domingo, 30 de abril de 2017

30/04 - Santiago Apóstol (el Mayor), hijo de Zebedeo, Patrón de España


El apóstol Santiago, primer apóstol martir, viajó desde Jerusalén hasta Cádiz (España). Sus predicaciones no fueron bien recibidas, por lo que se trasladó posteriormente a Zaragoza. Aquí se convirtieron muchos habitantes de la zona. Estuvo predicando también en Granada, ciudad en la que fue hecho prisionero junto con todos sus discípulos y convertidos. Santiago llamó en su ayuda a la Virgen María, que entonces vivía aún en Jerusalén, rogándole lo ayudase. La Virgen le concedió el favor de liberarlo y le pidió que se trasladara a Galicia a predicar la fe, y que luego volviese a Zaragoza.



Santiago cumplió su misión en Galicia y regresó a Zaragoza, donde corrió muchos peligros. Una noche, el apóstol estuvo rezando intensamente con algunos discípulos junto al río Ebro, cerca de los muros de la ciudad, pidiendo luz para saber si debía quedarse o huir. Él pensaba en María Santísima y le pedía que rogara con él para pedir consejo y ayuda a su divino Hijo Jesús, que nada podía entonces negarle. De pronto, se vio venir un resplandor del cielo sobre el apóstol y aparecieron sobre él los ángeles que entonaban un canto muy armonioso mientras traían una columna de luz, cuyo pie, en medio de un rayo luminoso, señalaba un lugar, a pocos pasos del apóstol, como indicando un sitio determinado.



Sobre la columna, se le apareció la Virgen María. Santiago se levantó del lugar donde estaba rezando de rodillas, y recibió internamente el aviso de María de que debía erigir de inmediato una iglesia allí; que la intercesión de María debía crecer como una raíz y expandirse. María le indicó que, una vez terminada la iglesia, debía volver a Jerusalén. Santiago se levantó, llamó a los discípulos que lo acompañaban, que habían oído la música y visto el resplandor; les narró lo demás, y presenciaron luego todos cómo se iba desvaneciendo el resplandor de la aparición. En el lugar de la aparición, se levantó lo que hoy es la Basílica de Nuestra Señora del Pilar, un lugar de peregrinación famoso en el mundo entero que no fue destruido en la guerra civil española (1936-1939), puesto que las bombas que se lanzaron no explotaron, pudiéndose hoy en día verse expuestas en el interior de la Basílica.



Santiago partió de España, para trasladarse a Jerusalén, como María le había ordenado. María le predijo la proximidad de su muerte en Jerusalén, y lo consoló y lo confortó en gran manera. Santiago se despidió de María y de su hermano Juan, y se dirigió a Jerusalén, donde al poco tiempo fue hecho prisionero.



Fue llevado al monte Calvario, fuera de la ciudad. Durante el recorrido, estuvo predicando y aún fue capaz de convertir a algunas personas. Cuando le ataron las manos, dijo: "Vosotros podéis atar mis manos, pero no mi bendición y mi lengua". Un tullido que se encontraba a la vera del camino, clamó al apóstol que le diera la mano y lo sanase. El apóstol le contestó: "Ven tú hacia mí y dame tu mano". El tullido fue hacia Santiago, tocó las manos atadas del apóstol e inmediatamente sanó.



Josías, la persona que había entregado a Santiago, fue corriendo hacia él para implorar su perdón. Este hombre se convirtió a Cristo. Santiago le preguntó si deseaba ser bautizado. Él dijo que sí, por lo que el apóstol lo abrazó y le dijo: "Tú serás bautizado en tu propia sangre". Y así se cumplió más adelante, siendo Josías asesinado posteriormente por su fe.

En otro tramo del recorrido, una mujer se acercó a Santiago con su hijo ciego para alcanzar de él la curación para su hijo, obteniéndola de inmediato.


Una vez llegado al Monte Calvario, el mismo lugar donde años antes fue crucificado nuestro Señor, Santiago fue atado a unas piedras. Le vendaron los ojos y le decapitaron.

El cuerpo de Santiago estuvo un tiempo en las cercanías de Jerusalén. Cuando se desencadenó una nueva persecución, lo llevaron a Galicia (España) algunos discípulos.

En siglos posteriores y hasta el momento actual, numerosos fieles, principalmente de Europa, recorren parcialmente el "Camino de Santiago" que les conduce a la tumba del Santo, con el fin de pedir perdón por sus pecados.

viernes, 28 de abril de 2017

28/04 - San Prudencio, Patrón de Álava (País Vasco)


Nació y vivió en Armentia, aldea alavesa hoy absorbida por el municipio de Vitoria, hasta que a sus 15 años se retiró como anacoreta en las cercanías de la actual ciudad de Soria, en la margen derecha del río Duero, teniendo como maestro a Saturio (actual patrón de dicha ciudad). Allí permaneció durante siete años, tras los cuales se dirigió a Calahorra, sede de una gran diócesis y donde se dice que había muchos idólatras. Allí estuvo durante un tiempo. Se afirma que evangelizó a muchas personas y realizó varias curaciones milagrosas, por lo que viendo el número de enfermos que a él acudían, huyó a Tarazona para alejarse de la fama. Se cree que las conversiones y evangelizaciones podrían haberse realizado en la zona del los Cameros, dado que los idólatras eran expulsados de las ciudades, refugiándose en las aldeas.

Tras un tiempo fue admitido como clérigo de la catedral de Tarazona, encargándose inicialmente del mantenimiento del templo, llegando a ser nombrado arcediano. Tras el fallecimiento del obispo de la diócesis de Tarazona, Prudencio fue propuesto para sustituirle, consiguiendo el cargo.

Al existir desavenencias entre el Obispado y el clero de Burgo de Osma, fue elegido como intermediario para dirimir la cuestión. Tras llevarles a un entendimiento, le sobrevino una enfermedad mortal.

Al haber fallecido en Burgo de Osma, fuera de su diócesis, y siendo ilustre por sus milagros, se originaron disputas entre el clero sobre el lugar donde debería ser enterrado. La tradición dice que la cuestión se resolvió poniendo el cadáver sobre la cabalgadura que usaba en vida, dejándola marchar libremente. Esta se detuvo a seis leguas de Logroño y allí se le dio sepultura. Este lugar sería una cueva en las faldas de monte Laturce, en el actual municipio de Clavijo (La Rioja).

En ese lugar se edificó una iglesia dedicada a San Vicente Mártir. Según fray Gaspar Coronel, pasó a denominarse monasterio de San Prudencio de Monte Laturce a partir de 1025, como se desprende de un privilegio de Sancho III el Mayor. Aunque Francisco Javier García Turza localiza la primera mención al monasterio entre 1011-1021, en una interpolación de un documento del año 880.

Desde el siglo XII surgieron disputas entre los monjes de Monte Laturce y Nájera por la ubicación de las reliquias del Santo. Aunque existe confusión debido a la existencia de muchos documentos falsos, lo más probable es que García Sánchez III, al crear el monasterio de Santa María la Real de Nájera, decidiese trasladar hacia 1040 las reliquias de San Prudencio desde Monte Laturce al nuevo monasterio, para honrar su fundación, dejando en Monte Laturce la cabeza y algún hueso menor.

También se baraja que pudiera trasladarlas García Sánchez I en el año 954. Aunque algunos han insistido en demostrar que las reliquias no salieron de Monte Laturce, parece que el monasterio a finales del siglo X quedaba en situación de cierto abandono, ya que según cuenta Yepes, en el año 950 el número de monjes de Monte Laturce era tan escaso, que el abad Adica y otros seis monjes se sometieron al abad Dulquito del monasterio de Albelda, ofreciéndole su monasterio, personas y bienes. Por esto se considera muy razonable que, para que no quedasen las reliquias abandonadas, se trasladasen a otro lugar.

