Dios de Granada.

Al final de la Liturgia se celebró el Oficio de la Gran Bendición de las Aguas (Gran Hagiasma) con motivo de la reciente fiesta de la Santa Teofanía de nuestro Señor Jesucristo según el calendario juliano (19 de enero).


Fotografía: P. Arcipreste Tarás Petrunyak

sábado, 21 de enero de 2017

Visita a El Castillo de las Guardas (Sevilla, Andalucía)

El sábado 21 de enero de 2017 el P. Archimandrita Pablo de Itálica (Sevilla, Andalucía), el P. Arcipreste Miguel Moreno...
Publicado por Sacra Metrópolis de España y Portugal - Patriarcado Ecuménico en Sábado, 21 de enero de 2017

XV Domingo de Lucas. Evangelio de la Divina Liturgia


Lc 19,1-10: Jesús entró en Jericó y atravesaba la cuidad. Allí vivía un hombre muy rico llamado Zaqueo, que era el jefe de los publicanos. El quería ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la multitud, porque era de baja estatura. Entonces se adelantó y subió a un sicomoro para poder verlo, porque iba a pasar por allí. Al llegar a ese lugar, Jesús miró hacia arriba y le dijo: «Zaqueo, baja pronto, porque hoy tengo que alojarme en tu casa». Zaqueo bajó rápidamente y lo recibió con alegría. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: «Se ha ido a alojar en casa de un pecador». Pero Zaqueo dijo resueltamente al Señor: «Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres, y si he perjudicado a alguien, le daré cuatro veces más». Y Jesús le dijo: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, ya que también este hombres es un hijo de Abraham, porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido».

21/01 - Santos Fructuoso, Augurio y Eulogio, Mártires


En Tarragona, año 259

Siendo emperadores Valeriano y Galieno, y Emiliano y Baso cónsules, el diecisiete de las calendas de febrero (el 16 de enero), un domingo, fueron prendidos Fructuoso, obispo, Augurio y Eulogio, diáconos. Cuando el obispo Fructuoso estaba ya acostado, se dirigieron a su casa un pelotón de soldados de los llamados beneficiarios, cuyos nombres son: Aurelio, Festucio, Elio, Polencio, Donato y Máximo. Cuando el obispo oyó sus pisadas, se levantó apresuradamente y salió a su encuentro en chinelas. Los soldados le dijeron:

- Ven con nosotros, pues el presidente te manda llamar junto con tus diáconos.

Respondióles el obispo Fructuoso:

- Vamos, pues; o si me lo permitís, me calzaré antes. Replicaron los soldados:

- Cálzate tranquilamente.

Apenas llegaron, los metieron en la cárcel. Allí, Fructuoso, cierto y alegre de la corona del Señor a que era llamado, oraba sin interrupción. La comunidad de hermanos estaba también con él, asistiéndole y rogándole que se acordara de ellos.

Otro día bautizó en la cárcel a un hermano nuestro, por nombre Rogaciano.

En la cárcel pasaron seis días, y el viernes, el doce de las calendas de febrero (21 de enero), fueron llevados ante el tribunal y se celebró el juicio.

El presidente Emiliano dijo:

- Que pasen Fructuoso, obispo, Augurio y Eulogio. Los oficiales del tribunal contestaron:

- Aquí están.

El presidente Emiliano dijo al obispo Fructuoso:

- ¿Te has enterado de lo que han mandado los emperadores?

FRUCTUOSO — Ignoro qué hayan mandado; pero, en todo caso, yo soy cristiano.

EMILIANO — Han mandado que se adore a los dioses.

FRUCTUOSO— Yo adoro a un solo Dios, el que hizo el cielo y la tierra, el mar y cuanto en ellos se contiene.

EMILIANO — ¿Es que no sabes que hay dioses?

FRUCTUOSO — No lo sé.

EMILIANO — Pues pronto lo vas a saber.

El obispo Fructuoso recogió su mirada en el Señor y se puso a orar dentro de sí.

El presidente Emiliano concluyó:

— ¿Quiénes son obedecidos, quiénes temidos, quiénes adorados, si no se da culto a los dioses ni se adoran las estatuas de los emperadores?

El presidente Emiliano se volvió al diácono Augurio y le dijo: - No hagas caso de las palabras de Fructuoso.


Augurio, diácono, repuso:

- Yo doy culto al Dios omnipotente.

El presidente Emiliano dijo al diácono Eulogio:

- ¿También tú adoras a Fructuoso?