A mediados del siglo VIII ya se le consideraba santo, apareciendo documentado por primera vez de esta manera en un cartulario del monasterio de San Millán de la Cogolla, fechado el 24 de abril de 759.

En la junta general de la provincia de Álava de 18 de noviembre de 1643 se trató de tomar a Prudencio como patrón. Se acordó que el procurador de cada hermandad llevase a la junta del año siguiente los poderes suficientes. El 5 de noviembre de 1644 se votó uniformemente a su favor, siendo ratificado en la junta del 4 de mayo de 1645.


Fuente: Wikipedia

jueves, 27 de abril de 2017

27/04 - Nuestra Señora de Montserrat, Patrona de Cataluña (España)


La montaña de Montserrat, en Cataluña, famosa entre las montañas por su rara configuración, ha sido desde tiempos remotos uno de los lugares escogidos por la Santísima Virgen para manifestar su maternal presencia entre los hombres. Bajo la advocación plurisecular de Santa María de Montserrat, la Madre de Dios y Madre de la Iglesia ha dispensado sus bendiciones sobre los devotos de todo el mundo que a Ella han acudido a través de los siglos. Pero su maternidad se ha dejado sentir más particularmente, desde los pequeños orígenes de la devoción y en todas las épocas de su desarrollo, sobre las tierras presididas por la montaña que levanta su extraordinaria mole en el mismo corazón geográfico de Cataluña. Con razón, pues, la Iglesia, ratificando una realidad afirmada por la historia de numerosas generaciones, proclamó a Nuestra Señora de Montserrat como Patrona de las diócesis catalanas, señalando asimismo una especial solemnidad litúrgica para honrar a la Santísima Virgen y darle gracias por todos sus beneficios bajo esta su peculiar advocación. 

Aunque la devoción a la Virgen Santísima en Montserrat sea, con toda verosimilitud, bastante más antigua, consta, por lo menos, históricamente que en el siglo IX existía en la montaña una ermita dedicada a Santa María. El padre de la patria Wifredo el Velloso la cede, junto con otras tres ermitas de Montserrat, al monasterio de Santa María de Ripoll. Será un gran prelado de este monasterio, figura señera de la Iglesia de su tiempo, el abad Oliva, quien siglo y medio después, estableciendo una pequeña comunidad monástica junto a la ermita de Santa María, dará a la devoción el impulso que la habrá de llevar a la gran expansión futura. 

El culto a Santa María en Montserrat queda concretado bien pronto en una imagen. La misma que veneramos hoy. La tradición dice que San Lucas la labró con los instrumentos del taller de San José, teniendo como modelo a la misma Madre de Jesús, y que San Pedro la trasladó a Barcelona. Escondida por los cristianos, ante la invasión de los moros, en una cueva de la montaña de Montserrat, fue milagrosamente hallada en los primeros tiempos de la Reconquista y también maravillosamente dio origen a la iglesia y monasterio que se erigieron para cobijarla. En realidad, Santa María de Montserrat es una hermosa talla románica del siglo XII. Dorada y policromada, se presenta sentada sobre un pequeño trono en actitud hierática de realeza, teniendo al Niño sobre sus rodillas, protegido por su mano izquierda, mientras en la derecha sostiene una esfera. El Niño levanta la diestra en acto de bendecir y en su izquierda sostiene una piña. Rostro y manos de las dos figuras ofrecen la particularidad de su color negro, debido en buena parte, según opinión de los historiadores, al humo de las velas y lámparas ofrecidas por los devotos en el transcurso de varios siglos. Así es como la Virgen de Montserrat se cuenta entre las más señaladas Vírgenes negras y recibe de los devotos el apelativo cariñoso de Moreneta. 

Presidida por esta imagen, la devoción a Santa María de Montserrat se extendió rápidamente por las tierras de Cataluña y, llevada por la fama de los milagros que se obraban en la montaña, alcanzó bien pronto a otros puntos de la Península y se divulgó por el centro de Europa. Las conquistas de la corona catalano-aragonesa la difunden hacia Oriente, estableciéndola sobre todo firmemente en Italia, en donde pasan de ciento cincuenta las iglesias y capillas que se dedicaron a la Virgen negra. Más tarde el descubrimiento de América y el apogeo del imperio hispánico la extienden y consolidan en el mundo entonces conocido. No sólo se dedican a Nuestra Señora de Montserrat las primeras iglesias del Nuevo Mundo, no sólo se multiplican allí los templos, altares, monasterios e incluso poblaciones a Ella dedicados, sino que la advocación mariana de la montaña sigue también los grandes caminos de Europa y llega, por ejemplo, hasta presidir la capilla palatina de la corte vienesa del emperador. Si para España, en los momentos de su plenitud histórica, la Virgen morena de Montserrat es la Virgen imperial que preside sus empresas y centra sus fervores marianos, la misma advocación de Santa María de Montserrat. se presenta en la historia de la piedad mariana como la primera advocación de origen geográfico que alcanza, con las proporciones de la época, un renombre universal. 

Familias distinguidas y humildes devotos se honran en ofrecer sus donativos a la Virgen, para sostener la tradicional magnificencia de su culto, atendido desde los orígenes por los monjes benedictinos, y para cooperar al crecimiento y esplendor de la devoción. Es ésta una bella constante de la historia de Montserrat, desde las antiguas donaciones consignadas en los documentos más primitivos, pasando por el trono de catorce arrobas de plata ofrendado por la familia de los Cardona y el retablo policromado del altar mayor que costeó la munificencia de Felipe II, hasta el trono y la campana mayor de nuestros días, sufragados por fervorosa suscripción popular. También las familias devotas de todas las épocas han tenido un verdadero honor en que sus hijos consagraran los años de la niñez al servicio de Santa María, encuadrados en la famosa Escolanía o agrupación de niños cantores consagrados al culto, importante asimismo por la escuela tradicional de canto y composición que forman sus maestros, existente ya con seguridad en el siglo XIII y probablemente tan antigua como el santuario. Con sus actuaciones musicales, siempre tan admiradas, en la liturgia de Montserrat esos niños constituyen una de las notas más típicas e inseparables de la devoción a la Virgen negra, a cuya imagen aparecen íntimamente unidos en la realidad de su propia vida como en el sencillo simbolismo de las antiguas estampas y las modernas pinturas de Nuestra Señora de Montserrat. 

A lo largo de más de mil años de historia, en el despliegue de un conjunto tan singular como el que forma la montaña con la ermita inicial, con el santuario y con el monasterio, la Santísima Virgen, en su advocación de Montserrat, ha recibido el culto de las generaciones y ha dispensado sus gracias, sensibles o tal vez ocultas, a quienes la han invocado con fervor. Hoy como nunca suben numerosas multitudes a Montserrat. Peregrinos en su mayoría, pero también no pocos movidos por respetuosa curiosidad. El lugar exige un viaje ex profeso, pero las estadísticas hablan de cifras que cada vez se acercan más al millón anual y que en un solo día pueden redondear fácilmente los diez o doce mil, con un porcentaje siempre acentuado de visitantes extranjeros. En Montserrat encuentran una montaña sorprendente, maravillosa por su configuración peculiar. Encuentran un santuario que les ofrece ciertos tesoros artísticos y humildes valores de espiritualidad humana y sobrenatural. Encuentran la magnificencia del culto litúrgico de la Iglesia, servido por una comunidad de más de ciento cincuenta monjes que consagran su vida a la búsqueda de Dios, a la asistencia de los mismos fieles, a la labor científica y cultural, a los trabajos artísticos. Hijos de San Benito, esos monjes oran, trabajan y se santifican santificando, esforzándose por corresponder a las justas exigencias del pueblo fiel, que confía en su intercesión y busca en ellos una orientación para la vida espiritual y también humana. Por su unión íntima con el monasterio, en fin, el santuario aparece caracterizado como el santuario del culto solemne, del canto de los monjes y especialmente de los niños; pero sobre todo como el santuario de la participación viva de los fieles en la liturgia, o, resumiendo la idea con frase expresiva, como el santuario del misal. 