Eulogio, diácono, dijo:

- Yo no adoro a Fructuoso, sino que adoro al mismo a quien adora Fructuoso.

El presidente Emiliano dijo al obispo Fructuoso:

- ¿Eres obispo?

FRUCTUOSO — Lo soy.

EMILIANO — Pues has terminado de serlo.

Y dio sentencia de que fueran quemados vivos.

Cuando el obispo Fructuoso, acompañado de sus diáconos, era conducido al anfiteatro, el pueblo se condolía del obispo Fructuoso, pues se había captado el cariño, no sólo de parte de los hermanos, sino hasta de los gentiles. En efecto, él era tal como el Espíritu Santo declaró debe ser el obispo por boca de aquel vaso de elección, el bienaventurado Pablo, doctor de las naciones. De ahí que los hermanos que sabían caminaba su obispo a tan grande gloria, más bien se alegraban que se dolían.

De camino, muchos, movidos de fraterna caridad, ofrecían a los mártires que tomaran un vaso de una mixtura expresamente preparada; mas el obispo lo rechazó, diciendo:

- Todavía no es hora de romper el ayuno. Era, en efecto, la hora cuarta del día; es decir, las diez de la mañana. Por cierto que ya el miércoles, en la cárcel, habían solemnemente celebrado la estación. Y ahora, el viernes, se apresuraba, alegre y seguro, a romper el ayuno con los mártires y profetas en el paraíso, que el Señor tiene preparado para los que le aman.

Llegados que fueron al anfiteatro, acercósele al obispo un lector suyo, por nombre Augustal, y, entre lágrimas, le suplicó le permitiera descalzarle. El bienaventurado mártir contestó:

- Déjalo, hijo; yo me descalzaré por mí mismo, pues me siento fuerte y me inunda la alegría por la certeza de la promesa del Señor.

Apenas se hubo descalzado, un camarada de milicia, hermano nuestro, por nombre Félix, se le acercó también y, tomándole la mano derecha, le rogó que se acordara de él. El santo varón Fructuoso, con clara voz que todos oyeron, le contestó:

- Yo tengo que acordarme de la Iglesia, extendida de Oriente a Occidente.

Puesto, pues, en el centro del anfiteatro, como se llegara ya el momento, digamos más bien de alcanzar la corona inmarcesible que de sufrir la pena, a pesar de que le estaban observando los soldados beneficiarios de la guardia del pretorio, cuyos nombres antes recordamos, el obispo Fructuoso, por aviso juntamente e inspiración del Espíritu Santo, dijo de manera que lo pudieron oír nuestros hermanos:

- No os ha de faltar pastor ni es posible falte la caridad y promesa del Señor, aquí lo mismo que en lo por venir. Esto que estáis viendo, no es sino sufrimiento de un momento.

Habiendo así consolado a los hermanos, entraron en su salvación, dignos y dichosos en su mismo martirio, pues merecieron sentir, según la promesa, el fruto de las Santas Escrituras. Y, en efecto, fueron semejantes a Ananías, Azarías y Misael, a fin de que también en ellos se pudiera contemplar una imagen de la Trinidad divina. Y fue así que, puestos los tres en medio de la hoguera, no les faltó la asistencia del Padre ni la ayuda del Hijo ni la compañía del Espíritu Santo, que andaba en medio del fuego.

Apenas las llamas quemaron los lazos con que les habían atado las manos, acordándose ellos de la oración divina y de su ordinaria costumbre, llenos de gozo, dobladas las rodillas, seguros de la resurrección, puestos en la figura del trofeo del Señor, estuvieron suplicando al Señor hasta el momento en que juntos exhalaron sus almas.

Después de esto, no faltaron los acostumbrados prodigios del Señor, y dos de nuestros hermanos, Babilán y Migdonio, que pertenecían a la casa del presidente Emiliano, vieron cómo se abría el cielo y mostraron a la propia hija de Emiliano cómo subían coronados al cielo Fructuoso y sus diáconos, cuando aún estaban clavadas en tierra las estacas a que los habían atado. Llamaron también a Emiliano diciéndole:

—Ven y ve a los que hoy condenaste, cómo son restituidos a su cielo y a su esperanza.

Acudió, efectivamente, Emiliano, pero no fue digno de verlos.

Los hermanos, por su parte, abandonados como ovejas sin pastor, se sentían angustiados, no porque hicieran duelo de Fructuoso, sino porque le echaban de menos, recordando la fe y combate de cada uno de los mártires.