Todo esto encuentra el peregrino en Montserrat. Pero por encima de todas esas manifestaciones, y en el fondo de todas ellas, encuentra a la Santísima Virgen, la cual, como en tantos otros lugares de la tierra, aunque siempre con un matiz particular y distinto, ha querido hacerse presente en Montserrat. 

En 1881 fue coronada canónicamente la imagen de Nuestra Señora de Montserrat. Era la primera en España que recibía esta distinción. La Iglesia la señalaba como Patrona de las diócesis catalanas y concedía a su culto una especial solemnidad con misa y oficio propios. Hasta entonces la fiesta principal del santuario había sido la de la Natividad de Nuestra Señora, el 8 de septiembre. En realidad, esta solemne fiesta no debía perder su tradicional significación. Todavía hoy conserva su carácter como de fiesta mayor, popular, del santuario. Pero una nueva festividad, con característica de patronal, venía a honrar expresamente a la Santísima Virgen en su advocación de Montserrat. Es la fiesta que no puede dejar de celebrar hoy todo buen devoto de la Virgen negra. Situada al principio como fiesta variable en el mes de abril, después de una breve fluctuación quedó fijada para el día 27. El misterio que la preside es el de la Visitación. En verdad, la Santísima Virgen visita en la montaña a los que acuden a venerarla y, como pide la oración de la solemnidad, les dispone para llegar a la Montaña que es Jesucristo. 

miércoles, 26 de abril de 2017

Alocución de S.S. Bartolomé I en el CMI


Reverendo Olav Fykse Tveit, Secretario General del Consejo Mundial de Iglesias, Sus Eminencias, Sus Excelencias, Honorables representantes de las instituciones internacionales, Señoras y Señores,

“¡Qué bueno es, y qué agradable, que los hermanos convivan en armonía!” (Sal 133:1). Precisamente con el mismo sentimiento especial que manifiesta el Salmista, visito una vez más la sede del Consejo Mundial de Iglesias. Cada una de mis visitas a este lugar desde mi elección para ocupar el trono ecuménico hace veinticinco años, pero también con anterioridad, ha sido especial, y conservo esos recuerdos. Para mí personalmente, así como para nuestra iglesia en su conjunto, el Consejo Mundial de Iglesias es un lugar familiar, no extraño. De hecho, hace casi un siglo, el Patriarcado Ecuménico abogó por su creación a “todas las iglesias de Cristo en todas partes”, y se convirtió en uno de sus miembros fundadores en 1948. Desde entonces, nuestra iglesia ha participado activamente en el Consejo y en su Comisión de Fe y Constitución. Desde 1955, el Patriarcado Ecuménico ha mantenido una delegación permanente como muestra de la cooperación constante con el Consejo Mundial de Iglesias y el movimiento ecuménico. Los representantes permanentes del Patriarcado Ecuménico han sido el obispo Iakovos de Melita (Malta) (que luego sería arzobispo de América del Norte y del Sur) y el metropolitano Emilianos Timiadis, así como el gran protopresbítero del trono ecuménico Georges Tsetsis, el archimandrita Benediktos Ioannou, el arconte Sr. George Lemopoulos, antiguo secretario general adjunto del CMI, y, en la actualidad, el arzobispo Job de Telmessos.

Desde un punto de vista más personal, desde mi niñez he aprendido –especialmente de mi predecesor, el patriarca ecuménico Atenágoras, bendito sea su recuerdo– la importancia de reunirse con otros cristianos. Como solía decir: “Vengan, mirémonos a los ojos y veamos entonces lo que tenemos que decirnos”. Él es el que me ha abierto los ojos a nuestra familia ecuménica más amplia. Inspirado por él, elegí realizar estudios de posgrado en el Instituto Ecuménico de Bossey, que celebró su 70º aniversario el año pasado, y donde he obtenido una experiencia excepcional que ha resultado muy útil en mi ministerio. En 1975, fui vicemoderador de la Comisión de Fe y Constitución cuando preparaba el bien conocido documento de convergencia sobre “Bautismo, Eucaristía, Ministerio”, que sigue siendo un referente en nuestros días. Unos meses antes de mi elección al trono ecuménico en 1991, me convertí en miembro de los Comités Central y Ejecutivo del CMI en la VII Asamblea, que tuvo lugar en Canberra bajo el tema “Ven, Espíritu Santo, renueva toda la creación”.

1. Cuando su Comité Central se reunía el pasado mes de junio en Trondheim, la Iglesia Ortodoxa estaba reunida en la maravillosa isla de Creta con motivo de su Santo y Gran Concilio. Los preparativos del concilio tomaron más de medio siglo con la participación de todas las iglesias ortodoxas, sin excepción, y que, con la bendición de Dios, convocamos de acuerdo con la decisión unánime de todos los primados de las iglesias ortodoxas locales adoptada en la sinaxis de enero de 2016 que se celebró aquí, en Chambésy. La convocatoria del Santo y Gran Concilio de la Iglesia Ortodoxa era necesaria por varias razones.

En primer lugar, porque para nosotros, como ortodoxos, la sinodalidad constituye una expresión y manifestación del misterio de la propia iglesia. “Reunirse en un lugar” es una característica de la naturaleza de la iglesia. Solo circunstancias históricas insuperables pueden justificar la inactividad de la institución sinodal en cualquier escala, sobre todo la escala mundial. La Iglesia Ortodoxa encontró frecuentemente esas circunstancias en los últimos años y, por ello, retrasó la convocatoria de un concilio panortodoxo durante mucho tiempo. En este sentido, la celebración del Santo y Gran Concilio fue un éxito por sí misma.

En segundo lugar, la necesidad de resolver cuestiones internas de la Iglesia Ortodoxa también exigía su convocatoria. Estas cuestiones surgieron principalmente como resultado del sistema de estructura canónica dentro de nuestra iglesia, que incluye muchas iglesias autocéfalas locales, cada una de las cuales regula libremente sus propios asuntos mediante sus propias decisiones. Esto dificulta en ocasiones el testimonio de la iglesia al mundo contemporáneo “con una boca y un corazón”, creando confusión y conflictos que empañan la imagen de su unidad. El sistema de la autocefalía tiene sus orígenes en la iglesia primitiva, bajo la forma de los cinco antiguos patriarcados –concretamente, los de Roma, Constantinopla, Alejandría, Antioquía y Jerusalén– conocidos como la Pentarquía, cuya armonía comprendía la manifestación suprema de la unidad de la iglesia que se expresaba en los concilios. Aunque esta estructura es, a nuestros ojos, correcta desde el punto de vista canónico y eclesiológico, sigue existiendo el peligro de que se convierta en una especie de “federación de iglesias”, como se ve a menudo desde fuera. En ese caso, cada una de las iglesias promueve sus propios intereses y ambiciones –que no siempre son de naturaleza estrictamente eclesiástica– y esto hace necesaria la aplicación de la sinodalidad. La atrofia de la institución sinodal a nivel panortodoxo contribuye a que surja un sentimiento de autosuficiencia dentro de las iglesias individuales, lo que las lleva a su vez a tendencias introspectivas y egocéntricas. Por este motivo, si el sistema sinodal es, por lo general, imperativo en la vida de la iglesia, el sistema de la autocefalía lo hace aún más obligatorio para la protección y expresión de su unidad.