Venida la noche, se apresuraron a volver al anfiteatro, llevando vino consigo para apagar los huesos medio encendidos. Después de esto, reuniendo las cenizas de los mártires, cada cual tomaba para sí lo que podía haber a las manos […]

¡Oh bienaventurados mártires, que fueron probados por el fuego, como oro precioso, vestidos de la loriga de la fe y del yelmo de la salvación; que fueron coronados con diadema y corona inmarcesible, porque pisotearon la cabeza del diablo! ¡Oh bienaventurados mártires, que merecieron morada digna en el cielo, de pie a la derecha de Cristo, bendiciendo a Dios Padre omnipotente y a nuestro Señor Jesucristo, hijo suyo!

Recibió el Señor a sus mártires en paz por su buena confesión, a quien es honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.

(BAC 75, 788-794)

jueves, 19 de enero de 2017

'Vertep' en la Catedral de Madrid

El domingo 15 de enero de 2017 a las 14:30, tras la celebración de la Divina Liturgia, los alumnos de nuestra Parroquia...

Publicado por Sacra Metrópolis de España y Portugal - Patriarcado Ecuménico en Jueves, 19 de enero de 2017

miércoles, 18 de enero de 2017

Acta de deposición del Protopresbítero Alexandre Bonito



BARTOLOMÉ I
POR MISERICORDIA DE DIOS
ARZOBISPO DE CONSTANTINOPLA-NUEVA ROMA
Y PATRIARCA ECUMÉNICO
 
Prot. Nº: 927
 
ACTA DE DEPOSICIÓN
DEL PROTOPRESBÍTERO ALEXANDRE BONITO
CLÉRIGO DE LA SACRA METRÓPOLIS DE ESPAÑA Y PORTUGAL
 
Si algún Presbítero o Diácono desprecia al propio Obispo y no quiere someterse a Él, ni obedecerle y con su conducta y comportamiento irregular e indisciplinado escandaliza y arruina las conciencias de los fieles, éste debe ser depuesto tal como ordenan los sagrados Cánones.
 
Sucede, también, que el clérigo de la Sacra Metrópolis de España y Portugal, el Protopresbítero Alexandre Bonito, se ha mostrado tan desdeñoso para con su propio Obispo y asolador del orden canónico Ortodoxo, desertor de su Autoridad canónica eclesiástica y desobediente al propio Obispo canónico, tal como ha informado a la Madre Iglesia el Ordinario del lugar, Eminentísimo Metropolita de España y Portugal Sr. Policarpo.
 
Nuestra Humilde Persona, junto con los Eminentísimos Metropolitas y Exarcas que nos rodean, nuestros queridos hermanos y concelebrantes en el Espíritu Santo, por la desobediente y rebelde actitud contra su propio Obispo, funesta para las almas del rebaño Ortodoxo y en general indigno de un clérigo, considerando su conducta y comportamiento, hemos examinado Sinodalmente y decidido, de acuerdo con los divinos y sagrados Cánones 31 de los Santos Apóstoles, 18 del IV Concilio Ecuménico, 34 del VI Concilio Ecuménico, 13 del Primosegundo Concilio etc., recaiga sobre él la máxima pena de la deposición del grado sacerdotal y llevarlo nuevamente al orden de los laicos.
 
Por tanto, decidiendo Sinodalmente en el Espíritu Santo, decretamos que el arriba mencionado ex Protopresbítero Alexandre Bonito sea desde este momento depuesto de su grado y cargo sacerdotal y restablecido nuevamente en el orden de los laicos y como tal sea reconocido por todos a partir de ahora. Ningún Clérigo se atreva a revestirse y concelebrar con él y ningún Cristiano lo reciba u honre como sacerdote y clérigo, bajo pena de suspensión inexorable y excomunión irrevocable de parte del Señor Omnipotente.
 
En prueba y certificación de todo ello fue redactada la presente Acta de Deposición contra él, registrada en este sagrado Códice de nuestra Santa y Gran Iglesia de Cristo, y otra igual enviada también al Eminentísimo Metropolita de España y Portugal Sr. Policarpo, para que, según la praxis sea leída en las iglesias y depositada después en los Archivos de la Sacra Metrópolis bajo su jurisdicción.
 