La tercera razón por la que se necesitaba convocar el Santo y Gran Concilio tiene que ver con los nuevos desafíos que han aparecido en los últimos años, que exigían la articulación de una dirección y posición común entre las iglesias ortodoxas individuales. Por ejemplo, el fenómeno de la emigración de las regiones ortodoxas a los países occidentales ha llevado al establecimiento de la llamada “diáspora” ortodoxa, que requiere una atención pastoral especial. Esto dio lugar a la situación bien conocida, y no estrictamente canónica, de que exista más de un obispo en la misma ciudad o región, lo que supone un escándalo para muchas personas dentro y fuera de la Iglesia Ortodoxa. Esta cuestión no se podía haber resuelto sin una decisión conciliar panortodoxa.

Por último, la participación ortodoxa en los esfuerzos encaminados a la reconciliación de la unidad entre los cristianos a través del llamado “movimiento ecuménico”, que hasta ahora se basaba en las decisiones alcanzadas por las iglesias autocéfalas individuales o en conferencias panortodoxas, debía ser ratificada de manera conciliar, que era la auténtica manera de formular una posición uniforme de la Iglesia Ortodoxa.

Nosotros los ortodoxos creemos firmemente que el objetivo y la razón de ser del movimiento ecuménico y del Consejo Mundial de Iglesias es hacer realidad la oración final del Señor de “que todos sean uno” (Jn 17:21), que está bordada en el bello tapiz que decora la pared de esta sala. Por este motivo, el Santo y Gran Concilio hizo hincapié en que “la participación ortodoxa en el movimiento para el restablecimiento de la unidad con los otros cristianos en la Iglesia una, santa, católica y apostólica no va en absoluto contra la naturaleza y la historia de la Iglesia Ortodoxa, sino que constituye la expresión consecuente de la fe y tradición apostólica en unas circunstancias históricas nuevas”(Relaciones, 4). El Santo y Gran Concilio también ha reconocido que “uno de los principales órganos de la historia del movimiento ecuménico es el Consejo Mundial de Iglesias” (Relaciones, 16). Entre las diferentes actividades del CMI, el Santo y Gran Concilio afirmó que “la Iglesia Ortodoxa desea apoyar la labor de la Comisión de Fe y Constitución y sigue con vivo interés la aportación teológica que esta ha realizado hasta nuestros días. Valora positivamente los textos teológicos de la Comisión, que contaron con la apreciable contribución de teólogos ortodoxos y representan una etapa loable en el movimiento ecuménico hacia el acercamiento de los cristianos”(Relaciones, 21). Consideramos que esta evaluación conciliar de la contribución del CMI a la búsqueda de la unidad cristiana es muy positiva y que debería inspirar al CMI para que prosiga sus trabajos cuando se acerca a sus setenta años de existencia.

Además, la Iglesia Ortodoxa ha reiterado a través de la voz sinodal de su Santo y Gran Concilio que “siempre ha concedido una gran importancia al diálogo, sobre todo con los cristianos no ortodoxos”(Encíclica, 20), y por esta razón, “considera condenable todo intento de romper la unidad de la Iglesia por parte de personas o grupos bajo el pretexto de una presunta defensa de la pureza de la ortodoxia” (Relaciones, 22).

2. El espíritu de diálogo que cultiva la Iglesia Ortodoxa no se limita al movimiento ecuménico, sino que es necesario en la sociedad y la ciencia contemporáneas. Tal y como destacó el Santo y Gran Concilio en su Encíclica, “el desarrollo actual de las ciencias y de la tecnología está cambiando nuestra vida de manera radical. [...] Los riesgos son la manipulación de la libertad humana, la instrumentalización del ser humano, la pérdida gradual de preciosas tradiciones, y la degradación, o incluso la destrucción, del medio ambiente” (Encíclica, 11).

El Patriarcado Ecuménico ha sido pionero a la hora de entablar un diálogo con la ciencia moderna en lo que respecta a los problemas medioambientales. En 1989, mi predecesor el patriarca ecuménico Dimitrios envió la primera encíclica sobre este asunto, estableciendo el 1 de septiembre como el día de oración por la protección del medio ambiente. Nos alegramos de que el CMI haya seguido nuestros pasos, no solo aplicando este día de oración cada año, sino también tomando en serio el compromiso de las iglesias para solucionar la crisis medioambiental. El Santo y Gran Concilio nos recordó a los ortodoxos que “las raíces de la crisis ecológica son espirituales y éticas. Están inscritas en el corazón de todo ser humano” (Encíclica, 14).

En distintas ocasiones, hemos hecho hincapié en que un pecado contra la creación es un pecado contra Dios. Como ocurre con cualquier otro pecado, nos debemos arrepentir por el pecado cometido contra la creación. El Santo y Gran Concilio ha subrayado que “enfocar el problema ecológico sobre la base de los principios de la tradición cristiana exige no solo arrepentirse por el pecado de explotar los recursos naturales del planeta, es decir, cambiar radicalmente de mentalidad y comportamiento, sino también practicar el ascetismo como antídoto contra el consumismo, la deificación de las necesidades y la actitud adquisitiva” (Encíclica, 14). El verdadero arrepentimiento implica una conversión, que significa un cambio radical de nuestra actitud. La crisis medioambiental requiere que cada uno de nosotros tomemos medidas concretas.

En distintas ocasiones, señalamos que la Iglesia no puede interesarse exclusivamente por la salvación del alma, sino que está profundamente preocupada por la transformación de toda la creación de Dios. Por este motivo, nuestras iglesias necesitan tener vigilancia, información y educación constantes a fin de comprender con claridad la relación entre la crisis ecológica actual y nuestras pasiones humanas de la avaricia, el materialismo, el egocentrismo y la rapacidad, que tienen como consecuencia la crisis que afrontamos en la actualidad y nos conducen a ella. Por consiguiente, lo que es una amenaza para la naturaleza también es una amenaza para la humanidad; al igual que lo que preserva el planeta salva al mundo entero. Por este motivo, invitamos a todas las personas a movilizar sus recursos, y en particular sus oraciones, en la lucha por la protección del medio ambiente.

Entre los distintos temas medioambientales, el agua es uno muy importante puesto que el agua es tan sagrada y dadora de vida como la sangre que corre por nuestras venas. El agua es un bien común. No pertenece a ninguna persona ni a ninguna industria, sino que es el derecho inviolable e innegociable de cada ser humano. Por consiguiente, no podemos considerar ética la explotación económica del agua por parte de las industrias que venden agua a personas que tienen dinero para comprarla. Aparte del problema ético que plantea, la industria del agua contamina con frecuencia el medio ambiente a causa de las botellas de plástico que vende. Los ecologistas nos alertan hoy de que, en 2050, los océanos contendrán más plástico que peces si los comparamos por su peso. La contaminación causada por el plástico es un problema medioambiental y de justicia social. Por este motivo, deberíamos evitar el plástico utilizando alternativas en nuestra vida cotidiana.

Lamentablemente, el mundo se está quedando sin agua accesible. Esto no es solo un problema en países pobres, como los de África o la India, sino que también se está convirtiendo en un problema en países con abundantes recursos hídricos debido a la contaminación del agua. Introducir el agua en la economía de mercado y venderla como el petróleo y el gas no es una solución para resolver esta crisis. La falta de acceso a agua limpia y saneamiento es la mayor violación de los derechos humanos de nuestro tiempo. Según se nos ha informado, en la actualidad casi mil millones de personas en la Tierra no tienen acceso a agua limpia y 2500 millones no tienen acceso a servicios de saneamiento adecuados. A menos que nos demos cuenta del peligro –quizá incluso de la pecaminosidad– de negarnos a compartir los recursos naturales del planeta, afrontaremos inevitablemente graves desafíos y conflictos. La sostenibilidad no trata solo de tecnología racional y buenos negocios. La sostenibilidad es la manera de coexistir pacíficamente.

Por esta razón, felicitamos al CMI por unirse a la Comunidad Azul, un proyecto del Consejo de los Canadienses. El proyecto de Comunidades Azules hace un llamamiento a las comunidades para que adopten un marco sobre el agua como patrimonio común que reconozca el agua como un derecho humano, prohíba la venta de agua embotellada en instalaciones públicas y en eventos municipales, y promueva los servicios de agua y de tratamiento de aguas residuales de propiedad, explotación y financiación pública. Al unirse a la Comunidad Azul, el CMI conciencia a sus iglesias miembros y al conjunto de la sociedad de que la justicia hídrica requiere la gestión ética del agua como un don de Dios, que debe estar disponible para las generaciones futuras.

La contaminación del agua causada por el plástico, la contaminación atmosférica y el cambio climático son emergencias mundiales análogas. Son la consecuencia de olvidarse del carácter sagrado de la creación. Son los resultados desastrosos de la industrialización y nuestra avidez humana. La crisis medioambiental no puede solucionarse sin una verdadera transformación de las acciones humanas. En este sentido, la ecología está vinculada a la economía. Una sociedad que no se preocupa por el bienestar de todos los seres humanos es una sociedad que maltrata la creación de Dios, lo cual es una blasfemia. Por esta razón, el desafío ecológico de nuestras iglesias es conseguir que el mundo tome conciencia de la destrucción irreversible de la creación de Dios como consecuencia de las acciones pecaminosas de los humanos. La necesidad de educación ecológica no es solo un problema de nuestros Estados, sino que también debería ser el problema de nuestras iglesias.

Lamentablemente, desde la aplicación del Protocolo de Kioto en 1997 con el objetivo de luchar contra el calentamiento del planeta, siguen existiendo los mismos problemas. El conocimiento científico, respaldado por estadísticas y modelos climáticos, así como por observaciones sencillas hechas por campesinos, agricultores, pueblos indígenas y habitantes de las costas, ha confirmado que el clima está cambiando a causa de las actividades humanas y que ese cambio tendrá consecuencias catastróficas para la vida en este planeta, mientras seguimos siendo incapaces de adoptar las medidas inevitables para detener los terribles sucesos ya tangibles y venideros.

El Patriarcado Ecuménico ha sido especialmente sensible al problema del cambio climático. Por ello, hemos apoyado el llamamiento urgente en París del vigésimo primer período de sesiones de la Conferencia de las Partes en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP21) en 2015. Como hemos recalcado en nuestro mensaje al vigésimo segundo período de sesiones, que tuvo lugar el pasado mes de noviembre en Marrakech, las máximas autoridades y líderes políticos mundiales han coincidido fundamentalmente en los problemas del cambio climático mundial desde la Cumbre para la Tierra de Río en 1992 y han mantenido interminables consultas y conversaciones de alto nivel sobre algo que requiere medidas prácticas e iniciativas concretas. Y sabemos muy bien cuáles deberían ser esas medidas e iniciativas. ¿Qué precio estamos dispuestos a pagar por los beneficios? ¿O cuántas vidas estamos dispuestos a sacrificar por una ganancia material o financiera? ¿Y a qué costo sacrificaríamos o impediríamos la supervivencia de la creación de Dios? Oramos humildemente, pero también decididamente, por que las máximas autoridades y líderes políticos mundiales reconozcan y respondan a los grandes desafíos que comporta el cambio climático. Una manera de hacerlo sería aplicar el acuerdo de la COP21 de París sin más dilación.

3. A menos que percibamos todos en nuestras actitudes y actos, y en nuestras deliberaciones y decisiones, los rostros de nuestros propios hijos –en el presente y en las generaciones futuras–, seguiremos dilatando y aplazando el desarrollo de cualquier solución, persistiremos en obstaculizar o limitar cualquier aplicación. En la encíclica del patriarca con motivo de la Navidad de 2016, abordamos las amenazas contemporáneas a las que se enfrentan los niños y declaramos 2017 como “el Año de la Protección de la Santidad de la Infancia”. En esa encíclica, hicimos un llamamiento a todas las personas de buena voluntad “para que respet[en] la identidad y la santidad de la infancia”, sobre todo “a la luz de la crisis mundial de los refugiados que afecta especialmente a los derechos de los niños; a la luz de la plaga de la mortalidad infantil, el hambre y la esclavitud infantil, el abuso y la violencia psicológica, así como los peligros de alterar las almas de los niños por su exposición incontrolada a la influencia de los medios electrónicos contemporáneos de comunicación y su sujeción al consumismo”.

En este aspecto, nos gustaría felicitar al CMI por inaugurar un programa especial este año sobre los “Compromisos de las iglesias con la niñez”, que tiene como objetivos promover la protección de la infancia a través de las comunidades eclesiales, fomentar la participación significativa de los niños y los jóvenes en las iglesias y abordar cuestiones críticas para los niños, como los problemas medioambientales. En este sentido, el Santo y Gran Concilio nos recuerda que “la Iglesia no ofrece a la juventud solamente ‘ayuda’, sino la ‘verdad’ de la nueva vida divino-humana en Cristo”, y destaca que “los jóvenes no son únicamente el ‘futuro’ de la Iglesia, sino también la expresión activa de su vida al servicio de Dios y de los seres humanos en el presente” (Encíclica, 8).

Creemos firmemente que las iglesias no pueden ser indiferentes al sufrimiento ni al abuso infantil que existen en el mundo y padecen sobre todo los niños que están heridos o son refugiados. Por lo tanto, desarrollemos juntos mecanismos para poner fin a la violencia contra los niños y los jóvenes en nuestra sociedad contemporánea. Promovamos una mejor participación e integración de nuestros niños y jóvenes en el culto y en la vida de nuestras iglesias. Concienciemos a nuestros niños y jóvenes de la responsabilidad de los cristianos en la crisis medioambiental y eduquémosles para que adopten un comportamiento adecuado y tomen las medidas pertinentes para hacer frente a cuestiones como el problema del agua y el cambio climático.

Por desgracia, los niños y los jóvenes sufren violencia emocional, sexual o física con más frecuencia de lo que pensamos, lo cual afecta a su salud, su bienestar y su futuro. Este tipo de violencia daña a los niños, destruye las familias e impacta a las sociedades. El Santo y Gran Concilio de la Iglesia Ortodoxa señaló que “la crisis contemporánea del matrimonio y de la familia surge de la crisis de la libertad como responsabilidad, ya que la libertad se ve reducida a una realización egocéntrica del propio yo y se identifica con la gratificación personal, la autosuficiencia y la autonomía; se pierde así el carácter sacramental de la unión entre un hombre y una mujer, lo que lleva a olvidar el 'ethos' sacrificial del amor” (Encíclica, 7).

Con este espíritu, y ante la crisis polifacética contemporánea, el Patriarcado Ecuménico organizó junto con la Iglesia de Inglaterra un foro sobre la esclavitud moderna titulado Los pecados ante nuestros ojos, que se celebró el pasado mes de febrero en nuestra sede. Estuvimos encantados de recibir a los representantes del CMI que vinieron a participar en el foro. El evento se inspiró en el Santo y Gran Concilio de la Iglesia Ortodoxa, que valientemente afirmó el lugar central de la solidaridad y la acción filantrópica en la vida y el testimonio de la ortodoxia, atendiendo además a las personas “afectadas por la trata de seres humanos y las formas modernas de esclavitud” (La misión de la Iglesia Ortodoxa en el mundo contemporáneo, F.1, traducción libre del inglés). Como señalamos entonces, no es posible para nuestras iglesias cerrar los ojos al mal, ser indiferentes al clamor de los necesitados, los oprimidos y los explotados. La verdadera fe debe ser siempre una fuente de lucha permanente contra los poderes de la inhumanidad.