En el año de salvación 2016, el 29 del mes de Agosto
Indicción IX
 
+ el Patriarca de Constantinopla Bartolomé, decide
+ el Metropolita de Pérgamo Juan
+ el Metropolita de Denver Isaías
+ el Metropolita de Atlanta Alexis
+ el Metropolita de las Islas de los Príncipes Santiago
+ el Metropolita de Pricónisos José
+ el Metropolita de Filadelfia Melitón
+ el Metropolita de Francia Emanuel
+ el Metropolita de Dardanelo Nicetas
+ el Metropolita de Detroit Nicolás
+ el Metropolita de San Francisco Gerásimo
+ el Metropolita de Silivria Máximo
+ el Metropolita de Adrianópolis Amfiloquio
 
El Jefe Secretario en funciones del Sacrosanto Sínodo
+ el Metropolita de Esmirna Bartolomé

Acta de deposição do Protopresbítero Alexandre Bonito


BARTOLOMEU I
PELA MISERICÓRDIA DE DEUS
ARCEBISPO DE CONSTANTINOPLA-NOVA ROMA
E PATRIARCA ECUMÉNICO
 
Prot. Nº: 927
 
ACTA DE DEPOSIÇÃO
DO PROTOPRESBÍTERO ALEXANDRE BONITO
CLÉRIGO DA SACRA METRÓPOLE DE ESPANHA E PORTUGAL
 
​Se algum Presbítero ou Diácono despreza o próprio Bispo e não se ihe quer submeter, nem obedecer-ihe e com a sua conduta e comportamento irregular e indisciplinado escandaliza e arruína as consciências dos fiéis, este debe ser deposto, tal como ordenam os sagrados Cânones.
 
​Acontece que o clérigo da Sacra Metrópole de Espanha e Portugal, o Protopresbítero Alexandre Bonito, se mostrou extremamente desdenhoso para com o seu próprio Bispo e destruidor da ordem canónica Ortodoxa, desertor da sua Autoridade canónica eclesiástica e desobediente ao próprio Bispo canónico, tal como informou à Madre Igreja o Ordinário do local, o Eminentíssimo Metropolita de Espanha e Portugal Sr. Policarpo.
 
A nossa Humilde Pessoa, juntamente com os Eminentíssimos Metropolitas e Exarcas que nos rodeiam, nossos queridos irmãos e concelebrantes no Espírito Santo, pela atitude desobediente e rebelde contra o seu próprio Bispo, funesta para as almas de rebanho Ortodoxo e em geral indigna de um clérigo, considerando a sua conduta e comportamento, examinámos Sinodalmente a situação e decidimos que, de acordo com os divinos e sagrados Cânones 31 dos Santos Apóstoles, 18 do IV Concílio Ecuménico, 34 do VI Concílio Ecuménico, 13 do Primosegundo Concílio, etc., recaia sobre ele a máxima pena da deposição do grau sacerdotal e levá-lo novamente à ordem dos leigos.
 
Portanto, tendo decidido Sinodalmente no Espíritu Santo, decretamos que o acima mencionado ex-Protopresbítero Alexandre Bonito seja desde este momento deposto do seu grau e cargo sacerdotal e introduzido novamente na ordem dos leigos e como tal seja reconhecido por todos a partir de agora. Nenhum Clérigo se atreva a revestir-se e a concelebrar com ele e que nenhum Cristão o receba e honre como sacerdote e clérigo, sob a pena de suspensão inexorável e excomunhão irrevogável da parte do Senhor Omnipotente.
 
​Em prova e autenticação de tudo isto foi redigida a presente Acta de Deposição contra ele, registada neste sagrado Códice da nossa Santa e Grande Igreja de Cristo, e outra igual enviada também ao Eminentíssimo Metropolita de Espanha e Portugal, Sr. Policarpo, para que, segundo o costume, seja lida nas igrejas e depositada depois nos Arquivos da Sacra Metrópole sob a sua jurisdição.
 
No ano de salvação 2016, o día 29 do mês de Agosto
Prescrição IX
 
+ o Patriarca de Constantinopla Bartolomeu, decide
+ o Metropolita de Pérgamo João
+ o Metropolita de Denver Isaías
+ o Metropolita de Atlanta Alexis
+ o Metropolita das Ilhas dos Príncipes Diago
+ o Metropolita de Pricónisos José
+ o Metropolita de Filadélfia Melitón
+ o Metropolita de França Emanuel
+ o Metropolita de Dardanelo Nicetas
+ o Metropolita de Detroit Nicolãu
+ o Metropolita de São Francisco Gerásimo
+ o Metropolita de Silívria Máximo
+ o Metropolita de Adrianópolis Amfilóquio
 
O Chefe Secretário em funções do Sacrossanto Sínodo
+ o Metropolita de Esmirna Bartolomeu