Nosotros, como iglesias, debemos unir nuestras fuerzas para erradicar la esclavitud moderna en todas sus formas, en el mundo entero y para siempre. Hace unos dos años, firmamos la Declaración conjunta de los líderes religiosos contra la esclavitud moderna (2 de diciembre de 2014), que condenaba la esclavitud como “un crimen de lesa humanidad”. Nosotros, como iglesias, debemos comprometernos “a hacer todo lo que esté a nuestro alcance dentro de nuestras comunidades de fe y más allá de ellas para trabajar juntos en pro de la libertad de todos los que son víctimas de la esclavitud y la trata de personas, y en aras de la recuperación de su futuro”. En el camino hacia la consecución de este imperativo categórico, nuestro adversario no es solo la esclavitud moderna, sino también el espíritu que la alimenta, la deificación del lucro, el consumismo, la discriminación, el racismo, el sexismo y el egocentrismo.

Debemos trabajar todos juntos en contra de este espíritu y por la promoción de una cultura de la solidaridad, el respeto a los demás y el diálogo. Además de sensibilizar las conciencias, debemos participar en iniciativas y acciones concretas. Necesitamos una mayor movilización a nivel práctico.

Señoras y Señores,

Mientras el Consejo Mundial de Iglesias continúa su peregrinación de justicia y paz invitando a sus iglesias miembros a “caminar juntas en aras de una búsqueda común, renovando la vocación de la iglesia por medio de la colaboración y la participación en las cuestiones más importantes en materia de justicia y paz, para la sanación de un mundo lleno de conflictos, injusticia y dolor”, nosotros, en nombre del Patriarcado Ecuménico, le reiteramos nuestro pleno apoyo y compromiso, convencidos como estamos de que solo gracias a esta cooperación ecuménica verdaderamente fraternal podemos transformar nuestra casa común y curarla de sus problemas espirituales, éticos y ecológicos. Pues sirviendo a nuestro común Señor y Salvador Jesucristo, nuestras iglesias se acercarán las unas a las otras y descubrirán lo urgente y necesario que es para todas que sean una (véase Jn 17:21). Por este motivo, el Santo y Gran Concilio oró “para que los cristianos trabajen juntos a fin de que pronto llegue el día en que el Señor cumpla la esperanza de las iglesias ortodoxas de que haya ‘un rebaño y un pastor’ (Jn 10:16)” (Relaciones, 24). Desde esta perspectiva, que Dios, glorificado en la Trinidad, bendiga al secretario general, a los colaboradores del CMI y a todos ustedes en la importante misión que desempeñan.

¡Muchas gracias por la atención que me han prestado!


24/04/2017

Visita del Patriarca Ecuménico al CMI



El Patriarca Ecuménico, Su Santidad el Patriarca Bartolomé I, pronunció una alocución pública en el Centro Ecuménico en Ginebra el 24 de abril como parte de su visita oficial a Suiza con motivo del 25o aniversario de su entronización como Patriarca Ecuménico y el 50º aniversario del Centro Ortodoxo del  Patriarcado Ecuménico en Chambesy.

En su extensa alocución a la audiencia, el patriarca habló sobre las razones y los logros del Santo y Gran Concilio, convocado en Creta en Junio de 2016, el papel de la ciencia y la tecnología en la sociedad contemporánea, el imperativo teológico de hacer frente al cambio climático, la difícil situación y las perspectivas de los niños hoy en día, la importancia de luchar contra la trata de seres humanos y las formas modernas de esclavitud y la necesidad de que todos los cristianos aborden estas cuestiones de forma práctica.

Unidos frente a todas estas cuestiones, “debemos trabajar todos juntos en contra de este espíritu y por la promoción de una cultura de la solidaridad, el respeto a los demás y el diálogo. Además de sensibilizar las conciencias, debemos participar en iniciativas y acciones concretas. Necesitamos una mayor movilización a nivel práctico.” dijo.

Tras recordar a su audiencia que el Patriarcado Ecuménico fue decisivo, hace casi cien años, en el inicio del movimiento ecuménico y su búsqueda de la unidad, Bartolomé citó los hitos de la iglesia y su propio compromiso con el CMI. Desde 1995, el patriarca ha tenido representación permanente  en el CMI en Ginebra, actualmente encaminada por el arzobispo Job de Telmessos.

Un elemento básico en el espectro de las preocupaciones de Bartolomé, dijo el patriarca, es el compromiso firme y permanente de las iglesias ortodoxas al ecumenismo.

“Nosotros los ortodoxos creemos firmemente que el objetivo y la razón de ser del movimiento ecuménico y del Consejo Mundial de Iglesias es hacer realidad la oración final del Señor de “que todos sean uno” (Jn 17:21), que está bordada en el bello tapiz que decora la pared de esta sala.

“Por este motivo, el Santo y Gran Concilio hizo hincapié en que “la participación ortodoxa en el movimiento para el restablecimiento de la unidad con los otros cristianos en la Iglesia una, santa, católica y apostólica no va en absoluto contra la naturaleza y la historia de la Iglesia Ortodoxa, sino que constituye la expresión consecuente de la fe y tradición apostólica en unas circunstancias históricas nuevas.’”

Bartolomé, quien celebra sus 25 años como Patriarca Ecuménico y Arzobispo de Constantinopla, fue recibido en el centro por el Rev. Dr Olav Fykse Tveit, secretario general del CMI.

Tveit se refirió a Bartolomé como “uno de los líderes de la iglesia más respetados hoy en día” en su calidad de líder de las iglesias ortodoxas bizantinas del mundo,” e hizo especial hincapié en la voz moral y testimonio profético firmes del patriarca en la escena internacional, así como también para los simples cristianos, como él, en todas partes.

“Me inspiró la claridad con la que presentó las dimensiones más básicas y proféticas de nuestra fe, incluso ante cualquier audiencia, animándolos a adoptar una postura moralista en nuestro cuidado por la humanidad, los derechos humanos, la justicia y paz, así como también – y particularmente – por toda la creación de Dios en este planeta tierra en el que vivimos,” dijo Tveit.

Las respuestas a la alocución del patriarca fueron presentadas por Tveit, el secretario general adjunto del CMI la Prof. Dra. Isabel Apawo Phiri y el arzobispo Job.

Según Tveit, el discurso del patriarca inspiró una reflexión renovada sobre la búsqueda permanente y carácter cambiante de la unidad cristiana—en especial en su trabajo en el mundo. ¿Por qué tiene lo que hacemos en esta casa y en estas organizaciones, inspirados por el llamamiento a las iglesias a ser una, un valor añadido para la familia humana?,  preguntó.

Tveit afirmó con rotundidad la petición del patriarca por solidaridad ecuménica.

“Esta forma de ser mutuamente responsables en nuestro compromiso con el diálogo nos puede llevar a la liberación y puede ayudarnos a encontrar nuevas maneras sostenibles de avanzar. El diálogo ecuménico puede servir al mundo como camino para ambos: la cruz y la resurrección. Nuestra fe común en Jesucristo es, en esencia, esperanza.”

Teniendo en cuenta las observaciones del patriarca sobre “el derecho inviolable e innegociable” al agua y su extraordinario liderazgo en el área de  justicia climática, Phiri destacó el trabajo consonante del CMI y su designación en 2016 como parte de la Comunidad Azul por sus esfuerzos para garantizar agua potable y saneamiento como un derecho humano. En 2015, recordó, el CMI hizo un llamado urgente  a las personas y comunidades para que rechazaran las botellas de agua como un paso significativo hacia la justicia del agua y pidió a las Iglesias a que lideraran esta lucha contra las botellas de agua.

Al referirse a la peregrinación de justicia y paz del CMI Bartolomé reiteró su invitación a todas las iglesias miembros a “caminar juntas en aras de una búsqueda común, renovando la vocación de la iglesia por medio de la colaboración y la participación en las cuestiones más importantes en materia de justicia y paz, para la sanación de un mundo lleno de conflictos, injusticia y dolor”.


Fuente: CMI

sábado, 22 de abril de 2017

Acerca del Domingo de Tomás


Todos los días durante la semana posterior a la Pascua, que la Iglesia llama la “Semana de las Luces” o “De la Renovación”, se celebran los oficios pascuales en todo su esplendor. Diariamente se repite la Liturgia pascual y las Puertas Reales del santuario permanecen abiertas. Abunda el regocijo de la Resurrección y el don del Reino de la Vida Eterna. Luego, al final de la semana, en la tarde del sábado, se comienza la celebración del Segundo Domingo de la Pascua de Resurrección en memoria de la aparición de Cristo al Apóstol Tomás “después de ocho días” (Jn 20:26).

Es importante recordar que el número ocho tiene un significado simbólico tanto en la tradición espiritual judía como en la cristiana. Significa más que cumplimiento y plenitud: significa el Reino de Dios y la vida del mundo venidero, ya que siete es el número del tiempo terrenal. El sábado, el séptimo día, es el bendito día de descanso en este mundo, el último día de la semana. El “primer día de la semana”, el día “después del sábado”, que en todos los Evangelios es recalcado como el día de la Resurrección de Cristo (Mc 16:1; Mt 28:1; Lc 24:1; Jn 20:1, 19), es por lo tanto también el “octavo día”, el día más allá de los confines de la tierra, el día que simboliza la vida del mundo venidero, el día del eterno descanso del Reino de Dios.

El Domingo después de la Pascua de Resurrección, llamado el Segundo Domingo, es entonces el octavo día de la celebración pascual, el último día de la Semana de las Luces. Por lo tanto recibe el nombre de “Domingo Nuevo”. Era solamente en este día en la Iglesia primitiva que los cristianos recién bautizados se quitaban sus túnicas bautismales y volvían a entrar nuevamente a la vida de este mundo.

En los oficios de la Iglesia, se da énfasis a la visión del Apóstol Tomás de Cristo, y en el significado del día llega a nosotros mediante las palabras del Evangelio: “Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío y Dios mío! Jesús le dijo, Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron”(Jn 20:27-29).

No hemos visto a Cristo con nuestros ojos físicos ni tampoco hemos tocado su cuerpo resucitado con nuestras manos, mas en el Espíritu Santo hemos visto, tocado y gustado de la Palabra de la Vida (I Jn 1:1-4), y así es que creemos.

En cada uno de los oficios de oración diarios hasta la Fiesta de la Ascensión, cantamos el Tropario de la Resurrección. En cada uno de los oficios dominicales a partir del domingo de Santo Tomás, cantamos el Canon de la Resurrección  y sus himnos, y repetimos la celebración del “primer día de la semana” en que Cristo resucitó de entre los muertos. En cada Divina Liturgia, la lectura de la epístola es tomada del Libro de los Hechos de los Apóstoles, contándonos acerca de los primeros cristianos que vivían en comunión con el Señor Resucitado. Todas las lecturas del Evangelio son tomadas del Evangelio según San Juan, considerado por muchos como un evangelio escrito especialmente para los nuevos bautizados en la vida nueva del Reino de Dios, mediante la muerte y la nueva vida en Cristo, en nombre de la Santísima Trinidad. Se piensa esto porque todos los “signos”, como se refieren a los milagros en el Evangelio de San Juan, tratan de temas sacramentales que involucran agua, vino y pan. Así, cada uno de los domingos después del Domingo de Santo Tomás, con la excepción del Tercero, es dedicado a la memoria de uno de estos “signos”.


Fuente: Arquidiócesis de Buenos Aires y toda la Argentina (Patriarcado de Antioquía y todo el Oriente)

Domingo de Tomás. Evangelio de la Divina Liturgia


Jn 20,19-31: Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: «¡La paz esté con ustedes!». Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo: «¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes» Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió «Reciban al Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan». Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Los otros discípulos le dijeron: «¡Hemos visto al Señor!». El les respondió: «Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré». Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: «¡La paz esté con ustedes!». Luego dijo a Tomás: «Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe». Tomas respondió: «¡Señor mío y Dios mío!» Jesús le dijo: «Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!». Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro. Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre.

miércoles, 19 de abril de 2017

El Patriarca Ecuménico Bartolomé I estará con el Papa de Roma Francisco en su viaje a Egipto


Estuvo con él en Tierra Santa, en Asís y en la oración con Mahmoud Abbas y Shimon Peres. También le acompañó en la emocionante visita a los refugiados de Lesbos y, ahora, viajará a su lado en el histórico viaje a Egipto. El patriarca ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I, anunció este domingo que espera estar junto a Francisco el próximo 28 de abril, en la Universidad Al Azhar de El Cairo.

Tras la Liturgia de Pascua celebrada en la catedral de San Jorge, en Estambul, Bartolomé mostró a los periodistas una carta escrita a mano, que le envió el Papa Francisco, en la que habla de "amistad fraternal". "Te agradezco tu amistad, y espero verte pronto", escribe el pontífice.

"La ocasión podría estar muy cerca: he sido invitado por la Universidad de Al Azhar en El Cairo, de modo que el 28 de abril podré estar con Francisco", declaró el patriarca ecuménico, quien resaltó que ya se ha reunido hasta en seis ocasiones con el Papa de Roma desde que fuera elegido en marzo de 2013.

La presencia de los dos líderes más representativos -junto a Kirill- del Cristianismo serviría para dar un mensaje de cercanía y apoyo a los cristianos coptos de Egipto, acosados por las persecuciones y los ataques, el último de los cuales se llevó decenas de vidas en dos atentados el Domingo de Ramos en sendas iglesias de Tanta y Alejandría. Ambos abrazarán a Teodoro II, el Papa copto, y con él a todos los cristianos sufrientes del país.

Su oración en común, junto al Gran Muftí Al Tayeb, en el centro teológico de referencia del Islam sunnita, servirá, además, para dar un mensaje común de paz entre el Islam y el Cristianismo, y para desterrar la falsa utilización que se hace de las religiones para justificar la violencia. Porque no, Dios (ni Alá) lo quiere.

Pese a los atentados, el Vaticano confirmó oficialmente que el papa Francisco mantendrá su viaje a Egipto, que llevará por lema "El papa de la paz en el Egipto de la paz", y en el que Bergoglio quiere defender el diálogo entre las religiones y al mismo tiempo rendir homenaje a los cristianos coptos, víctimas de numerosos atentados en ese país.

Por motivos de seguridad, en el programa del papa en Egipto durante los dos días no se específica el lugar de las reuniones, aunque sí se sabe que se encontrará con el presidente Abdel Fattah al Sisi, con el gran imán de la mezquita Al Azhar, Ahmed el Tayeb, y con el Papa de los cristianos coptos.

Jesús Bastante


Fuente: Periodista Digital

Patriarchal Encyclical For Holy Pascha 2017


Prot. No. 315

+ B A R T H O L O M E W
By God’s Mercy
Archbishop of Constantinople-New Rome and Ecumenical Patriarch
To the Plenitude of the Church: May the Grace, Peace and Mercy
of the Christ Risen in Glory be with you All

Beloved brothers and sisters, children in the risen Lord,

"In the world you shall have tribulation; but be of good cheer, I have overcome the world" (John 16.33) is the reassurance of the Lord, who alone trampled upon death by death, to generations of men and women. "Christ is Risen!" is the cry that we, too, pronounce to all people far and wide from this Sacred See, which has experienced worldly crucifixion and tribulation; but it is also the See of resurrection inasmuch as it is from this corner of the planet, the City of Constantine, that we proclaim "the victory of life" that dispels every form of corruption and death itself.

During his earthly presence, the Lord frequently warned His disciples about the tribulation that would result from his sacrifice on the cross at Golgotha but also because of their ministry and life in this world – both their own as well as all those who believe in Christ. However, he also added a very significant detail: "You will weep and lament, but the world will rejoice; you will be sorrowful, but your sorrow will turn into joy . . . So you have sorrow now, but I will see you again and your hearts will rejoice, and no one will take your joy from you." (John 16.20-22)

This paschal and spiritual joy was first experienced by the Myrrh-bearing women, who came to the tomb of the life-giving Christ, with the Lord’s greeting in a single word: "Rejoice!" (Matt. 28.9) The same paschal joy is emphatically professed by the Mother Church of Constantinople today: "This is the day of the Lord; let us rejoice and be glad in it." (Psalm 117.24) The final enemy, death, sorrow, our problems, corruption, tribulation, and trials: all of these are crushed and abolished by the victorious divine-human Lord.

However, we live in a world where the mass media of communication constantly transmit misfortunate news about terrorist attacks, local wars, destructive natural phenomena, problems of religious fanaticism, hunger, the refugee crisis, incurable diseases, poverty, psychological pressure, feelings of insecurity and other similarly undesirable conditions.

In the face of these daily "crosses," which human beings endure with reluctance, our holy mother Orthodox Church comes to remind us that, as Christians, we can be glad because our leader Christ has proved victorious over them as the bearer of joy, who brings gladness to the whole universe.

Our joy is based on the conviction of Christ’s victory. We are completely assured that good has conquered all things, that Christ came to the world "and left us in order to be victorious." (Rev. 6.2) The world that we shall eternally inhabit is Christ, who is light, truth, life, joy and peace.

Despite its daily crosses and sorrows, the great Mother Church of Christ exclusively and solely experiences this phenomenon of joy. It experiences – from and within this life – the heavenly kingdom. From this sacred center of Orthodoxy, from the bosom of this martyric Phanar, "on this effulgent night," we proclaim that the extension and purpose of the cross and all tribulation, the resolution of all human pain and suffering, is the Lord’s reassurance: "I will not leave you as orphans." (John 14.18-19) "Behold, I am with you all the days of your life, to the end of the ages." (Matt. 28.20) This is the message that all of us should hear, that the contemporary world should hear in order to surrender to and discern Christ on the road to Emmaus. Indeed, Christ is beside us. And we shall see Him only if we hear and experience His word in our life.

This message – of the victory of life over death, of the triumph of the joyful light of the paschal candle over the darkness of disorder and dissolution – is announced to the whole world from the Ecumenical Patriarchate with the invitation to experience the unwaning light of the resurrection. We invite you all to stand with faith and hope before the risen Christ and before the mystery of life. We invite all of you to trust the risen Lord, the master of joy and delight, who holds the reigns of the entire creation.

Christ is risen, then, brothers and sisters! May the grace and boundless mercy of the lord of life and master over death be with you all.

Phanar, Holy Pascha 2017

+Bartholomew of Constantinople
Your fervent supplicant to the risen Christ

ПАТРИАРШЕЕ ОБРАЩЕНИЕ НА СВЯТУЮ ПАСХУ 2017


Ном. Прот. 315

+ В А Р Ф О Л О М Е Й
МИЛОСТЬЮ БОЖИЕЙ АРХИЕПИСКОП КОНСТАНТИНОПОЛЯ,
НОВОГО РИМА И ВСЕЛЕНСКИЙ ПАТРИАРХ
ВСЕЙ ПОЛНОТЕ ЦЕРКВИ
БЛАГОДАТЬ, МИЛОСТЬ И МИР
ОТ ПРЕСЛАВНО ВОСКРЕСШЕГО ХРИСТА

Братья возлюбленные и боголюбивые чада о Господе Воскресшем!

«В мире будете иметь скорбь; но мужайтесь: Я победил мир» (Ин. 16, 33), – заверяет поколения людей Господь, единый смертию смерть поправый. Христос Воскресе! Взываем и мы ко всем ближним и дальним из Священной сей Обители, живого Распятия в мире сем, являющейся также и Обителью Воскресения, из сей зеницы земли – Града Константинова, – откуда проповедуется, что «жизнь торжествует», низлагая всякого рода тление и смерть.

Господь, пребывая на земле во плоти, многажды предуведомлял Своих Учеников о скорби, связанной как с крестной жертвой Его на страшной Голгофе, так и со служением и поприщем в мире сем своих (Учеников) и всех, кто верует во Христа, с характерным, правда, уточнением: «Вы восплачете и возрыдаете, а мир возрадуется; вы печальны будете, но печаль ваша в радость будет… Так и вы теперь имеете печаль; но Я увижу вас опять, и возрадуется сердце ваше» (Ин. 16, 20-22).

Первыми, кто пережили воскресную сию и надмирную радость, были Жены Мироносицы, пришедшие рано утром на гроб Жизнодавца, через единое слово Господне «Радуйтесь» (Мф. 28, 9). Ту же радость Воскресения и Матерь Константинопольская Церковь жизнью проповедует днесь великим гласом: «Сей день Господень, возрадуемся и возвеселимся в онь» (см. Пс. 117, 24). Последний враг – смерть, как и печаль, горе, тление, скорби, искушения – всё это попирается и упраздняется Победителем Богочеловеком Господом.

Мы живём, однако, в мире, где средства массовой информации постоянно сообщают безрадостные новости о террористических актах, войнах в различных регионах, явлениях природных катастроф, проблемах религиозного фанатизма, голоде, проблемах беженцев, неизлечимых болезнях, бедности, психологических стрессах, страхованиях и других сопутствующих сему печальных ситуациях.

Пред лицом сих каждодневных «крестов», которые люди несут с «ропотом», Матерь наша Святая Православная Церковь грядёт с напоминанием, что мы способны на радость, ибо начальник наш – Христос –является победителем всего, носителем радости, «возвеселяяй вся».

Радость наша исходит из убеждённости в победе Христа. Мы абсолютно убеждены в том, что победа – за благом, потому что Христос пришёл в мир «и вышел Он, чтобы победить» (см. Откр. 6, 2). Мир, в котором мы живём вечно, и есть Христос: свет, истина, жизнь, радость, мир.

Матерь Святая Великая Церковь Христова, несмотря на ежедневные «кресты» и скорби, исключительно живёт лишь фактом радости. Она живёт уже отсюда, начиная от этой жизни и через неё, Царство Божие. От священного сего Центра Православия, из недр мученического Фанара, проповедуем в эту «светозарную ночь», что слова Господа: «Не оставлю вас сирыми» (Ин. 14, 18-19), «се, Я с вами во все дни до скончания века» (Мф. 28, 20), – являются перспективой и конечным смыслом креста, как и всякой скорби, жизненной боли каждого человека и всех испытаний. Этой вести нужно внимать и нам, и всякому современному человеку, чтобы, отрешившись от себя, узреть сопутствующего Христа. Да, узреть Его близ себя. И узреть Его возможно только, если внимать и претворять Слово Его в нашей жизни.

Вселенская Патриархия проповедует всему миру эту весть о триумфе жизни над смертью, о победе тихого света пасхального светильника, через невечерний Свет Воскресения, над мраком хаоса и разложения, скорбей и горестей, призывая всех людей претворить эту весть в жизнь. Она призывает их воспрянуть с верой и упованием пред лицом Воскресшего Христа, пред лицом таинства жизни, призывает их довериться держащему бразды всего творения Воскресшему Господу, Господу радости и веселия.

Итак, Христос воскресе, братья и чада! Его же, господствующего над жизнью и властвующего над смертью, – Господа нашего – Благодать и безграничная Милость да будет со всеми!

Фанар, Святая Пасха 2017

+ Константинопольский
пламенный к Богу молитвенник о всех вас